sábado, 18 de julio de 2026

Tras un balón

 

 

La fórmula mayoritaria para aplacar las frustraciones con goles, nos lleva cada cuatro años al éxtasis de la pasión nacionalista, que por algo se nos da, para sentirnos de alguna manera recompensados. No parece que exista ninguna otra capaz de envalentonar mejor nuestro espíritu.

 

Bien mirado es una tontería, que darle patadas a un balón signifique tanto, para hombres antes y mujeres ahora también, pero algo tiene que haber en el mundo que pueda llenar el vacío que nos dejan las otras muchas cosas que suceden y nos llenan de penuria y no solo en lo económico, también en lo práctico.

 

El nivel al que ha terminado llegando el "football" supera todas la expectativas creadas cuando se fundó en el siglo XIX, con aquellos hombres que saciaban sus deseos machistas intentando colar un balón en la portería contraria y solo empujándolo con el pie sin más apaños.

Pero, mira Vd. por donde, todo aquél romanticismo utilizado en aquella Europa, de gentiles hombres y de sumisas mujeres, ha completado ya sus ciclos en medio de grandes pufos, ideados por otros no tan gentiles, sino más dados a la saña corrupta, viendo la facilidad con la que se mueven los cientos o miles de millones a tiro hecho, con solo organizar equipos, partidos, ligas y competiciones de las que obtener lucro cesante para una gran mayoría de buenos ciudadanos, envueltos en la sagrada misión de seguir de cerca la evolución de sus respectivos equipos.

Mañana será el día en que todos, o casi todos, estaremos pendientes de quien se llevará el trofeo dorado y lo aplaudiremos a rabiar, culminando el ego de sentirnos en parte miembros de esa estela que terminará produciéndose, sin que nadie lamente lo que ocurrirá entre bambalinas, repartiéndose entre unos y otros (pocos) todos los millones originados por la fiebre desatada.

Las cosas son lo que son, sobretodo por lo que hacemos para que así sean y, posiblemente, continúen siéndolo... Un balance enormemente desigual y con beneficios también enormemente desiguales. Se diría que es cosa de tontos muy tontos, sobre la que descansa un imperativo imposible del que nadie, en la Base, intenta resarcirse.

 

 

 

viernes, 17 de julio de 2026

El influjo

 

 

Se ha puesto de moda en todos los contornos. Hay que enterarse de lo que piensa el otro, antes de que desparrame su influencia, que no es otra cosa que sentirse superior en todo, incluso en pavonearse de las diferencias hasta hacerlas ostensibles.

 

Ganar adeptos, allá donde se encuentren, habida cuenta las facilidades de recorrer el mundo subido en aviones altamente contaminantes. Un vicepresidente encargado de extender la idea MAGA con la única intención de transmitir el imperio de su jefe, por disparatada que sea la exposición que hace ante su público.

 

Lo que antes fuera la Guerra Fría se ha vuelto a día de hoy en algo más caliente y diseminado aún por terrenos que antes fueran inaccesibles. Los amigos han dejado de serlo, si no cumplen las expectativas  requeridas, y los propios, sobre los que existen dudas irracionales, si no son arios, puros, superiores, esgrimen falsas aspiraciones para no ser señalados por el ICE.

¿Cuanto durará la arremetida? ¿Cuanto habremos de soportar la sandez, la necedad, de quien solo juega a la autocracia como destino? Las cartas están echadas, pero nadie se atreve a presentar triunfos ante quien dice tenerlos todos. Todo a pesar de los continuos fracasos que mantienen a su pueblo cada día más alejado de la paz y del progreso, gastándose lo que no es suyo en guerras innecesarias.

A pesar de los vaticinios de que en noviembre pueda ser relevado, sus argucias no pararán de hacerse notar para mantener a los suyos empoderados. Claro que hay unos cuantos (de los suyos) que tienen las mismas aspiraciones y serían capaces de trastocarlo todo con su poder, hasta hacernos confesos de esa realidad impuesta a través de la IA.    

jueves, 16 de julio de 2026

Meritocracia

 

 

Es decir el reconocimiento que todos debemos a quienes hacen las cosas bien, sin distinguir siquiera las categorías sociales que ocupan, es decir, vengan de donde vengan y ocupen los lugares que ocupen. Cuando se acumulan las críticas a la gestión en las instituciones, que tantos enfados provocan, lo justo es acordarnos de todos aquellos que se levantan cada mañana y acuden a sus respectivas ocupaciones con el mejor deseo de servir a la sociedad que no solo les acoge, sino que procura, en su conjunto, satisfacer todas sus necesidades, que no son pocas y a veces se mantienen eclipsadas.

 

Justo es también que cuando se reclame, se haga en debida reciprocidad y en el orden inverso al que solemos hacer, empezando por las bases, sin detenernos en las alturas. Las alturas suelen estar siempre amparadas en el corporativismo, sin tomar en cuenta aquello de que, hacer política, significa rendir servicio al ciudadano que lo sostiene y no puede profundizar, a menudo, sobre donde se encuentran las fallas. Si nos fijamos bien, centramos siempre nuestro objetivo en quienes van sobrados de soberbia y ocupan puestos en cabeza. Pueden ser los responsables directos, aunque sabemos bien que todas las decisiones se ocuparían de consignar lo que en otros lugares intermedios también deciden y que, por omisión, constituyen un vacío reseñable.

Los noticiarios, los servicios informativos en todo el país, ponen de manifiesto donde falla la gestión y donde deberíamos recurrir, a la hora de poner las soluciones y no solo cuando somos requeridos para el voto. 

Por eso, insistimos en que lo verdaderamente preocupante es atender a las directrices que se marcan, que han de ser seguidas, sin discusión, mientras se cumplen escrupulosamente sus dictados. Es cosa de todos, instrumentar compatibilidades que consigan hacer funcionar la maquinaria, porque si no termina cundiendo el desánimo y las gentes vuelven a sus casas con un sentimiento de nulidad de sus esfuerzos.

Precisamente ahora, con ocasión de los Mundiales de Fútbol se pone de manifiesto cómo, las selecciones que funcionan, lo hacen atendiendo al trabajo en equipo, en el que solo sobresalen quienes ponen mayor empeño en terminar su labor con todo el mérito necesario. Los privilegios están siempre desaconsejados y corrompen el mejor sentido comunitario.         

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.