Ya no estamos en los tiempos de Carlomagno, aquella otra época dorada de la Europa que ya apuntaba maneras cunado la Cristiandad se había hecho fuerte frente a los impíos. Recuerdo los tesoros expuestos en la bonita villa de Aachen donde aún quedan vestigios de gran relevancia, y que merecieron mucho la pena visitar.
Los europeístas confesos aunque sin hacer acopios nacionalistas, desfasados se miren por donde se miren, no podemos olvidar ninguno de nuestros antecedentes -guerras mundiales incluidas- ya que todos nos han hecho mayores de edad y gobierno, si bien todos ellos mejorables hasta nuestros días, pero hoy deberíamos reconocer lo mucho que está haciendo Pedro Sánchez por la causa europea, a la que todavía le faltan arrestos para seguir dejando la huella antes marcada, en detrimento de todos esos que encarnan hoy el iliberalismo y sus prácticas antidemocráticas bajo el sesgo del capitalismo excluyente y las fórmulas perversas con las que intentar adoctrinar a los aspirantes a millonarios, pero que aún libran sus luchas internas contra el vacío que les mantiene tan aislados, que no les dejan salir de sus permanentes frustraciones, aunque tratando de imitar, en lo estético, todo lo que sea susceptible de mostrar apariencia.
Sin militar en las filas socialistas, la verdad es que hay que reconocerle su valentía frente a quienes, ostentando demasiado poder, no dejan de tirarle andanadas (señal inequívoca de que les hacen mucho daño) para amedrentarle con consecuencias incapaces de disuadirle de su empeño.
Hacen falta buenos líderes en Europa y va siendo hora de que su remodelación se insufle de las mejores prácticas y los mejores usos, hasta que decidamos por fin cuando ultimar los nuevos Estados Unidos Europeos, dando por sentado lo irreversible ya constituido y previamente aceptado por todos, dejando atrás esas -pequeñas o grandes- ínfulas que aún se mantienen por separado y que dan pie para que vuelvan las malditas pautas que concita esa extrema-derecha que va agotando ya sus expectativas.
La caída de Orbán da muchas alas a la Europa del futuro, y se hace muy necesario sumarse a la estrategia de Sánchez para estimular, aún más, aquello que más nos conviene a los europeos, convertidos en paladines de esa democracia que, en fase destructiva, tiene que abrir sus brazos a todo aquél que se anime a adoptarla para sí y para sus vecinos. Hay muchos esperando y sería bueno que se sumaran cuanto antes...