jueves, 19 de marzo de 2026

Más madera

 

 

Es lo que pide el Pentágono, más madera, si lo que se quiere es ganar la guerra, por encima de cualquier otra preciada recurrencia. Doscientos mil millones de dólares, nada más ni nada menos, que habrá de salir de los bolsillos del sufrido contribuyente norteamericano, el pagano de todas las guerras, pasadas, presentes y futuras, descontando garantías de éxito.

 

A mí me recuerda mucho las ínfulas del emperador Napoleón, cuando no escatimaba medios para conseguir los triunfos de altura que, al final, acabara perdiendo. Por aquél entonces nada jugaba en contra del corso. No existían en cadenas televisivas las críticas feroces que ahora se dan, ni tampoco las irreverentes fauces que devoran los principios, ahora los antojos se ofrecen más caros aunque los nuevos hacedores gocen de las cifras nunca vistas anteriormente.

 

La maquinaria armamentista también devora toda la madera de que se dispone, que no es poca, pero quizás no cuente con el arrojo del oponente, que no escatima nada, con tal de seguir dando por viva, con el ardor de un sinfín de correligionarios, una causa que se ha ido proyectando desde que la ausencia del Reza Pahlavi marcara su nuevo destino al pueblo más orgulloso de la Tierra.

De no agotarse, veremos si no se agota antes la manera de descabalgar a los autores de tanta ignominia, forzada sin respeto y pendiente de terminar una tarea que se nos antoja de gran envergadura, hasta poderla concluir con éxito. 

Los ciudadanos del mundo seguiremos esperando, con infinita paciencia, a que alguien, en algún lado, formule los requisitos válidos para detener lo que no solo nos cuesta, sino que nos costará digerir durante demasiado tiempo. Si al menos los emperadores de hoy se parecieran un poco a los de antes, ganaríamos algo en cuestión de estrategia. 

Papel y materia

 

 

Sorprendente, la acción que provoca una guerra accionada a conciencia, sin que esta tenga visos de poseerse en manos de gentes que solo adoran la cultura del poder, en tiempos en que el humanismo ha perdido casi todo el sentido. Ahora tenemos a gente "importante" reunida para observar, desde su balcón, todo aquello que les preocupa a los efectos raquíticos de las economías. 

 

La destrucción implica reponer los anteriores cauces, pero... ¿cómo se instruye una reconstrucción, sobre las mismas bases de las que siempre dependimos? Difícil se intuye, pensar que Lagarde lo pueda arreglar subiendo o bajando los tipos, o que el billete verde, emitido a discreción para salvar los muebles, sin la consideración primera y principal de parar de inmediato una guerra iniciada desde un minúsculo país y desde una mente perversa.

 

Ahora que confluyen las prisas por arreglarlo todo, lo macro y lo micro, no queda tiempo para la contemplación de lo que pueda servir la razón secuestrada, solo es momento de poner a salvo lo que queda y, si se puede, aumentar el lucro para el futuro, que camina incierto y con prisas por retener los prejuicios, antes de que, este mundo nuestro, se acabe pronunciando y sin remedio por la sima abierta a propósito.

El Imperio Romano acabó subyugado por el mundo bárbaro, destructivo y sin clase, arropado en la fuerza bruta de sus gentes incultas. La premonición sobre lo que pueda depararnos el futuro inmediato, solo es cuestión de seguir atentos a los acontecimientos que se estén preparando desde distintos puntos de observación, que saben bien de materia y tienen mucho papel preparado para lo que surja.   

miércoles, 18 de marzo de 2026

Trabajo solidario

 

 

El que correspondería realizar en momentos de tan extrema virulencia, para una economía mundial con neumonía, a resultas de una guerra que, de prolongarse, nos volverá a todos mucho más vulnerables de lo que ya éramos.

 

Puede ser de ingenuos, pensar siquiera que todos los actores participantes, de primero a último, no han tratado de ir adecuando a su propia realidad lo que todos pensamos que harían desde el principio. También estaría la posibilidad (para nada remota) de que, unos cuantos minoritarios, salgan todavía más reforzados y, sobre todo, mucho más ricos. Así ha sido siempre, cuando los vientos de guerra han propiciado escaladas, empezando por los productores de armas y siguiendo por almacenistas distribuidores, bancos financiadores... y toda una serie de integrantes del grandioso círculo de poder que atañe también a los contendientes.

En ese otro mundo más liviano, el de la ciudadanía que trabaja y se esfuerza, se desplaza, y hasta disfruta yendo al cine alguna vez, las cosas se miran con mucha más preocupación, ante todo por lo ya ocurrido anteriormente, en revisiones aceleradas de subidas de precios a las que los gobiernos no atienden como quisiéramos todos, aunque no se nos ocultan las ramificaciones que alcanzan a todos los sectores implicados, exigiéndoles que miren primero para su lado y no se entretengan en disquisiciones populistas, sin antes atender lo principal, que es lo suyo.

Las bazas, por tanto, son internas y externas y las ganan quienes proponen actuaciones temerarias que solo provocan desolación y terror, entre poblaciones que poco o nada tienen que ver en las distintas contiendas esparcidas. Curioso, comprobar cómo el conflicto de Ucrania mueve ya menos de lo que movía y está dejando a los agentes implicados en situación de pobreza endémica.

¿Dónde está el trabajo solidario de tantas y tantas instituciones que pululan por el mundo, muchas de las cuales están siendo objeto de ninguneo y van dejando a su clientela última en condiciones de franco retroceso? Habrá quien diga que son necesarios episodios como estos para que, la economía resentida, vuelva a los picos de donde partió, y al poco se ponga de nuevo a producir hasta el nuevo desgaste.

Empeñarnos en los ciclos, de teorías tan poco imaginativas, solo servirán para mover capitales a la usanza reiterada de quienes solo saben engrandecerlos. Esa solidaridad acabará siendo criminal, si nadie es capaz de remediarlo. 

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.