domingo, 9 de agosto de 2026

Hartura de poder

 

 

Ante un estado de opinión que golpea sin piedad a los excesos, a la vista de desigualdades enormes y sucesivas concurrencias de una jet-set, luciendo sus propiedades y logros continuados, ahí tenemos también a los ganadores mundialistas exhibiendo, cómo no, unos trofeos que (según dicen ellos) han sido conseguidos por todos, aunque sean precisamente ellos los que ostenten las ventajas, como si se tratara de algo que, para la mismísima Humanidad, hubiera supuesto el alcance de una vida inmortal que todo el mundo persigue.

 

Creo llegado el momento de parar de dispensar tanto adjetivo triunfalista, que ha sido solo un juego que, a la fecha, solo ofrece corrupción y poder complaciente por parte de quienes lo presiden, seguramente conscientes de que su aura seguirá en ascenso, tras el veneno inoculado en una población que lo ha visto crecer inusitadamente, sintiéndolo desde su momento inicial como proveedor de los mejores principios, convertido ahora en lo que es, la fuente más poderosa, manando ilusiones inconcretas.

Yo, todavía enamorado de Kubala y de Di'Stefano, me hago cruces escandalizado, por lo que fue y en lo que lo hemos convertido, haciendo de unos cuantos jóvenes la piedra filosofal que perseguían los alquimistas, capaz de hacer distingos, al llenar de vacuidad lo que solo representa lo que es: una habilidosa forma de patear un balón, hasta llevar e introducirlo en la puerta contraria.

Parece que no estemos en condiciones óptimas para cambiar de rumbo, más bien seguimos insistiendo en darle al actual todo el mérito de según que cosas vanas, aunque estupendamente explotadas.

Menos mal que ha habido alguno de los famosos a quien se le ha atribuido una pequeña donación, para rebajar el dolor de los incendios de este verano. Eso sí, no tuvo el valor de dejarlo en el anonimato quien lo recibiera, quizás por falta de deseo expreso.

Vivimos la pasión desmesurada como un vestigio de poder ansioso. Ojalá surgieran muchos más relatos triunfadores, en términos mucho menos pomposos y más cercanos a los que no tienen nada.    

 

Influjo

 

 

El que nos llega a todos, vivamos donde vivamos, seamos lo que seamos, pensemos como pensemos hasta un cierto punto... por parte de líderes corruptos instalados cómodamente en sus tronos cedidos, o de gestores ineptos que rematan fechorías a conveniencia, unido a las controversias, a las muchas contradicciones de los "buenismos" fariseos que, de manera hipócrita, nos dicen qué es lo que nos conviene en cada momento, es la tarea con la que hemos de construir el adverso futuro que se nos aparece en el horizonte.

 

Lo más preocupante, a mi juicio, es la sutil forma aplicada para ganarse a los más jóvenes, en compañía de las muchos inconvenientes que les alcanzan en su etapa de crecimiento. Pero no es cuestión de compadecerles, sino de que vean, en los que ya llevamos canas, muchos más ejemplos de vida que los que solemos brindarles con nuestro brindis a un sol que nos calienta más que nunca y del que no aprendimos a protegernos.

 

Nuestra vida social es lo que es, de pobre, de consumista, de glotona del último placer a disposición que fabrica sin cesar una corriente evolutiva. Sí, ya sabemos que hemos hecho del progreso algo que constituye un fin inagotable, y no es que estemos totalmente en contra, sino que pensamos que, si quisiéramos, podríamos ser capaces de evolucionar hacia otro mucho más humano y sostenible. Claro que no dejaremos de encontrarnos con quienes están perfectamente instalados en lo reaccionario, pero si los positivistas, unidos a tantos y tantos mecenas del filantropismo, que los hay, y con poder suficiente, se alejan de todo ese manto negro que nos quiere cegar para siempre, superaríamos, sin duda, esta etapa crítica por la que ya la Humanidad ha pasado tantas veces.

Habría que reponer, ante todo, la confianza de esos jóvenes agredidos para que fueran ellos mismos quienes desarrollaran su cauce virtual que aclare de una vez por todas sus ideales. De momento nos toca a los mayores ser los primeros en advertir de los peligros y, sobretodo, demostrar que hay mucha más vida detrás de buenos principios...  

sábado, 8 de agosto de 2026

Unir no es compartir

 

 

Se puede crear la falsa idea de que así sea, mediante una orden dada, un ley proclamada o un necesario reparto que deviene como consecuencia de un deber humanitario, pero si a escasos metros de profundidad se mantiene, aunque solo fuere, una brizna de odio, lo aparentemente ganado se pierde en las postrimerías, cuando no cuenten ya las bondades.

 

El añadido que convendría contemplar, como primera y máxima prudencia, es que se trata de seres de pocos años, sin malicia, o con esa simple parquedad de quien solo se entrega a aquello que su ingenuidad le provoca, como si fuera un espejismo.

 

Que se quieran cebar en ellos algunos expedidores de bulos, enemigos de lo humano, tratantes de la sinrazón como materia de intercambio, animadores dispuestos a la caza furtiva del ser humano, interpuesto por quien desprecia a los suyos, cuando intuye la manera de poder enviarles a la muerte casi segura, solo pueden tener una consideración, de parte del resto; la de no merecer ni una pizca de respeto y hacerles el vacío en una Sociedad que se dice justa y trata, por todos los medios, de ser equitativa.

La respuesta mayoritaria de los ceutíes ha sido ejemplar, con todos los inconvenientes que supone atender a todos esos miles, que ni siquiera han podido ser contados con la celeridad necesaria, ni tratados por la vía de seguridad pertrechada, desde un gobierno que no ha sabido del todo anteponer la respuesta que merecían todos esos jóvenes desesperados. Eso sí, enseguida los cuantiosos ofrecimientos de capital, para mejorar lo que en el inicio falló estrepitosamente.

No sé cómo este, nuestro ministro del Interior, al que le han ocurrido más pifias, puede dormir tranquilo sin que le pesen las cifras contabilizadas de muertos acumulados. Otros, en su lugar, hubieran cedido a tanta presión y se hubieran ido a casa, entre lamentos y lloros... 

Si convenimos que la inmigración no es fácil para nadie, haríamos bien en potenciar iniciativas que consigan aliviar sus efectos en el unir y para ello, empezar por compartir, eleva sus efectos positivos, contrarrestando cualquier negativismo, también propio de la siempre difícil convivencia. 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.