Necesaria, habitual, veraz, abierta al debate... todo ello como consecuencia del proyecto democrático más sustancial, que pueda y deba llevarse a cabo. Pero aquí surgen inmediatamente las dudas sobre quien o quienes la proporcionan, cual es su utilidad, que compromisos comporta... y algunos más que omitimos para no atosigar al buen lector que busca noticias... y también opiniones.
Hoy nuestro presidente aporta Informes cualificados, según él, que sin duda serán examinados con todo detalle, hasta sacarles, como corresponde, todo la punta que sea necesaria, al lápiz con el que hayan sido escritos. Y ese sería el quíz, poder confiar en los autores y en la autoría última de sus connotaciones, si eso puede ofrecer alguna fisura que no pueda después ser convenientemente aclarada, estaríamos en la realización de un trámite con suficientes lagunas como para desecharlos.
Informes y contra-informes, posibilidades reales de confundir a la opinión pública y más aún, arrostrar, con mucha dificultad, las posibilidades de esclarecimiento, añadiendo datos sin verificar, hasta el punto de invalidar en parte, o en todo, según qué contenidos.
Las crisis operativas dan para mucho, desde luego, gobierno y oposición, enfrentados permanentemente y sin atender ninguna recomendación de la calle, no van a concluir, de la noche a la mañana, lo que se necesita para culminar alguna acción conjunta. Luego la gran extensión de niveles que establece la política en su modo inicial, hasta el supranacional que apenas se tiene en cuenta, sobre todo cuando lo que interesa es que se resuelva en casa, aquello que no se pueda resolver en Bruselas. Tímidas respuestas desde allí a lo acontecido en Ceuta, reiterando lo ya sabido e instruido anteriormente, por unas autoridades que aprendieron a comerciar con la ley cuando les interesa.
Por cierto y hablando de informes, los que ya conocía Netanyahu, antes de producirse el asalto de Hamas y que no tuvieron consecuencias positivas para evitarlo.