Esta escueta frase, impregnada de nacionalismo, salida de los labios de un jubilado low cost, muestra bien a las claras en qué momento de polarización estaríamos. De un lado ácratas, licenciados pero sin casa, ausentes del panorama político que trastoca todo lo que puede, se enfrenta al otro, patrocinado por VOX y la derecha recalcitrante, que ve cómo aparece un nuevo escollo, para ganarse una mayoría muy disputada a día de hoy, con vista a las nuevas elecciones, dirimen muy airadamente unas diferencias de color bien distinto, pero que trazan la aspereza de una falta de acuerdo que se ha ido sembrando hasta hoy, sin que se hayan podido resolver ninguno de los graves problemas que nos acechan.
¿Es un calco de lo que ocurre en el resto de Europa? Quizás más acentuado aquí, pero listo para empañar, casi a perpetuidad, esos rasgos de confiada pertenencia a un europeísmo que se perfila como gran perdedor entre los grandes bloques. La apuesta ya está hecha y la van ganando los otros, los que hace tiempo ya que vaticinaban que los tiempos estaban siendo contados para la bonanza. Enfrente tenemos a gente muy poderosa que nos quiere retirar hasta la seguridad y nos aboca a la pérdida de influencia en el mundo.
Las componendas entre USA y China están ya iniciadas y van a paso firme para no molestarse entrambas. Las cosas no están para armar nuevas guerras y con las que ya tienen, lo bastante sería dejar de entretenerse en crear desacuerdos en el reparto capitular del mundo. Lo que cuenta es dejarnos al margen y entretenerse con nuestras divisiones internas, las que van por el buen camino de la desunión y el desacuerdo. La socialdemocracia hundida, las izquierdas desnortadas, los extremos en alza, son de por sí elementos cruciales para acabar con una UE que estaría más por el liberalismo económico que por el social, con sus clases medias ganadas por una burguesía simple que está más por lo suyo que por lo de los demás.
De todas maneras, volviendo a la frase del inicio, produce cierto sonrojo, calificar de vergüenza (el acto de la acampada) mientras la otra vergüenza, la de sentido humanitario recientemente proscrito, campa por el respeto de quienes, la propiedad privada, redunda como primera filosofía a tener en consideración, antes que cualquier dato que se interponga entre ella.
El hombre se fue tan pancho de aquella situación tan molesta que estaba presenciando y posiblemente pensara que ningún político será capaz de solventarla, solo una actuación policial como la que proporcionaban aquellos "grises" de Franco, que sí sabían resolver bien las cosas.