Es decir el reconocimiento que todos debemos a quienes hacen las cosas bien, sin distinguir siquiera las categorías sociales que ocupan, es decir, vengan de donde vengan y ocupen los lugares que ocupen. Cuando se acumulan las críticas a la gestión en las instituciones, que tantos enfados provocan, lo justo es acordarnos de todos aquellos que se levantan cada mañana y acuden a sus respectivas ocupaciones con el mejor deseo de servir a la sociedad que no solo les acoge, sino que procura, en su conjunto, satisfacer todas sus necesidades, que no son pocas y a veces se mantienen eclipsadas.
Justo es también que cuando se reclame, se haga en debida reciprocidad y en el orden inverso al que solemos hacer, empezando por las bases, sin detenernos en las alturas. Las alturas suelen estar siempre amparadas en el corporativismo, sin tomar en cuenta aquello de que, hacer política, significa rendir servicio al ciudadano que lo sostiene y no puede profundizar, a menudo, sobre donde se encuentran las fallas. Si nos fijamos bien, centramos siempre nuestro objetivo en quienes van sobrados de soberbia y ocupan puestos en cabeza. Pueden ser los responsables directos, aunque sabemos bien que todas las decisiones se ocuparían de consignar lo que en otros lugares intermedios también deciden y que, por omisión, constituyen un vacío reseñable.
Los noticiarios, los servicios informativos en todo el país, ponen de manifiesto donde falla la gestión y donde deberíamos recurrir, a la hora de poner las soluciones y no solo cuando somos requeridos para el voto.
Por eso, insistimos en que lo verdaderamente preocupante es atender a las directrices que se marcan, que han de ser seguidas, sin discusión, mientras se cumplen escrupulosamente sus dictados. Es cosa de todos, instrumentar compatibilidades que consigan hacer funcionar la maquinaria, porque si no termina cundiendo el desánimo y las gentes vuelven a sus casas con un sentimiento de nulidad de sus esfuerzos.
Precisamente ahora, con ocasión de los Mundiales de Fútbol se pone de manifiesto cómo, las selecciones que funcionan, lo hacen atendiendo al trabajo en equipo, en el que solo sobresalen quienes ponen mayor empeño en terminar su labor con todo el mérito necesario. Los privilegios están siempre desaconsejados y corrompen el mejor sentido comunitario.