Uno no sabe cómo interpretar, el interés de los padres de clase baja, porque sus hijos acudan a la enseñanza privada, aunque esta sea concertada. El caso es empezar a diferenciarse en algo, aunque ese algo se lleve por delante las mejores expectativas posibles, dentro de los colegios no elitistas. Será que todo ese nivel que los profesionales de la educación se esfuerzan por elevar en la pública, no consiga unos frutos medianamente aceptables, como indica el Informe PISA.
Ya sabemos que no se trata de una disyuntiva fácil de determinar, que son muchos, quizás demasiados, los factores que intervienen en todos los tipos de educación practicables, para poder resolver magníficamente donde está la definitiva y más acertada respuesta paterna.
Recientemente se ha llevado al cine (Altas Capacidades) la obsesión de algunos padres porque sus hijos queden registrados lo más cerca posible de las Escuelas más señaladas en el país y el casi grotesco reflujo que produce su más estrepitoso fracaso, al no corresponder la enseñanza con el nivel esperado. No obstante lo anterior deberíamos confiar en la gran suerte de poseer el magnífico plantel de profesionales de la educación que, pese a las dificultades que les brindan las autoridades, sabrán aplicar recetas que minoren las desigualdades existentes.
Solo la voluntad, es capaz de intervenir en asuntos en los que se pone cuesta arriba, en asuntos que dependan de una vocación persistente, en cuyo caso es muy posible que se venza la presión. Desde aquí el ánimo para que las utopías se acaben instalando y progresen, adecuadamente, como lo están haciendo ya los buenos estudiantes que llenan los colegios e institutos.