Somos muy dados a imponer categorías, y lo hacemos sin demasiados escrúpulos, solo con la idea de tenerlo todo clasificado para evitar el desconcierto. Así, sabiendo quien es quien, podremos saber cómo se comporta, qué gustos tiene, o qué promesas hechas son realmente fiables, aunque, bueno, de esto último no anda el "patio" bien nutrido, de no ser que se pase antes por un notario. Lo de estrechar la mano para pactar con fiabilidad, ha quedado tan en desuso, que ni siquiera en familia ha pasado a ser algo realmente certificado.
De esta guisa, bien que aprendimos quienes han de ser ciudadanos de primera, de segunda o de tercera, con una certeza que casi nunca erramos. Solemos ser muy precisos. Bien sabido lo tienen los naturales ceutíes, que enseguida cerraron sus establecimientos, posiblemente para que las hordas que veían llegar no les asaltaran dejándoles sin nada. Una idea razonable, dirán algunos, dejando a los invasores a merced de sus propias calamidades. Los menos sí que acudieron en ayuda con lo que tuvieran a mano.
Desde que llegáramos a esta pseudo-democracia que nos alumbra, los españoles hemos pasado de pobres a ricos y con ello a hacer crecer una clase media que ahora se asusta por nada. Convertidos en ciudadanos de segunda, con varios vehículos en la familia, casa en propiedad, vacaciones cuasi de lujo y otras tantas commoditiés a nuestro alcance, nos hemos distanciado bastante y ahora tenemos que vérnoslas con toda esa gente que llega y está dispuesta a servirnos de esclavos por una módica cantidad, establecida en seis euros a la hora, cosa que nadie de los nuestros admitiría.
Pese a todo, pese a lo que nos han venido a servir, con bajo presupuesto, no van a ser bienvenidos desde las escalas más bajas, que pretenden salir lo antes posible de su miseria. Personalmente he oído de labios de emigrantes "antiguos" que estamos viviendo una situación que ha de ser corregida lo antes posible, para que no les interfiera lo más mínimo en su evolución futura.
Entonces habrá que poner el énfasis en el cómo establecer las nuevas categoría sociales, con el ánimo de poder reprogramar los ascensos, mientras quienes ya hayamos pasado antes por eso, tengamos la mira puesta en la que nos precede, que con el tiempo nos quedará a escasos metros y podremos distinguir entonces lo bien que nos queda el traje nuevo.
Así es y así se nos cuenta, por aquellos caminos en los que nos encontramos con ciudadanos conscientes del poder ser un poco más mejor que antes, pero solo en cuestión de propiedades...