Los problemas en este país no cesan, sino más bien se incrementan cada día, creando la sensación rara de que sus moradores no saben a qué carta quedarse respecto a su gobierno, si lo hace bien o lo hace mal, incluyendo también al resto de gobiernos que, a juicio de la ciudadanía, se debieran estar empleando a fondo para resolverlos, antes de seguir en la senda del desprestigio mutuo.
La Frontera Sur de Europa está siendo invadida. Lo estamos viendo en imágenes no adulteradas sino verídicas, en las que aparecen jóvenes procedentes de Marruecos dispuestos a llegar a un mundo mucho más esperanzador que el suyo, en el que, los que viven bien parecen quedar omisos de las responsabilidades que el país y sus gobernantes detentan. La fotografía es solo de uno de los vértices del problema, de los demás no hay reportajes gráficos, solo intuiciones y propósitos no declarados de parte, que incluirían el traspaso del "marrón" al vecino de enfrente.
Las cábalas que suscitan cuanto acontece, en este preciso momento, podrían estar detrás de una confabulación sostenida en contra, a pesar de las buenas relaciones existentes, aunque otras relaciones (sin especificar) puedan estar interfiriendo en su buena marcha. Hasta allí, hasta Marruecos se desplazará el ministro correspondiente para tratar de dilucidar qué podría estar ocurriendo en la otra orilla, para que se haya abierto la espita de esa forma tan escandalosa y con perjuicios bien definidos.
No estamos incorporando ninguna pretendida confabulación, entre los muchos bulos ya existentes, solo tratar de buscarle explicaciones a un hecho significativamente grave, en medio de una complejidad de carácter explosivo en una Europa que todavía no ha sabido buscarle solución al problema y se encuentra dividida en su Parlamento.
Ellos sabrán, desde luego, y coincide con ese Ferragosto que ha dejado de ser típico para mostrarse cada vez más extraordinario. El vacío, ahora por vacaciones, podría elevar, aún más, un extraño caso que no nos deja a ninguno indiferente.