Se mire por donde se mire, la inconveniencia de cualquier guerra, queda de manifiesto no solo para cualquier pacifista, también para quien quiera ver a su lado una fórmula, con la que ir aumentando el mejoramiento de sus días sobre la Tierra. Se trataría pues de aborrecer a quienes la fomentan, con el único objetivo de obtener resultados, a costa de que los demás suframos las consecuencias.
Una idea muy simple, si quieren, pero que nos lleva a querer preguntarnos qué es lo que se encuentra detrás de su preparación y de su inicio, desde unas mentes que cuentan con su posibilidad y hacen de su poder conferido toda una suerte de aberraciones para terminar imponiendo su ley y no la que marcan los capítulos constituyentes de su Constitución correspondiente.
Si pudiéramos desmenuzar todo lo que hay detrás, posiblemente llegáramos a conclusiones tan horrorosas como insostenibles, así que es solo cuestión de preguntarse por todas y cada una de las acciones emprendidas y llegar a obtener el resultado sobre los beneficios que comportan, a cualquier lado de los contendientes. Siempre se ha dicho que este sea el hilo que hay que seguir, para desenrollar la madeja y acabar midiendo por completo su extensión y causas.
Un juego macabro en el que no cuentan las víctimas propiciatorias, pero si los manejos oportunos para tratar de ganar el Monopoly en que se ha convertido ya el mundo y en el que unirse siempre a los ganadores, aunque sean ilícitos y hayan dejado de ser humanos, para convertirse en vulgares asesinos.