domingo, 30 de agosto de 2026

Hacer oposición

 

 

Es mentalizarse de que no todo está perdido, ante esa aparente desigualdad de fuerzas. Es verdad que el capital se impone, siempre que las soluciones pasan por ostentar poder, pero también el poder ofrece fisuras que no puede suturar con la facilidad que desearía. Saben bien quienes lo detentan, que enfrente van a tener siempre gentes dispuestas a todo, sobretodo para conservar lo que, de principio, sirvió para empoderar a una Humanidad que hoy alcanza unas cotas tan consistentes, que es imposible remendar con crisis continuas. 

 

Si hemos crecido de esa manera, aunque a veces alocadamente, podríamos seguir haciéndolo para demostrar a quienes desconfían de nuestra fe, que ya se han movido montañas que parecieran inamovibles y que la lucha continua para que no se nos margine hacia el desesperante apocalipsis que nos anuncian. Las innovaciones serán bienvenidas siempre, pero nos han de llegar cargadas de la misma ilusión que pusieron nuestros ancestros en su etapa evolutiva, consiguiendo gran parte de lo que ahora disfrutamos y en tiempos en los que también supieron superar inconvenientes.

No somo ilusos, solo queremos tener conciencia de lo que se traen entre manos, para debilitarnos hasta el punto de no retorno, en que caigamos en sus redes de simbología abstracta.   

Entonces habrá que posicionarse frente a todo lo que sean imposiciones que atañan a lo humanístico, mientras las apariencias sigan beneficiando a los enemigos de lo público, que es lo que nos interesa. Para mi esa sería la tesis que, de momento, deberíamos poner en marcha. 

Quien es quien

 

 

La vida coloca a cada cual en el punto en el que ha de vivir, a expensas de lo que se proponga, aunque al final intervengan factores demasiado complejos, que multiplican por varios dígitos las posibilidades de participar de ese bien común al que dimos en llamar bienestar. Y es precisamente tal bienestar el que anima a todo aquél que, en su juventud, no ve manera de incorporarse, allí donde tiene sus días ya perfilados y no forma parte de la élite dominante.

 

Aquí, en el lugar donde es posible triunfar, a la manera en que algunos dicen triunfar, no se atan los perros con ristras de longanizas, como señal de perfecta comunión con los éxitos, más bien supone el inicio de una aventura que comienza, para los pobres, con bastantes señales de ingratitud, de parte de quienes sienten el miedo cercano a perder su estatus, por pobre que también parezca.

Tras la primera andanada, de resultar medianamente productiva, llegará una segunda y después una tercera, dependiendo el lugar en el que caigas y lo bien que lo hagas. Si es de pie, mucho mejor que tumbado. Si la suerte te lleva a encontrar al mecenas que te libre, aunque solo sea por un tiempo, de toda la maledicencia que te va a perseguir allá donde te encuentres, hasta que consigas al menos un apariencia digna. Si has logrado demostrar tu habilidad con el balón, hasta podrías llegar a hacerte famoso, pero eso solo está reservado a algunas figuras con linaje propio.

También los hay que, huyendo de su país en guerra y con títulos adquiridos, pueden pasar enseguida a esa línea asegurada, tras la cual te puedan acabar llamando doctor, del mismo grado que gozan los ya instalados de familia.

En toda esa producción, desde el comienzo de la aventura, los de aquí suelen llevarse la sorpresa de poder convertir al emigrante a ese nivel en el que nadie pregunta de dónde vienes ni quien puedas ser, mientras observas la misma compostura de los que ya viven dentro.

Las distinciones se acabarán formalizando, a medida que consigas el nivel deseado por esa minoría triunfante, no sin antes propiciar enormes sorpresas. Es ahí donde interviene esa sociología urbana que nos puede dar datos sobre las formas en que estaríamos siendo conceptuados.    

Oscuras golondrinas

 

 

Parafraseando al inolvidable Bécquer, puede que no vuelvan a surcar los cielos, aquellas que lo animaran sin descanso, también con sus trinos. Así es como puede que ocurran otras tantas cosas que fueron y que ya no son, mutadas por ese intelecto agresivo que no deja para mañana lo que pueda estar haciendo hoy, a expensas de lo que decidan, no la mayoría, sino solo unos pocos.

 

Todo acaba en un concierto, pero con músicos desafinados, en una carrera que solo deja los obstáculos para quienes no pueden esquivarlos y se tienen que conformar con la poca alegría que emane de sus pobres principios, distribuidos por su entorno como si fueran pedacitos de materia insondable.

 

Da la sensación de que quienes no estén resueltos a mezclarse en la "pomada" quedarán aislados del mundo para el infinito, en esa siempre mal entendida, por la mayoría, inteligencia de lo imaginable, solo dependiente del corazón y no de la materia.

Y si no vuelven las añoradas golondrinas, todos esos espacios de aire límpido, contaminado ahora por el queroseno, se inundarán de ambiente irrespirable, sin saber distinguir los unos de los otros, obligados a llevar escafandras ligadas al motorcito andante que garantiza la Seguridad Social, si estás al corriente de pago de las cuotas.

La variabilidad que se nos ha impuesto como detalle dominante, truncará cualquier deseo de aventura que no lleve el sello garantista de la agencia de viajes, titulada y conforme para tramitarla. Las cosas han de ser como son pero partiendo del cómo parecen, para que nadie se llame a engaño, ni pida Libro de Reclamaciones, tras el falso estrellato conseguido.

Los oficiadores estarán ahí para recordárnoslo: lo difícil que va a ser iniciar ningún camino que no sea el programado.  

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.