Cuando se estrechan los trajes hechos a medida, los sastres no pueden recomponerlos como si tal cosa, es mejor volver a tomar medidas y diseñar una nueva hechura, cueste lo que cueste y se trate de quienes se trate. La confección a medida, reservada solo a grandes consumidores, se está viendo supeditada a lo que quieran hacer de ella para los nuevos tiempos.
La mirada está puesta ahora en el TPI como tribunal jurídico internacional al que parecen quedarle los días contados. Creado en tiempos en los que la ONU aún tenía prestigio, fue fundado en los inicios del siglo XX bajo el amparo del Estatuto de Roma. Su utilidad principal llegó tras la conclusión de las guerras mundiales que tuvieron lugar en el Continente, con objeto de aplicar penas contundentes contra los responsables de tantos hechos de lesa humanidad que tuvieron lugar en ambas. Todo se trató bajo la más impecable pulcritud, en base a unos hechos probados.
En la compra-venta en la que todos los días se ofrecen vicios y virtudes, hay quienes pretenden librarse siempre de lo que hubieran merecido y no escatiman medios para hacerlo, simplemente por creerse ajenos al deber de hacer justicia ante actos deplorables que se hayan cometido y de los que ellos mismos, incluso, han sido responsables. De ahí que les moleste tanto que exista un tribunal al que tuvieran que enfrentarse.
Sienten quizás que, en cualquier momento, pudieran ser objeto, por parte del mismo, de tener que dar cuentas ante cualquier descuido. Por eso se creen dueños de poder hacer y deshacer en favor de cualquier ausencia de principios.