jueves, 5 de marzo de 2026

Segundo plano

 

 

El hecho de que unos cuantos borrachos mentales estén logrando llevarnos a un callejón sin salidas, no quita para que el mundo reaccione en la forma adecuada, es decir, tratando de volver a los pasos iniciados en el esplendor de nuestros mejores días sobre la Tierra. Sé que lo que formulo no deja de ser también utopía mezclada con oportunismo, pero por intentarlo no estaría de más que surgieran voces por todos lados, para tratar de volver al orden que nos fuéramos dando tras aquella Revolución Industrial, con sus mejoras y vicios ocultos.

 

Hoy las voces se arrugan. Son conscientes de que todo el camino que hay por delante está plagado de zarzas y que nosotros mismos, los enfrentados al sinfín de problemas diarios, que aún no sabemos de qué manera superarlos, no damos con la tecla del "reset", así que mucho menos afrontar el poder de quienes lo usan para nuestro castigo, si es que lo merecemos, después de haber contribuido en la manera que lo hicimos, lo hacemos y seguiremos haciendo, para situarles en el lugar que ocupan.

 

La simbología a veces permite albergar creencias, y quizás sea bueno, por un momento, empezar a creer que pueda haber algún modo de desmontar la deriva impuesta con tamaña empresa inhumana y destructiva, sin que todavía sepamos, al completo, qué es lo que hay detrás de todo esto, que suma cifras mil-millonarias, sin saber el monto que terminarán alcanzando.

La oferta del cambio estaría iniciándose si desde el propio dominio imperial se empezaran a dar las circunstancias para ello, pero quizás sea todavía pronto para acrecentar la ilusión, mientras las grandes empresas no se posicionen en contra de lo que hay, y no se apresuren a defenderse con más beneficios especulativos, en lugar de pronunciarse debidamente.

Si, como parece, todo es cuestión de más dinero, a base de gastarse antes todo lo nuestro, estaríamos en la conclusión de una fatalidad como recompensa. Para mí sería de un derrotismo demasiado miserable.   

Quedarse en segundo plano es admitir al completo que estamos siendo vencidos. 

Lo multicultural a examen

 

 

Hace ya 50 años que los españoles nos quitamos el yugo de una dictadura que nos aislaba por completo del mundo, también Occidental, que había salido recientemente de oto yugo, este hitleriano, que pretendía uniformar a esa raza aria predominante, de haber ganado la batalla de millones de muertos. Algo que ya se nos ha dicho que no deberíamos olvidar nunca, aunque nuestra mente frágil, traducida al mundo de lo último y más emocionante, cuenta con recursos para hacerlo sin inmutarse.

 

Pues bien, llegó después la democracia que aperturó de par en par nuestras puertas e hizo posible modernizar por completo nuestros hábitos e industrias hasta hacerlos sumamente competitivos. De tal manera hemos llegado a ser el equivalente a La Meca en materia de turismo, con cifras que jamás podíamos haber supuesto; primera industria nacional que todos los años nos muestra su incremento. Ahora bien, resta saber si nos hemos adaptado por completo a la convivencia con otras lenguas, otros hábitos, otras condiciones de vida, aparte de querer saborear nuevos gustos culinarios.

El salto es evidente y se expresa mejor con los más jóvenes, entre los que hay muchos nacidos españoles de otras razas que nos aportan casi infinitas posibilidades y esto hay que decirlo para contrastar, abiertamente, los intereses que nos proporciona la luz que llegó desde fuera y que nos hace mejores, aunque haya quien se empeñe en desparramar bulos hacia quienes trabajan hoy, con denuedo, para ser más españoles (como diría Rajoy).  

miércoles, 4 de marzo de 2026

Sobredosis

 

 

En momentos como el actual, el patriotismo alcanza niveles de vértigo y se diría que es natural, cuando hay peligro real sobre las cabezas que están destinadas a protegernos, pero yo me pregunto si realmente nos protegen del peligro indefinido que supone un enemigo preciso, altamente peligroso, o bien al contrario las fuerzas armadas de cada país se emplean para usos particularmente impropios.

 

Las banderas, las insignias, las multitudes de objetos que reseñan gráficamente el valor que concedemos, sin duda siempre insuficiente, a quienes decidieran sumarse a la milicia, no hacen sino confirmar el afecto que en las sociedades se les tiene, pero (como siempre hay un pero) esa misma duda surge desde el momento en que los generales en jefe, es decir, los supremos hacedores que con sus demandas movilizan barcos, aviones, material de guerra en definitiva, puedan sufrir algún delirio en sus mentes que provoque su empleo para fines desordenados que quizás no tengan mucho que ver con las necesidades de país y sí con prerrogativas individuales, enmarcadas en los negocios de lobbys amigos o propuestas indeterminadas.

 

El antecedente de Irak nos retrotrae en el tiempo y lo hace sobre un particular del que pudimos extraer serias consecuencias, con víctimas que tampoco contaron en el recuento de desgracias, motivadas por un afán "particular" de unos líderes que sumaron a toda una serie de mentiras, con las consecuencias que ya conocemos.

Al final ondean banderas, se suman los honores, se hacen nombramientos... pero nadie percibe, o parece percibir, que del exceso de celo con el patriotismo, surgen derrotas inoportunas en número de víctimas. Claro que, llegado este punto, se dirá que las fuerzas están para eso, pero no para seguir los designios de gentes que no están preparadas para proteger lo que es de todos, incluido el valor de los jóvenes involucrados en las luchas.

La sobredosis de patriotismo inflama de orgullo, pero sirve a los déspotas en su camino hacia la tragedia.    

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.