En la prelación de deberes y derechos ciudadanos que han tenido que consensuar las derechas para terminar gobernando las Comunidades, figuran por encima las ideas trumpistas de la América First que, junto a las banderas, completan la pantalla nacionalista que ha de quedar bien a la vista de todo aquél que haya de interpretar lo que tenga que verse. Sin embargo, entre los deberes, se relega el de pagar impuestos con el pretexto de evitar excesos del gasto.
El caso es que la espina que aparece escondida e impide la consideración más ética en el concierto, no termina de gustar a una parte que sabe bien lo que dificulta, entre el resto de observadores que hemos de aprobar o rechazar lo que han suscrito, una aproximación que pueda ser bienvenida para la mayoría entre la que están gentes muy diversas, ricas y pobres, que entienden bien lo que pueda acabar significando para la convivencia.
Los tiempos modernos se paran a considerar hoy las cosas que afectan a empresarios y trabajadores, a consumidores y a productores, empeñados todos en mantener al alza ese progreso económico que, a distintas velocidades, afecta a unos y otros en esa dilatada apuesta por conseguir un éxito que no deja de sorprender al resto de países atascados en una atonía degradante. Dar gusto a todos los sectores implicados, con un futuro que no promete nada bueno, es misión verdaderamente imposible para quien sostiene un ideario iliberal en regresión, a ojos vista de la mayoría.
Pero si no fuera por la necesidad de votos favorables para el Partido Popular, quizás las cosas le podrían salir algo mejor, menos constreñidas. La imaginación parece ausente y si vemos lo mal que van los "peperos" en las encuestas y la estela que va dejando, en términos de corrupción, la formación que lidera Abascal, los progresistas se pueden ir frotando las manos por el horizonte que aparece de cara al 2027... Sin orden y con desconcierto no se pueden ganar elecciones.