El futuro nos llega sin pausas, con una celeridad, a veces provocada, que nos hace contener el aliento hasta poder digerirlo todo y saber por donde nos viene lo próximo. Es como si todo se nos estuviese volviendo en contra, sin ofrecernos la posibilidad de descubrir paso a paso, por nuestra cuenta y sin que nadie nos empuje, lo que durante tantos años fuimos experimentando en paz y buena compañía.
La Naturaleza esquiva y rompedora, quiere hacernos sentir su fuerza, y todo en conjunción con los deseos anhelantes, y perniciosos para su propia salud mental, de quienes presumen de artificio en sus males artes, haciéndose acompañar de enemigos provocadores, a los que se les ha hecho primero el extenso resumen de procedencia, que justificarán ampliamente lo malos que son, en comparación con los más sofisticados de nuestros recursos, incluidos espías muy experimentados que saben bien lo que ocurre más allá de sus propias cabezas y quien sabe si no de las nuestras.
Toda esa gran acumulación de tecnologías, de dineros invertidos bajo el eufemismo de la protección, en aquello que va a ser capaz (lo veremos todos si la cosa no la hacemos cambiar) de transformar nuestra mentalidad, asustadiza y sumisa, con objeto de dejar libres las vías para sus conquistas, servirá también para implantar ese nuevo mundo del que hablaba Von Der Leyen, para el que no se encuentra remedio.
Lo ultra está tomando ventaja y solo será posible detenerla si terminamos cayendo en la cuenta de que, lo que se nos propone, es nuestro propio suicidio, en un medio que ya ha dejado de ser "pacifista".