sábado, 19 de septiembre de 2026

Amigos para siempre

 

 

La entelequia que exprime el significado, en la medida en que pueda o no ser factible para quienes anteponen beneficios a derechos, aunque sean solo políticos, da una idea de lo que manda el devenir de un futuro marcado por las necesidades de cubrir objetivos. La amistad quedaría por tanto relegada al sentir tradicional de algo que no puede mantenerse en el tiempo.

 

Canadá será bienvenida en la Europa de los triunfos democráticos, pero ojo con eso, cuando la democracia se está viendo atacada desde distintos lugares y está siendo difícil mantenerla solo a base de discursos grandilocuentes, aunque poco prácticos. La geopolítica está haciendo de las suyas y lo hace a marchas forzadas, para no dar lugar a que la ciudadanía acabe rebelándose sobre todo por factores eminentemente económicos que no se pueden resolver de la noche a la mañana.     

La UE resiste como puede a los embates que se le están haciendo desde esos mismos lugares en que los plutócratas deciden el cómo y el cuando, sin que el porqué, más allá del gobierno del mundo económico precisamente, con todos los medios disponibles, que son muchos, muestren la debilidad que para los multimillonarios piensan puede ser el castigo de subirles los impuestos, cuando no entienden otra cosa que seguir controlando su poder, sin que se le pongan trabas a unos méritos que carecen de humanismo.

No hay duda de que hay filántropos entre tanto capital diseminado y que algunos de ellos propugnan en privado un mejor reparto, pero está claro que son los demás los que intentan castigar a los "zurdos" allá donde se encuentren, persiguiéndoles para no darles respiro.

La ofensiva está iniciada y Putin es una pieza clave del proceso, del que también Trump forma parte, aunque con menos inteligencia, dedicándose a prestar su figura para todo, como el amo de un Imperio en decadencia moral y democrática del que participan unos cuantos de la periferia.

Los navegantes deberían estar avisados para no acabar siendo cómplices de la decadencia general que nos acecha. El rumbo se está perdiendo a causa de una niebla que cada vez está siendo más densa...     

Sentido y sensibilidad

 

 

No sé si los opinadores hacemos bien, invocando sentimientos catastrofistas, pero ante una posibilidad real de que los líderes referidos a cada instante, sigan atacando sus objetivos y no se vuelvan buenos, adoptando la moral tradicional que aconseja el Papa desde el Vaticano, careceríamos de la seguridad que se nos niega y tendríamos que buscar a toda costa.

 

Desde luego que opinar es gratis, pero si las opiniones que se difunden cada día y cada hora, a cada instante, en sentido siempre inverso, se pueden contrastar con datos fehacientes, creo que es mejor fiarse de sus refrendos, antes que dejarse llevar por la furia desatada que, casi siempre, contienen las que nos quieren inducir al lado salvaje de los pronunciamientos.

Si los pronunciamientos vienen cargados de soflamas patrióticas, por el lado de quienes se sirven de ellas, provocando riadas de descontento y bulos, la necesidad de una buena información se impone de manera drástica en la mayoría de casos, frente a los que piden descaradamente salir a las calles, haciendo ruido e insultando por doquier, a los que difieran de sus ideas contrarias. Así que haríamos bien apartándonos, como ciudadanía alegre y confiada, esperando nos caiga el maná del cielo.

No es invitación a la rebeldía porque sí, es simplemente caer en la cuenta de que hay amenazas reales dirigidas a nuestra línea de flotación, esperando cualquier descuido. Así que a los navegantes, diestros en el manejo del timón, solamente se les pide que anden muy atentos al rumbo que se nos propone como definitorio de nuestro futuro. Solo es eso, nada más...

viernes, 18 de septiembre de 2026

Tres pasos por delante

 

 

Esa podría ser la estrategia defensiva, ante la evolución que marcan los acontecimientos que nos cuentan los cronistas a toro pasado. Posiblemente nos evitáramos sorpresas desagradables, a la hora de tener que comer los platos que se nos han preparado, en la mesa de la que tenemos que participar, nos gusten o no, en lugar de poder degustar nuestros preferidos.

 

Toda esa plutocracia que acaba gobernando el mundo, tiene las cosas claras sobre cómo hacerlo, así que solo hay un paso para conseguirlo, a base de insistir en los procesos en curso. Sus armas tecnológicas (o de las otras) se expenden con profusión inaudita, hasta hacerlas circular por los circuitos más insospechados, haciendo de la ficción peliculera algo relativamente factible, al dejarlas en manos de indeseables que nunca han respetado las normas básicas. Si entre ellos contamos con líderes mundiales que serían capaces de utilizarlas, estaríamos en las peores manos con las que poder contar, para revertir una situación que pinta mal, según nos vienen diciendo. La simple sospecha arma hasta los dientes a países, léase Marruecos, con serias dificultades para proveer a sus ciudadanos de lo básico, haciendo que su huida al exterior sea recurso sencillo, a pesar de los riesgos que entraña.

De ser cierta esa tesis alarmante, estaríamos condenados, como ya lo estuviéramos antes, a lo que, en cuestión de tiempo, poco tiempo, y con todas esas armas pseudo-filosóficas que también se disponen, se nos hicieran las cosas tan poco atractivas, que aconsejaran también la fuga de las clases medias a territorios que se hallen lo bastante alejados del mundo que nos espera. Quizá alguno quede, como las islas desiertas que reflejan las series televisivas o las películas de millonarios perdidos en el océano.

Si la realidad supera a la ficción, estaríamos en puntos de no retorno a la placidez deseada, en la que todos podríamos estar nadando si las cosas fueran como debieran ser y nos gobernaran los seres honestos en que siempre pensamos. De esos no quedan ya, habría que fabricarlos, poniendo a trabajar a la IA a marchas forzadas aunque, eso sí, asumiendo los graves riesgos.  

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Troya y su caballo

 

 

Lo embrollado de esta historia que viene ocupando ya demasiado tiempo, guarda similitud, a mi parecer, con aquella que ocurrió hace siglos y que tanta algarabía, causara entre los participantes de entonces. Lo significativo de ahora son esas víctimas inocentes de las que ya nadie se acuerda y constituyen asunto clave de responsabilidad criminal y no precisamente de España.

 

Las imágenes vistas ayer, de ser reales, no manipuladas, y pertenecer a los hechos citados, bajando de camiones a los jóvenes, bajo la atenta mirada de un uniformado, son prueba eficiente de que, lo ocurrido, pudiera estar planeado. Falta averiguar ahora por quienes, aunque no nos resulta demasiado difícil conociendo cómo está organizada la política en Marruecos y en qué pilares se sustenta.

 

El caballo introducido en Ceuta, para sembrar la enorme discordia, está teniendo unas repercusiones que, si no medidas al detalle, si calculadas con algún detenimiento, pero para la UE, al parecer, no han tenido demasiada relevancia, solo lo han considerado asunto menor al que Sánchez no ha sabido adoptar la solución adecuada. Así hemos sido tratados los españoles del Sur, considerados todavía miembros de segunda categoría, detrás de los drones rusos perdidos en el Este.

No nos merecemos el trato y mucho menos un presidente díscolo que parece tener todas las bazas perdidas, en un Continente escorado a la derecha o más aún, a su extremo, cada día más potente.

La realidad supera la ficción, está claro, y está siendo, la contaminación, tan corrosiva, que beneficia claramente a los ultras, más invisibles de lo que constituyen el puñado de jóvenes exaltados que se hacen ver en las calles. No es tiempo de pasar por alto toda esa propensión a manifestarse en las calles, aunque algunos la prefieran por su facilidad de expansión, ante los grupos más débiles de las sociedades en crisis continuada.

Las consecuencias no han terminado del todo, pero veremos de qué lado inclinan la balanza... 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política.