domingo, 6 de septiembre de 2026

Defensa propia

 

 

Las amenazas están ahí, latentes y dispuestas a amedrentar a cualquiera que se oponga a los designios particulares de quienes todo lo pueden, o al menos eso creen, cuando dictan normas de obligado cumplimiento, para un contexto que les es absolutamente favorable, por parte de quienes debieran interponerse a sus dictados, tribunales y leyes anteriores que no pueden derogarse de cualquier manera, para hacerlas reversibles a su antojo.

 

Estos momentos parecen especialmente delicados, al haberse alineado, en forma y modo, sin que sean tenidos en cuenta los avances que parecieran haber quedado fijados para siempre. Un para siempre, que ahora vemos que no se había anclado, de manera firme, en unos regidores especialmente autócratas.

 

Aquí y ahora, son los mensajeros quienes están más expuestos, profesionales de la información que son asaltados por aquellos que no admiten ningún punto de vista que no sea coincidente con lo suyo, y por tanto deba ser combatido por la fuerza. Quizás, sin saberlo, se estén convirtiendo en el arma destructiva capaz de alterar del todo las normas de convivencia que teníamos establecidas.  

En este maremagnum de controversias, de especulaciones, de bulos indiscriminados a los que no se les puede contrarrestar, no del mismo modo, sino con el razonamiento, se impone una violencia que ni siquiera las fuerzas del orden saben combatir adecuadamente, como si se pudiera alterar, sin ninguna respuesta, el exceso que supone la imposición, por la fuerza, de unas ideas que, como todas las demás, deben ser objeto de debate calmado y riguroso.

Se ven entrevistas, por la televisión, en las que los entrevistados demuestran una intolerancia inicial que les confunde ya de inicio, para poder seguir interactuando con ellos. Mal camino, el de la polarización, incesante y sin posible remedio, mientras se deje, al albor de la impunidad, toda esta circulación morbosa de la que se quiere sacar partido. 

sábado, 5 de septiembre de 2026

Por libre

 

 

Quizás sea un poco aventurado decir que a nuestros líderes políticos les gusta viajar por libre, pero esa es al menos la sensación que nos dan, cuando les vemos y oímos manifestándose, ante cualquier crisis que se les plantea. Será porque nosotros no nos hemos dado cuenta aún de que la ciudadanía acaba contando poco entre sus cuitas que han que dilucidar, mucho antes de que lleguen hasta la opinión pública.

 

Es solo una opinión, como otras muchas que se dicen, pero lo confirma la lejanía entre ambos niveles, el suyo y el nuestro, cuando se trata de gobernar para todos. ¿Es realmente así, que gobiernan para todos? Mucho me temo que estemos en un error, si lo pensamos así, a la vista de los acontecimientos que se suceden, día tras día, gobierno tras gobierno, en todos los lugares donde se inscriben.

 

Volvemos a señalar que gobernar no debe ser nada fácil, pero todavía mucho peor, cuando te acaban descubriendo asuntos en los que, por error u omisión, no se actuó conforme a los intereses de una mayoría que, como siempre, vive ajena, aunque padece los resultados.

Su creencia de que estén viviendo en niveles superiores, entre reservas y prebendas que nunca alcanzaremos quienes las costeamos, aunque me tachen de demagogo, no elude el compromiso que contraen desde el momento gozoso en que son elegidos, y mejor si es por mayoría absoluta, que es lo que puede estar ocurriendo en esta Comunidad de Madrid, de nuestros pecados, donde se llevan contabilizadas ya demasiadas pifias, entre resultados judiciales que todavía están por verse, tras el largo y laborioso proceder de nuestros jueces, siempre amparados en la falta de medios, con acumulaciones indeseadas, según sus lamentos.

De lo más significado, el rifirrafe originado entre ministros, que no ha pasado desapercibido en ningún momento e incluso ha trascendido en la Cámara Baja, reflejado por las cámaras de los medios, siempre atentas a los gestos y a los epítetos. Pero si son entre propios y no entre ajenos, la cosa adquiere todavía un poco más de morbo.

En definitiva, que no se observan cambios de actuación que nos hagan presagiar que, al comienzo del nuevo Curso, las cosas no vayan igual y hasta peor, esperando que les acabe iluminando, alguna vez, alguna buena estrella.     

Desde la ventana

 

 

Asomarse supone no tener miedo al vértigo, cuando se está en un piso elevado. Y elevada es, en estos días, la posibilidad de que en un estado de Alemania gane la ultra-derecha este domingo, cuando sus habitantes censados, después del vermú o los actos religiosos, decidan si le dan el voto o, por el contrario, se decanten por lo ya instituido.

 

Se ofrecen pocas novedades en los nuevos programas que, más que nuevos, parecen sacados del baúl de los recuerdos, pero al menos habrá quien piense que, cualquier cosa, pueda al fin movilizar un "cotarro" cargado de mala fe, pero adaptado al conjunto predominante, en línea con otros países, otros lugares. Para qué dedicarse a cambiar algo que ni los mismos líderes, anclados en el CDU, han sido capaces de modificar, cuando todo parece ir cuesta abajo y con ese estado federal, cercenado en parte, por las malas circunstancias que hacen de él, desde que fuera parte de la RDA y donde parece no haber llegado la esplendidez del Oeste.

Cualquier cambio sería bienvenido entonces, pero el precio a pagar parece excesivo, si se deposita todo en manos de una AfD de reminiscencias inmovilistas. Toda esa línea que se va trazando de izquierda a derecha en los mapas, no hace sino confirmar que, con lo que sepamos el lunes, no hará falta más que encomendarnos al Altisimo (quienes crean en él) para que no vuelva a suceder una catástrofe como la que ya se viviera en otros tiempos.

La suerte parece echada y ahora está en manos de ciudadanos que, siendo responsables, actuarán de acuerdo a su convicciones más razonables, en favor del conjunto. 

Yo estaré bien al tanto de lo que suceda allí, en el corazón de una Europa en vías de alcanzar una vulnerabilidad extrema. Mirando por mi ventana lo que esté ocurriendo allí. 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Troya y su caballo

 

 

Lo embrollado de esta historia que viene ocupando ya demasiado tiempo, guarda similitud, a mi parecer, con aquella que ocurrió hace siglos y que tanta algarabía, causara entre los participantes de entonces. Lo significativo de ahora son esas víctimas inocentes de las que ya nadie se acuerda y constituyen asunto clave de responsabilidad criminal y no precisamente de España.

 

Las imágenes vistas ayer, de ser reales, no manipuladas, y pertenecer a los hechos citados, bajando de camiones a los jóvenes, bajo la atenta mirada de un uniformado, son prueba eficiente de que, lo ocurrido, pudiera estar planeado. Falta averiguar ahora por quienes, aunque no nos resulta demasiado difícil conociendo cómo está organizada la política en Marruecos y en qué pilares se sustenta.

 

El caballo introducido en Ceuta, para sembrar la enorme discordia, está teniendo unas repercusiones que, si no medidas al detalle, si calculadas con algún detenimiento, pero para la UE, al parecer, no han tenido demasiada relevancia, solo lo han considerado asunto menor al que Sánchez no ha sabido adoptar la solución adecuada. Así hemos sido tratados los españoles del Sur, considerados todavía miembros de segunda categoría, detrás de los drones rusos perdidos en el Este.

No nos merecemos el trato y mucho menos un presidente díscolo que parece tener todas las bazas perdidas, en un Continente escorado a la derecha o más aún, a su extremo, cada día más potente.

La realidad supera la ficción, está claro, y está siendo, la contaminación, tan corrosiva, que beneficia claramente a los ultras, más invisibles de lo que constituyen el puñado de jóvenes exaltados que se hacen ver en las calles. No es tiempo de pasar por alto toda esa propensión a manifestarse en las calles, aunque algunos la prefieran por su facilidad de expansión, ante los grupos más débiles de las sociedades en crisis continuada.

Las consecuencias no han terminado del todo, pero veremos de qué lado inclinan la balanza... 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política.