viernes, 14 de agosto de 2026

Calma tensa

 

 

Esta vez es Melilla, la ciudad que se agarrota por el miedo a otra invasión, parecida a la de Ceuta. Aquí se está viviendo una ofensiva similar, de parte de jóvenes desesperados que serán capaces de arriesgarlo todo, incluida su vida, con tal de escapar de sus países en los que no son siquiera reconocidos. Algunos han estudiado, pero no les alcanza su formación para entender lo que ponen en riesgo. Tal es el momento que estarían viviendo, enfrentados a gentes sencillas que sienten cómo vivir alejados de la península les aleja también de la posibilidad de ser defendidos, a carta cabal, de un enemigo difuso y pacífico pero dispuesto a saltarse las normas, en un momento dado, por circunstancias que les impidan sus sueños. También tienen miedo, pero el suyo parte de posiciones bien distintas.   

 

La realidad supera la ficción, ampliamente se les estrecha el marco a ambas partes, mientras los políticos y los funcionarios enviados debaten sobre la mejor manera de salir del paso, que no es otra cosa que esa, de la que secciones armadas no tienen utilidad verdadera.

 

El mundo está pendiente de ellos, lo saben y esperan sacar algún rédito formal, mientras sienten que hay miradas que desearían algo más drástico, sin importarles que fuera cruento, para las que no están preparados. Son conscientes de que habrá ayudas también, de personas anónimas que, sin debatir, se prestan a lo que sea, incluida la ausencia de cuidados propios.

Las mismas necesidades de siempre, el camino inverso de aquella invasión europea que andaba buscando poder y tesoros en aquella África, sumisa a los emprendedores blancos, que pretendían hacer de ella su coto privado.

Recuerdos imborrables que debieran haber evitado, en la historia moderna, la misma desigualdad que se sigue haciendo patente... El próximo lunes veremos en qué queda todo y cómo resisten, los habitantes de Ceuta y Melilla, nuevas andanadas contra su convivencia pacífica.     

Ocasión perdida

 

 

La oportunidad habida en estos días para contemplar un eclipse lunar, aparte lo romántico y singular, que ha originado también un consumo extra de carburante, no sé si valió realmente la pena, con atascos monumentales y gastos engrosando algunas carteras. Seguro que habrán aprovechado hasta los negacionistas del Clima para hacerse las fotos de rigor, sin pararse un minuto a considerar la conjunción astral, como signo oportunista para convertirse a lo verdaderamente real de lo que nos está pasando.

 

Puede ser que gane una mayoría, aunque momentáneamente no esté comprobado del todo que esa realidad pueda ser constitutiva de mejora de nuestros hábitos perniciosos. Seguimos utilizando los coches, los aviones, los barcos... como si se trataran de útiles benignos y, más aún, a pesar de tantas evidencias catastróficas, son muchos, demasiados, los productores que no están dispuestos a rebajar sus cuotas de participación en el desastre.

Parece que siguiéramos sin entender que el "progreso" a la usanza de las sociedades que se dicen "modernas" sigue pasando por fórmulas clásicas en las que, la sostenibilidad, no cuenta en la forma que debiera, al mismo tiempo que la sequía agosta nuestros principales ríos y hasta pone en riesgo la utilización de la energía atómica, en fase de sistema utilitario.

Muchos de los que estuvieron observando, plácidamente, un fenómeno tan extraordinario, apenas si han sentido la necesidad de congraciarse con un planeta que hasta le cuesta respirar, por falta de aire limpio. Un contrasentido que contrasta también con una falta de sensibilidad especial para con los seres semejantes, que viven sumamente agobiados por el trato que les dispensamos quienes podríamos aunque no queramos establecer, más allá de lo puritano.

Ojalá me equivocara. Daría todo lo que tengo por aumentar lo que soy, pero me gustaría poder contar, cada día, con muchos más participantes en esa hermosa tarea de rehacer nuestro maltrecho mundo.  

jueves, 13 de agosto de 2026

Distintas velocidades

 

 

Quienes conducimos vehículos aprendimos sobradamente el uso de las distintas marchas que se aplican en la conducción. La primera para iniciar la marcha y, en ocasiones difíciles, sostener por completo al caballo disparado. La segunda para prolongar la iniciación y así sucesivamente, hasta encontrar la mejor utilidad en el tránsito. Eso hasta aparecer el cambio automático que lo acaba resolviendo todo, asemejando la conducción al simple pasatiempo entre el inicio y el destino.

 

Viene a cuento lo anterior para identificar los usos de nuestros ministros en el gobierno. El Sr. Marlaska contemporizando con el vecino engreído a quien no cesa de alabar en público, La españolísima ministra de la Guerra reafirmándose como nunca antes lo hubiera hecho, motivada quizás por las presiones ejercidas desde la trama oscura, que nunca consentirá actitudes diferentes. Materias discordantes que resuenan en las calles, mientras la apariencia en Ceuta acumula retrasos inexplicables.

 

Todo se vuelve más complejo de lo que, para el lego, pudiera tener resolución fácil, en un contexto fabricado a propósito para incidir en las debilidades de una Europa decadente. O si no, que le pregunten al triplete autocrático por donde se están buscando las maneras de acabar con aquella Europa, la que se hacía cargo de las promesas de conversión de los estados en democracias inspiradoras. 

Quizás estemos presenciando una decadencia imparable, después de haber inflado un globo durante décadas, que puede acabar estallándonos a todos en la cara.

Me viene a la cabeza ahora aquél Imperio Romano, digno de la máxima alabanza, rendido a unas hordas salvajes que, sin la organización ejemplar de sus enemigos, dieron por concluida su derrota. 

A mi me seguirá gustando la conducción de siempre, apreciando el sonido de los motores por cada una de sus fases, hasta completar el trabajo agradable de movilizarte de un punto a otro.

La pobre Europa, dirime sus estadios en fases, por las que parece no escuchar el sonido de las marchas.   

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.