lunes, 13 de julio de 2026

Malavenido

 

 

De los tiempos gastados en política, el presidente Rajoy ha dado muestras de no estar demasiado bien informado, ni de dar demasiado a derechas, a pesar de vivir inmerso en ellas. Una colección de memes le persigue desde que se hiciera cargo del sillón más prestigioso de LaMoncloa y, según se ve, quiere seguir protagonizando la estupidez (que no sarcasmo) cuando osa referirse al mundo exterior, del que apenas sabe, ni parece que quiera saber, más allá del suelo patrio que adora como buen nacionalista.  

 

Quien le mandaba a él hacer comentarios que pudieran llegar a perjudicar la buena vecindad con el país cercano. La derecha evidencia, poniendo trabas al Tratado de Amistad con Francia en el Senado, una fobia que viene ya de lejos, quizás por un falso conocimiento del significado del deber europeísta que persiguen los países que integran la Comunidad, que se pone muchas veces de manifiesto, contradiciendo al PP europeo incluso. 

 

Los indicios que nos hacen suponer esta estrategia, son lo de estar en desacuerdo con los principales postulados franceses, mayoritariamente fundados en la libertad, igualdad, fraternidad, que no dejan de perseguir en la nación vecina y no terminan de gustar en nuestro lado gris que abraza, casi sin fisuras, nuestra derecha involucionista.

Según sus propias palabras, los dichos debieran ser antes bien pensados, con lo que, apoyándonos en sus propias manifestaciones, no habría una ocurrencia de las suyas, sino una confesión elocuente de lo que realmente piensa respecto al acervo cultural nacionalista que evitar tener que depender de gentes extrañas que hayan venido de fuera.

Parece lógico que haya molestado, y de qué manera, a quienes, cargados de razón, le atribuyan a nuestro ex-presidente no una idiotez insensata, sino una confesión irredenta de lo que para el puede estar significando la multiculturalidad, ahora imperante, en el país de Molière que tanta gloria dio y no solo al Continente.    

sábado, 11 de julio de 2026

Sin cabeza

 

 

 Una expresión que refleja desconcierto, en quienes no necesitan cabeza para pensar antes de actuar y que, a mi juicio, sería adecuada para demostrar el momento crítico que vivimos, significando la posibilidad de seguir viviendo aún, pero por simple inercia física.

 

La comunicación interpersonal tiene sus efectos y no todos se producen en el sentido que mereciera aplausos, más bien ahonda en la impresión de todo lo contrario. Hay doble intencionalidad en todo, y hasta lo más simple se reviste de una capa de aversión que predispone a la ruptura. En un símil futbolístico, nos levantamos cada día con una camiseta de un color determinado que estamos dispuestos a defender, contra viento y marea, dejando incluso las sutilezas de lado.

 

Los bulos, diseminados ya a discreción, circulan con total libertad, haciendo un daño que será muy difícil contrarrestar después, si termina apoyando tus colores. No hace falta fijarse en los goles del contrario, mientras los de tu equipo sumen uno más y consiga pasar de ronda.

 

En medio de todo, se impone luego el individualismo que gana todas las bazas, hasta hacerlo preponderante, que para eso sí que servimos, en una deliberada función unívoca que sobra y basta para afianzarnos en lo que solo nos interesa a nosotros, sin querer entrar en competencia ni discutir pausadamente sobre contenidos.

Con esa cuestión de fondo y los problemas cada día más candentes, son los políticos los primeros en señalar el camino a seguir, sin necesidad de completar acuerdos, solo esparciendo inmundicia ante cualquier micrófono o cámara que se preste a reproducirla.

Así no vamos a ninguna parte y mucho menos al centro de la concordia. 

Administrar

 

 

Es algo más que gestionar cuentas, hacer anotaciones, seguir el curso de unos presupuestos... es adecuar el poder y el saber, para que nada escape a la consideración de cuanto represente lo que se haya puesto en nuestras manos para que nada se pierda por el camino. Y en vista de cómo están las cosas respecto a la corrupción, parecería lógico que los administrados sospechen de todo y de más, hasta sentirse estafados por todos lados.

 

Abundan los administradores, de fincas, de colegios profesionales, de cuentas abiertas para cualquier mantenimiento..., de las que rendir detallada cuenta en los momentos pactados, de las que poder deducir el exacto cumplimiento, no solo en materia contable, también en modélica praxis, para que nunca aparezca la duda y se arbitren los medios a aplicar para que todo funcione.

Con ocasión de que aparezcan catástrofes naturales, enseguida hay quien se pregunta si todos los medios necesarios estaban disponibles, si no se habrían pospuesto las dotaciones justas, para aplicarlas llegado el caso. Pero no, ahora es el momento en que aparecen las críticas de los expertos que detallan cómo es recurrente la falta de bomberos en sus parques, en medio de consideraciones peregrinas del porqué mantenerlas si, con un poco de suerte, no van a ser necesarias.

En la administración se dan frecuentemente casos en los que, distintas partidas de gasto, se enjugan en capítulos distintos de los que después no se termina de dar cuenta, ofreciendo en el cómputo global soluciones que no obedecen a la realidad, circulando con la opacidad necesaria para que acaben teniendo la respuesta que le conviene a alguien, tomado como gran artífice administrativo.

En un país rico como es el nuestro, se pierden demasiadas anotaciones nunca hechas, en despachos nunca registrados, o solo cuando las sospechas atenazan a sus moradores. Estar solo pendientes de los movimientos de cualquier inspección, hecha sin previo aviso, evidencia el grado de disposición del actuante ante una materia que debería ajustar, con total honestidad, la calidad de todas sus maniobras. 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.