Por lo general, todo el mundo quiere ser tenido por buena persona, aunque otros muchos pasen de esa moralina, por su especial inclinación egocéntrica que prescinda por completo de esas nimiedades infantiles. La educación recibida pesa mucho, quizás demasiado, pero es tenida como el regulador por el cual tenemos que adaptarnos a las normas consensuadas, sobretodo para que la selva, ya de por sí instituida en nuestro ambiente, no alcance las dimensiones que pudiera volver a llegar a tener de los inicios de nuestro acomodo en la Tierra.
¿La evolución sufrida desde el neandertal nos ha hecho mejores? No creo que sea esa la cuestión a tener en cuenta, ya que, lejos de ser peores, la maldad podría estar obedeciendo a razones de pura subsistencia, si es que a eso se le puede llamar maldad y no instinto. Lo de hoy es mucho más selectivo y se recrea en cosas tan sofisticadas que dan miedo solo de investigarlas.
Quizás resulte que nos hemos ido perfeccionando mucho en una coexistencia que, lejos de ser pacífica, incide en formas y modos inhumanos de comportarse, al menos eso es lo que creo, cuando veo y oigo a sujetos a los que la inquina les impide el razonamiento como persona básica en sentimientos y obligaciones.
Hay malos en las alturas y peores en sectores de poder omnímodo, a los que no les detienen normas ni obligaciones, sino que van siguiendo la senda que les marca su abnegada virtud de conseguir el mayor enriquecimiento.
"Importar la pobreza masiva"... era lo que nos quedaba por oír, justamente horas antes de la visita del Obispo de Roma a Madrid, reclamando para los migrantes la dignidad de la que han carecido siempre.