Esa podría ser la estrategia defensiva, ante la evolución que marcan los acontecimientos que nos cuentan los cronistas a toro pasado. Posiblemente nos evitáramos sorpresas desagradables, a la hora de tener que comer los platos que se nos han preparado, en la mesa de la que tenemos que participar, nos gusten o no, en lugar de poder degustar nuestros preferidos.
Toda esa plutocracia que acaba gobernando el mundo, tiene las cosas claras sobre cómo hacerlo, así que solo hay un paso para conseguirlo, a base de insistir en los procesos en curso. Sus armas tecnológicas (o de las otras) se expenden con profusión inaudita, hasta hacerlas circular por los circuitos más insospechados, haciendo de la ficción peliculera algo relativamente factible, al dejarlas en manos de indeseables que nunca han respetado las normas básicas. Si entre ellos contamos con líderes mundiales que serían capaces de utilizarlas, estaríamos en las peores manos con las que poder contar, para revertir una situación que pinta mal, según nos vienen diciendo. La simple sospecha arma hasta los dientes a países, léase Marruecos, con serias dificultades para proveer a sus ciudadanos de lo básico, haciendo que su huida al exterior sea recurso sencillo, a pesar de los riesgos que entraña.
De ser cierta esa tesis alarmante, estaríamos condenados, como ya lo estuviéramos antes, a lo que, en cuestión de tiempo, poco tiempo, y con todas esas armas pseudo-filosóficas que también se disponen, se nos hicieran las cosas tan poco atractivas, que aconsejaran también la fuga de las clases medias a territorios que se hallen lo bastante alejados del mundo que nos espera. Quizá alguno quede, como las islas desiertas que reflejan las series televisivas o las películas de millonarios perdidos en el océano.
Si la realidad supera a la ficción, estaríamos en puntos de no retorno a la placidez deseada, en la que todos podríamos estar nadando si las cosas fueran como debieran ser y nos gobernaran los seres honestos en que siempre pensamos. De esos no quedan ya, habría que fabricarlos, poniendo a trabajar a la IA a marchas forzadas aunque, eso sí, asumiendo los graves riesgos.