miércoles, 22 de abril de 2026

Parsimoniando

 

 

Calma tensa y requiebros mutuos aunque en sentido negativo, es a lo que están llegando los países enfrentados en una guerra, a todas luces ilegal, que tiene sus motivaciones en oscuros intereses que trascienden del interés de las poblaciones contendientes, e inmoral por las víctimas inocentes que están provocando.

 

Toda una estrategia inexplicada para salvar unos muebles que pueden haber quedado en desuso, ya que su reparación va a ser mucho más cara de lo que se suponía en su inicio. Mientras, lo que se juegan las partes, tamizado enormemente por toda una serie de intereses económicos en juego, rebasa ampliamente aquello que se podía interpretar de bien común ciudadano para terminar aflorando otros más particulares, que gestionan los márgenes, siempre aleatorios, de quienes están detrás de cualquier movimiento especulativo y que son muy variados.

 

Las vías pueden llegar a separarse, al interpretar Netanyahu que no le interesa parar lo ya iniciado mientras no concurra en el escenario una victoria sonada de sus principios maléficos, que aparentemente no tendrán nunca la reparación consecuencial que se requeriría. Contrariamente a la opinión popular del mundo, lo acaecido en Oriente Medio en los últimos tiempos solo ha traído más desolación y problemas de los que ya había planteados, siendo además motivo de desunión en un Occidente que ha de sopesar, a cada momento, si interesa más estar a favor o en contra de seguir al lado de un país como Israel que promete ser fiel de una balanza trucada por el valor de una relaciones económicas boyantes entre empresas que también están en el alza de sus proyecciones.

La respuesta de la UE no puede ser más ambigua: nadar y al propio tiempo guardar la ropa, en medio de sucesivos temporales que pueden acabar siendo el tsunami perfecto, dejándonos a todos sin la reserva espiritual que manteníamos casi intacta, para terminar inmiscuyéndose, sin principios, en el afán categórico de aumentar las ganancias de unos pocos...  

   

martes, 21 de abril de 2026

Orden y concierto

 

 

En la prelación de deberes y derechos ciudadanos que han tenido que consensuar las derechas para terminar gobernando las Comunidades, figuran por encima las ideas trumpistas de la América First que, junto a las banderas, completan la pantalla nacionalista que ha de quedar bien a la vista de todo aquél que haya de interpretar lo que tenga que verse. Sin embargo, entre los deberes, se relega el de pagar impuestos con el pretexto de evitar excesos del gasto.

 

El caso es que la espina que aparece escondida e impide la consideración más ética en el concierto, no termina de gustar a una parte que sabe bien lo que dificulta, entre el resto de observadores que hemos de aprobar o rechazar lo que han suscrito, una aproximación que pueda ser bienvenida para la mayoría entre la que están gentes muy diversas, ricas y pobres, que entienden bien lo que pueda acabar significando para la convivencia.

 

Los tiempos modernos se paran a considerar hoy las cosas que afectan a empresarios y trabajadores, a consumidores y a productores, empeñados todos en mantener al alza ese progreso económico que, a distintas velocidades, afecta a unos y otros en esa dilatada apuesta por conseguir un éxito que no deja de sorprender al resto de países atascados en una atonía degradante. Dar gusto a todos los sectores implicados, con un futuro que no promete nada bueno, es misión verdaderamente imposible para quien sostiene un ideario iliberal en regresión, a ojos vista de la mayoría.

Pero si no fuera por la necesidad de votos favorables para el Partido Popular, quizás las cosas le podrían salir algo mejor, menos constreñidas. La imaginación parece ausente y si vemos lo mal que van los "peperos" en las encuestas y la estela que va dejando, en términos de corrupción, la formación que lidera Abascal, los progresistas se pueden ir frotando las manos por el horizonte que aparece  de cara al 2027... Sin orden y con desconcierto no se pueden ganar elecciones.

 

   

Convivir

 

 

Es decir, vivir con, cuando las relaciones personales se ven muy influenciadas por esa polarización impertinente que han querido instalar a propósito, quienes viven de nosotros y (deberían) para nosotros, se ha convertido en materia de gran difusión y pérdida. Esta última sin ningún motivo aparente, más allá de querer apartarte, sí o sí, de alguien con el que no vas a coincidir nunca, por mucho que quizás te lo propongas.

 

Las tertulias en la tele, los falsos debates propiciados para extender el odio, no hacen sino ahondar más la sima abierta sin razón y sin principios, que son los que debían quedar por delante, para someter a juicio aquello a lo que, en un momento dado, nos pusimos de tarea. Eso sí, sin previamente aclarar qué pueda haber de irracional en nuestro proceder, si con solo dirigir la mirada estamos calificando a un interlocutor con el que nunca hemos hablado.

Quizás esté intermediando toda una serie de prejuicios con la que contamos para desvirtuar a quien nos cae mal, solo por lo que nos hayan dicho de él y que nos han ayudado a construir en su contra, en términos de baja estima y peor consideración.

Es posible que haya predisposición, pero ello no debería ser el elemento crucial que sirviera para abandonarnos por completo a la descalificación inmediata.

Habría que hacer un esfuerzo para intentar comprender lo que ya, de principio, queremos evitar a toda costa, sin más argumento que la procedencia de una frase o una idea expuesta sin demasiado rigor o demasiado estudio previo.

Nos perdemos mucho, evidentemente, aunque no exista intención prefijada y solo imperen los rasgos físicos o psíquicos con los que nos hemos iniciado en el boceto prefabricado.

Son tiempos en los que la reflexión debería imponerse a lo demás, sobretodo por parte de quienes no estamos instruidos en "política", que los profesionales ya lo están sobrados para manejarnos abiertamente.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.