viernes, 1 de mayo de 2026

Estado de opinión

 

 

Si opinar es gratis, desde luego, lo que habría que hacer es darle una pátina de lustre, para al menos dignificar al opinante y que no extienda su verborrea, sin ton ni son, por todo ese campo de batalla en que intensifica su actividad, sobretodo si no la domina y termina alterando la piedra filosofal con la que pretendía dar luz al despistado, al carente de criterio que anda perdido por la enorme amalgama de grises, verdes o azules, que terminan inundando de sombras, en la todavía más confusa de sus esperanzas de entendimiento.

 

Cuando uno también es opinador y además consciente de que, más de una vez, ha podido meter la "gamba", se debería tener que arriar velas con esa rectificación que, siendo de sabios, te puede llegar incluso a ensalzar. Pero bueno, la cuestión está en querer, y por tanto poder, remendar con fuertes zurzidos el agujero del calcetín por el que te hace gracia el calcetín y consigue sacarte los colores, a la vista y al oído de quien esté más al tanto.

Lo bueno de todo es que queda siempre al alcance de nuestra mano y podemos maniobrar, casi sin discusión, cuando somos conscientes de que nuestro interlocutor sabe todavía menos que yo de lo que hablo y es incapaz de rebatir mi idea, no siempre deslavazada pero muchas veces inconexa, sacada de contexto, interesada en convencer pero inconveniente al desajustar.

Hace unos días, en una reunión social, tras un debate intenso, con ocasión de un receso tras el acaloramiento, se dijeron muchas "paridas", quizás demasiadas, que lejos de aclarar enturbiaron y encima supusieron el agotamiento de cualquier ocasión de poderse entender, mediante lo que faltó de exposición razonada.

El estado de opinión que acabamos resolviendo, no pudo ser más nefasto; ni nada era verdad, ni todo obedecía al interés que debiera reinar en el ambiente. El sucedáneo entretuvo, eso sí, acabamos la copa que nos brindaron haciendo gala de todo lo que sabíamos, aunque nada fuera realmente constatable. 

 

   

Pasar por alto

 

 

Creo que no deberíamos pasar por alto la celebración de este día. Muchos menos quienes, casi desde que el mundo es mundo, nos dividimos en obreros y patronos. Los unos laborando, los otros encomendando el trabajo con la única intención de crecer y crecer sin freno, un deseo sano, sin duda, pero desde aquellos tiempos degradado de tal manera que no es fácil identificar muy bien si será posible, algún día, corregir el fiel de la balanza para que ambos núcleos intensifiquen sus lazos, se logren lugar en ese objetivo común en el que pocas veces coinciden.

 

A ninguno de ellos le podremos echar en cara que cualquiera vaya a ser más proclive de ello. Puestos a encontrar diferencias, las hallamos de los dos lados, y a veces hasta insondables. Es más, hay quien piensa que, a medida que se distancian los caminos sin sondar, es todavía más fuerte el abandono de cualquier camino juntos. Unos se dedicarán a obedecer para no borrarse de la nómina, otros emprenderán, quizás con inusitado éxito, el camino que pueda alejarles aún más, con arreglo a lo que pagan y les cuesta. Claramente es muy difícil, raramente inusual, que consigan sincronizarse los relojes para dar la hora puntualmente, sin que los desafíos pongan patas arriba ningún encuentro.

Luego que si la conciliación familiar, que si las diferencias abismales de sueldo entre grandes ejecutivos y subalternos, o incluso ingenieros recién llegados, sin cualificación demostrada o transitoriamente bien utilizados. Tampoco del desinterés demostrado por reducir las desigualdades existentes en el acceso a la vivienda, esa botella taponada a conciencia, por esos otros grupos enquistados en las sociedades, dispuestos a ramplar con cualquier vivienda, si no del todo aceptable, al menos con interés productivo con un expreso margen de aclimatación al mercado.

Si desde la cúspide, donde empieza todo, nadie es capaz de limar asperezas, hacer posible el acceso a una vida más cómoda, sencillamente más adaptada al nivel de producción que exige el sistema, encabezado por los patronos, faltará la grasa con la que lubricar la relación de la que los más jóvenes quieren escapar antes de terminar cayendo en el olvido.   

jueves, 30 de abril de 2026

Organicemos el pensamiento

 

 

Por favor, no siga la línea marcada, eso solo vale en los incendios para dar con la puerta de Salida, pero si cuando aparece no había logrado antes salirse, más vale que corra despavorido hacia el extremo opuesto para que no le alcance la llama, le servirá simplemente huir del humo.

 

Las ideas suelen ser muy bonitas, solo las más horrendas se califican solas, pero hay otras que, sin embargo, distraen con el espejismo que proyectan y nos conducen irremediablemente a lo de verdad indeseado, sin sustancia, abiertamente nocivo.

 

No se trata de salir a filosofar, de manera furtiva, solo de ir poniendo avisos en los árboles para procurar un mínimo cuidado de no caer en las trampas que se nos ponen con tanto empeño. Los que adolecemos del mal de la ingenuidad, que bien podría tratarse como si fuera bien, aunque asumido con antídoto, no podemos estar seguros en muchos sitios, ya que la maldad, que siempre se suele mostrar confusa, no hace cuentas de quienes la padecen, inoculando ese germen que siempre resulta contagioso.

Las ideas tienen que ser calibradas, ensayadas, puestas a rendir para que sean útiles a nuestros días. Sin llevar a cabo esa práctica, esa actualización que requiere el día a día, podríamos estar navegando en aguas muy peligrosas, infectadas de tiburones que dicen que no muerden, pero si te alcanzan te terminan destrozando el alma.

Todos los ensayos que, durante generaciones, se han ido llevando a cabo, han dado como resultado muchísimas muertes en las cunetas, de las que no se sabe bien la fe que dieron sus vidas. Si es que fue esa fe de la que nadie ha respondido nunca, salvo la que registran los clásicos libros sagrados.  

 

      

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.