miércoles, 22 de julio de 2026

Oficio peligroso

 

 

A mediados del pasado siglo XX apareció una serie que hizo las delicias de muchos, cuyo título en inglés era "Danger is my business" traducido al español sin complicaciones como El peligro es mi oficio, pues bien, yo la recuerdo y procuraba no perderme ningún capítulo. En síntesis narraba las peripecias que podría correr alguien que se enfrentaba cada día a los dilemas de un trabajo peligroso.

 

Trabajos peligrosos hay muchos, desde luego, pero sin duda de los más críticos, es el de policía, ya que cualquier agente tiene que enfrentarse a situaciones complicadas ante quien esgrime un arma, con la que quiere cometer un atraco o un asesinato y que, por aquél entonces, no abundaban en absoluto como lo hacen ahora y mucho menos en este pacífico país. Nadie podía imaginarse como cambiarían las cosas y en qué grado de evolución nos encontraríamos en este siglo XXI. Quizás los policías de hoy se estén viendo expuestos a un peligro que triplique o más sus expectativas, pero también, en su defensa, diremos que la idea prioritaria es la de que ninguna alcance su nombramiento sin haber tenido que recorrer antes los consiguientes años del Curso de capacitación.

Pero al ver cómo alguno ha conseguido titularse, sin atender las reglas básicas, puede que haya en la gestión algún coladero por el que penetren individuos que podrían pertenecer, más bien, al lugar al que hay que atacar sin reservas. Sus modales no nos dejan apenas dudas, al atacar con su defensa a simples ciudadanos que tienen la mala fortuna de toparse con ellos en la calle y provocar con ella daños irreversibles.

Quisiera poder ver su interior y conocer de donde les proviene el ímpetu que no distingue donde está el desorden y donde está la Ley que han de proteger, cuando les dirigen a sofocar cualquier fuego y si los que lo hacen, desde la retaguardia, conocen con detalle al equipo al que mandan y lo que cada cual es capaz de hacer, además de lo que tenga indicado.

Cuando ya no hay remedio, lo que vemos es ocultación y tras ella la reacción corporativa que consideramos totalmente inadecuada en servidores públicos. ¿Será que no lo sienten en su interior, lo de ser fieles servidores públicos?.

Creemos que no todo el mundo vale para según qué oficio, por eso las academias tendrían que ser más estrictas eligiendo candidatos...    

martes, 21 de julio de 2026

De barro

 

 

¿Quién puede idealizar a una figura con pies de barro? Como soñara Nabucodonosor, no cabía en mente alguna que aquella estatua de cabeza de oro y torso de plata, pudiera tener los pies de barro, otorgándola la máxima fragilidad ante un simple movimiento en el suelo o un pequeño golpe proveniente de cualquier acto inconsciente.

 

Los humanos somos muy asiduos de cualquier idealización, por eso alcanzamos la frustración fácilmente cuando cae, por simple inercia, cualquier estructura que contenga el barro humano en su configuración, y por tanto acabe denotando la fragilidad que nos sustenta.

 

Las imperfecciones acaban apareciendo algún día en nuestras vidas y ensombrecen la memoria que estábamos cosechando para preservar nuestra fama, por eso deberíamos ser más prudentes, a la hora de señalar a nuestros ídolos, no vaya a ser que nos acaben desfigurando, por completo, una tras otra, todas las imágenes que llegamos a construir, con el ánimo de tratar de emularlas.

Vistas así las cosas ahora, cuando al ídolo le vemos por el suelo, nos conviene pararnos a meditar hasta hacernos conscientes de aquello que pueda exigirse de quien quiera servirnos de modelo, pero solo con la palabra fácil que no pueda ser corroborada. 

Los humanos somos todos muy vulnerables y todo por el barro del que estamos hechos, que se muestra incapaz de resistirse a cualquier querencia que encuentre por encima. Y ya sabemos la cantidad de querencias a las que anteponemos adoración perfecta: las dimanantes de cualquier tesoro que se nos presente.      

Calibración del momento

 

 

Es decir la comparación más que necesaria de lo que tenemos a día de hoy, para poder soportar con la mayor y mejor amplitud todo lo que se nos avecina, partiría, a mi modo de ver, de lo que va a poder sobrevivir, y no aumentar, ese margen de confianza que no buscan los políticos sino que se la apropian, como si esto fuera solo cuestión de una aglutinación de poderes, en busca del cáliz de salvación de sus peores prácticas consumistas y ultraliberales.

 

No se ve en la derecha ninguna autocrítica, más bien se reafirman en contrarrestar lo que huela a progresismo, sin hacer aportes que nos aseguren cambios en su apreciación, por ejemplo, de las agresiones de sus principales líderes al Medio Ambiente, o la rotunda negación de ayudas a los infelices, por vía de las ONGs o los organismos internacionales que venían interviniendo en sus soluciones, denostados por quienes sería justo que atendieran con preferencia.  

 

Rendirse a una evidencia, todavía por contrastar, a pesar de los aparentes triunfos, aunque rodeados de errores mayúsculos que nos están complicando la vida y de qué forma, a quienes todavía mostramos dudas sobre a donde irá a parar tan diabólica concentración de poder, que promete dejarnos a todos en cueros, sumisos y galopantes en un corcel con las patas rotas y sin montura, resulta ser una resolución impropia en quienes avistábamos, no hace mucho tiempo, lo bien que podría ser que supiéramos entendernos en aquél mundo globalizado y dispuesto a una tarea que ahora se nos ha complicado y de qué manera.

No hay que perder la fe y, sobre todo, insuflar desde abajo la pequeña hoguera sobre la que pueda renacer el fuego. Hay mucha gente sabia en la que poder confiar aún y, con un símil futbolero, todavía ganaríamos por goleada... 

 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.