lunes, 31 de agosto de 2026

Solución indisponible (de momento)

 

 

Al menos por ahora, por mucho que el presidente Vivas no haga más que reclamar lo que, en parte, también le corresponde a él, por distintos factores que posiblemente pasaran desapercibidos, a tenor de lo que nos cuentan y oímos, de entre las muchas partes que dicen saberlo todo.

 

De la geopolítica ya hemos opinado desde la humildad de nuestros conocimientos, pero hilando ciertos cabos que andan sueltos por ahí y sumándolos a todas las teorías que circulan, que no son de despreciar. Sin embargo lo que sí deberíamos observar, un poco más detenidamente, es la configuración social que mantiene viva la idiosincrasia ceutí y sus distintas identidades registradas, con todos los datos que arroja la Ciudad Autónoma y que son constitutivos de un análisis pormenorizado. Su alejamiento de la península la hace más particular, en cuestión de aislamiento al que, sometido a tal presión, no deja de presentar serias dificultades, de no ser utilizando la fuerza bruta que ya quisieran algunos que se utilizara.

La demostración palpable de esa Armada Solidaria, no hace sino objetivar la mejor estrategia de politizar aún más, trayendo de fuera elementos causantes de más deterioro, aprovechados por esa sensación de angustia que sufren los naturales. No lo olvidemos, de distintos credos y funcionalidades, que han sabido convivir perfectamente sin necesidad de ayudas. ¿Cómo iba a desaprovechar la derecha la ocasión, para darle un puntapié más al gobierno de Sánchez?

Así las cosas no va a haber ruptura con Marruecos, ni en Bruselas van a querer entrometerse en soluciones rocambolescas, dejarán que el bueno de Sánchez las arbitre aportando dinero, que es lo que se espera en Ceuta, tras esa relación de perjuicios económicos que dicen haber soportado y que, como siempre, logrará que algunos lo aprovechen en beneficio propio, dando rienda suelta a las demandas.  

Es solo una opinión, desde luego, pero creo que la refrendan todas las manifestaciones (de unos y de otros) que terminarán resumiendo, al fin, lo que administrativamente se logrará en un tiempo relativamente corto, para lo que habría podido ser, de haber degenerado todavía más, lo que posiblemente se daría por hecho desde algunos lares.  

Medias verdades

 

 

Cuando habla Pedro Sánchez, en esos foros públicos dispuestos a escucharle, es muy posible que lleve pensada la contestación a todas las preguntas que le vayan a ser formuladas. Estaríamos buenos, de no ser así, y someterse con ello a la posible sagacidad de quien se las formule, sea del equipo que sea, también del afín a su propia secuencia en torno a los hechos que no cesan de producirse.

 

Habla esta vez de la colaboración de Marruecos, en el insidioso asunto de Ceuta, pero... ¿sería del todo creíble, cuando la incidencia habida en la frontera, a la vista de unos gendarmes pasivos, puede tener visos de complicidad con los gobiernos de Trump y de Netanyahu? Permítasenos que lo pongamos en duda, conforme a esa geopolítica que está presente en cualquiera de las movilizaciones que tengan lugar en cualquier parte del mundo, incluido Gaza y nuestra abierta oposición al genocidio que allí se sigue llevando a cabo.

 

En paralelo están las razones de buena vecindad con Marruecos, muy a pesar de las oportunas motivaciones que, siempre que tienen ocasión, formulan, para que todos nos enteremos de lo malo que es nuestro Gobierno, con un Sánchez a la cabeza que se está saliendo a menudo del marco trazado desde un punto, distante pero coercitivo, que pueda suponer su defenestración como elemento vital en contra no solo de España, sino de una Europa que empieza a sentir temblores ante su incapacidad de contener los múltiples ataques que recibe, de parte de actores interesados.

Creemos que cualquier acción diplomática quedaría por encima de problemas que, tarde o temprano, quedarán definitivamente resueltos, mientras que cualquier ruptura con el Reino Alauí pasaría por momentos muchos más graves, difíciles de reconvertir. Aquí entrarían en juego situaciones comprometidas no solo para España, también para Marruecos, que interiormente pasa por tiempos difíciles, con su población en pie de guerra, harta de tanto régimen despótico.

Entendemos que no todo lo que se nos dice tenga que ser verdad, también hay cosas que, sin transparencia, sobreviven mejor que con ella. Ese parece ser el pecado capital que corroe nuestra democracia, la opacidad que, unida a la corrupción, no dejaría títere con cabeza.  

domingo, 30 de agosto de 2026

Hacer oposición

 

 

Es mentalizarse de que no todo está perdido, ante esa aparente desigualdad de fuerzas. Es verdad que el capital se impone, siempre que las soluciones pasan por ostentar poder, pero también el poder ofrece fisuras que no puede suturar con la facilidad que desearía. Saben bien quienes lo detentan, que enfrente van a tener siempre gentes dispuestas a todo, sobretodo para conservar lo que, de principio, sirvió para empoderar a una Humanidad que hoy alcanza unas cotas tan consistentes, que es imposible remendar con crisis continuas. 

 

Si hemos crecido de esa manera, aunque a veces alocadamente, podríamos seguir haciéndolo para demostrar a quienes desconfían de nuestra fe, que ya se han movido montañas que parecieran inamovibles y que la lucha continua para que no se nos margine hacia el desesperante apocalipsis que nos anuncian. Las innovaciones serán bienvenidas siempre, pero nos han de llegar cargadas de la misma ilusión que pusieron nuestros ancestros en su etapa evolutiva, consiguiendo gran parte de lo que ahora disfrutamos y en tiempos en los que también supieron superar inconvenientes.

No somo ilusos, solo queremos tener conciencia de lo que se traen entre manos, para debilitarnos hasta el punto de no retorno, en que caigamos en sus redes de simbología abstracta.   

Entonces habrá que posicionarse frente a todo lo que sean imposiciones que atañan a lo humanístico, mientras las apariencias sigan beneficiando a los enemigos de lo público, que es lo que nos interesa. Para mi esa sería la tesis que, de momento, deberíamos poner en marcha. 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.