Se dice que los amigos los escoge uno, salvo cuando aparecen de improviso y te regalan halagos y parabienes que afectan por completo a tu ego necesitado, mientras estás sufriendo acosos indiscriminados, por parte de quienes han decidido mostrarse, desde un principio, enemigos íntimos.
En política los enemigos aparecen sin avisar, se sustancian aportando distintas manifestaciones que quizás no pasen por la mínima objetividad que se requiere, para dotarlas de la necesaria aquiescencia por parte de entendidos o informados a los que nunca se les ve apoyando tesis escandalosas, sino que suelen pronunciarse solo cuando aparecen signos de identidad preclaros.
La cercanía a quienes mandan siempre ha sido interpretada como fórmula interesada para poder situarse en la cocina donde se preparan todos los platos jugosos. ¿Sería de extrañar que haya habido elementos que han procurado, en todo momento, estar lo más cerca posible de los cocineros? Desde otro ángulo, ¿puede hacerse creíble la ingenuidad de esos mismos cocineros para recibir de buen grado a todo aquél que se les acerque?. Particularmente, conociendo las condiciones que han presentado algunos cargos públicos, en toda esa suerte de posibilidades que se les ofrecen, no me cabe una duda singular, capaz de eliminar del todo las debilidades que, a cualquier persona, sin cargos, pudiera hacerle incurrir en pifias.
Yo siempre he procurado realizar elecciones cuidadas para elegir a mis amigos, y me jacto de no incorporar a cualquiera a ese selecto grupo del que nunca quiero apartarme y me ofrece fidelidad constante. Con toda esa información que manejan, con todo ese cuidado que exige su custodia y la deriva de problemas de filtración en que puedan incurrir... ¿la torpeza en el trato, puede exponer a quien maneja asuntos muy confidenciales?. Francamente pienso que se debería de haber hilado muy fino, demasiado fino, para confiarle a tus amistades pasajeras asuntos que te puedan llevar a la más completa de las causas posibles que puedan darse en tu contra. Y hay figuras a las que es casi imposible atribuir acciones tan necias como para ennegrecer tu futuro en instantes.
Amigos pocos, enemigos incontables, cuando te han hecho acreedor de todas las maldades que puedan existir en el mundo.