lunes, 27 de abril de 2026

El paso del tiempo

 

 

Es posible llegar a la conclusión que para juzgar los delitos, desde el punto de vista de los encausados, solo hay que dejar de pasar el tiempo, con la placidez de quien sabe que no le alcanzará ninguna pena. Es lo que se puede esperar de quienes aducen que toda la responsabilidad no es suya, sino de los gobiernos encargados de administrar lo que, los propios jueces, achacan a el mal endémico que padece la Justicia, desde los casos más comunes hasta los más notorios.

 

Hoy nos desayunamos con que, al pobre Honorable Pujol, no le quedan fuerzas para someterse a más escarnio por la vía judicial de la que lo han salvado por su más que precaria salud, en vísperas de sus últimos días. Es justo, por tanto, que se le siga llamando honorable, al no haber sentencia que reafirme una culpabilidad que a todos nosotros nos parecía ya demostrada. Pero bueno, tenemos que congratularnos porque la misma Justicia se fije ahora en sus hijos, educados a imagen y semejanza, a los que también se les acusa con pruebas.

 

Desde que Pujol, ya anciano, dijera que iban a caer de los árboles muchos nidos, le ha asistido la razón viendo como así ha sido, en un rasgo de certeza, arropado por su información privilegiada, dimanante del también bueno de Aznar, entregado a las mismas causas y estudioso del catalán en sus ratos libres, a pesar de mantener la inquina del catalán como lengua vernácula.

En una hipotética referencia de los muchos casos juzgados ya, o en vías de querer ajustarlos en el tiempo, aunque lo sean a destiempo, no están saliendo demasiado mal los implicados en todos ellos, de manera que es bastante posible que se vuelvan a reproducir los nidos con idénticas características, dadas las que aún mantienen aquellas familias, a las que se les dotó, tras la dictadura, de los mismos parabienes heredados.

La conclusión sería la de que, el paso del tiempo, está obrando a favor y no en contra, habiendo incluso ganado bastante más de lo que gozaran cuando Franco les reconociera su valía, a efectos de continuar su saga... se mire por donde se mire... facinerosa.

domingo, 26 de abril de 2026

El prestigio

 

 

Algo difícil de mantener, cuando la base iniciática no supera los mínimos que puedan lograrse solo con billetes verdes y tengas que recurrir a ellos para vencer las dificultades. Es en caso de necesidad hacer lo que sea con tal de recuperar lo perdido.

 

La pregunta hoy es si el precio a pagar por ello merecería la pena, cuando lo has logrado artificialmente, sin la comparecencia de unos méritos de los que careces, solo obligado por lo que representas.

 

Que aparezca en escena, a la carrera, una persona supuestamente culta, blandiendo un arma y con el instinto suicida de salvar al mundo de un poderoso dirigente, parece cosa ingeniada por alguien con espíritu de escritor de historias tremendas. Qué más da poner a todo un Servicio Secreto en vergüenza, si el intento merece ser puesto en juego. En el remate de la misma estará la enajenación mental, para que la raza blanca no quede en total evidencia y sea solo maniobra de un lobo solitario, dispuesto a todo para hacerse famoso.

Resulta que quien antes no quiso ir a esa convención de periodistas sesudos a los que odias, porque te hacen preguntas que no sabes contestar, esta vez si va, pretendiendo lucirse en tan esplendida gala. La cosa no huele bien y huele todavía peor la urgente necesidad de hacer de la pena un triunfo. Hacerle creer al mundo que tienes el derecho de reclamar lástima por todo lo que has hecho y ahora se ve mal, por culpa de un loco de los que ahora se encuentran con asombrosa facilidad, forma parte de una astucia ya ensayada ante lo que solo los más ingenuos pican el anzuelo.

La Humanidad también avanza en conocimiento pues tiene suficiente base con lo que unos y otros la han ido enseñando. Los retrocesos, sin embargo, nos colocan a todos en el emparejamiento con la pobreza intelectual de quienes no tienen tiempo de reflexionar sobre lo que ocurra y se inspire en la mala praxis.  

Inercia dubitativa

 

 

La verdad es que no sabemos bien adonde caminamos ni por qué senderos queremos ir. Reconozco que nuestra generación lo tenía más fácil, después del fabuloso traspiés en el que acabara la Guerra Mundial y lo muy gravoso que resultara la reconstrucción europea tras los millones de muertos habidos, con una conclusión que parecía habernos sanado para siempre de aquellos males que pensábamos no fueran a repetirse.

 

Si nos valemos con gran soltura para destruir aquello que, pensamos, valdría para los restos, no estamos tan preparados para afrontar lo que viene sin una filosofía capaz de protegernos ante lo que, evidentemente, no está funcionando como debiera. Quizás estén formulándose demasiadas preguntas, aún sin respuesta, sobre lo que habría que hacer, con el ánimo subido, para salir del laberinto en que estamos, con muchas cuestiones engrosando dificultades varias a las que oponemos demasiada laxitud individual, tratando solo de capear un temporal para el que no estábamos en absoluto preparados.

 

La razón directa, a mi juicio, es no querer entender lo que nos toca de parte alícuota en el enrevesado proceder que cada día, cada hora, tendríamos que afrontar individualmente como seres sociales que somos y participamos, en torno a problemas prácticos que acabamos dejando para un final que no llega pero que sigue sumando en detrimento de lo que interesa.

Mientras no acabemos comprendiendo que somos objeto de muchas presiones que llegan de todos lados y que eludimos con soberana desfachatez, no vamos a poder disponer de herramientas útiles para comenzar la labor que se necesita y que empieza en la base y no en las alturas. Seguir haciendo concesiones para que se sigan abonando los terrenos propios, es tan mala iniciativa como la de abandonarnos a la suerte, que nos quieran imponer, quienes sí tienen las ideas claras...  

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.