Qué necesidad para un mundo exterior, tener que presenciar la órbita de cualquiera que pueda creerse el centro, cuando es una mínima expresión, la que proyecta para sí y los suyos, que tampoco son tantos. La egolatría es a la persona lo que para el resto del mundo es la más simple de las individualidades, pero bueno, tampoco hay que menospreciar, aunque resulte inane, toda iniciativa que pueda aportar algo, aunque sea poco, proyectando imagen.
Estamos viendo que hay muchos ególatras y se desarrollan por todas partes, pero a destacar quienes cuentan con apoyos de otros muchos que están huérfanos de oportunidades, pero que haciendo piña se llegan a creen insustituibles, en tanto llega alguien que les desmonte y les haga caer del burro en que van montados. Hay toda una comparsa que agita, que mueve, que soslaya la auténtica realidad para parapetarse en lo superfluo, sin saber muy bien dónde está y en qué lugar aparece, cuando se la reclama para hacer su papel de títere.
Puede llegar a pensarse que, si no fuera por ella, muchos ídolos caerían en la senda del olvido. La muestra se puede contemplar con claridad en toda esa serie de políticos que solo valen para enseñorearse cuando consiguen la estrella regalada por quienes están acostumbrados a asistirles.
Una órbita que pasa totalmente desapercibida, para quienes están más pendientes de la magia de ofrece esa Vía Láctea que tanto destaca en el universo. No hay que dejarse llevar por el ruido que puedan estar haciendo, a resultas de cualquier campaña orquestada para resonar a cada momento...