miércoles, 26 de agosto de 2026

Tensar la cuerda

 

 

Parece que se vayan acotando los márgenes de la convivencia y lo que antes fuera salir a proteger, ahora es salir a protestar y no solo lo hacen los naturales, más afectados por lo ocurrido, sino que llegan hordas de fuera para aprovechar una ocasión que se les brinda de color púrpura, como el que suelen llevar los cardenales en los momentos distinguidos para hacerlo.

 

El último en aparecer será ínclito Aznar, rey de reyes de la controversia, actor principal en tragedias de alto valor degradante. ¿Qué pinta ese señor allí?  Nos preguntamos muchos de los espectadores pendientes del desenlace. ¿Acaso portará una fórmula mágica que consiga aplacar de golpe tanta discordia al alza? Mucho nos tememos que más bien sea lo contrario, lo que pretenda, calibrando en términos de ataque definitivo a un Sánchez en agonía.

 

Resulta francamente impertinente, pero su egocentrismo no permite dilación y seguramente crea que, cualquier simple retraso, estaría perjudicando gravemente su llamativa estela de valor, para un asunto que merece todo su apoyo. El socio más irrelevante del Trío de las Azores no tiene ningún miedo a despeñarse en el limbo de la irrelevancia, creyéndose indispensable en el seno de un Partido Popular en el que muchos de sus votantes dicen no comprenderlo.

 La ausencia de reconocimiento impropio en asuntos para los que hace mucho que dejó de tener responsabilidades, no tiene porqué impedirle que se siga erigiendo en salvapatrias incontestable, sólo él sabe lo mucho que le debe España y cuanto tendríamos que agradecerle, cada vez que abre su boca para decir sandeces. 

Ceuta no se merece a ningún mentecato, profiriendo insultos, lanzando bulos, insuflando quejas. Tenemos en la Oposición a un partido realmente antiespañol que reclama para sí una inacción tan profunda que acabará sumiéndonos en el más atribulado futuro. No hay colaboración posible, cuando de lo que se trata es de otra cosa bien distinta: conquistar La Moncloa.  

lunes, 24 de agosto de 2026

Cifrar las ofensivas

 

 

No se trataría solo de constatarlas, que ya lo están sobradamente cada día en los distintos medios sensibilizados, mientras que los otros solo replican pérdidas económicas de llevarse a cabo acciones de protección intensiva, tan necesarias como fundamentales. Los avisos que nos sigue dando el planeta, que se enfurece cada día con más rabia, deberían estar en la mente de todos, como un recordatorio que dejó de ser simbólico hace ya mucho tiempo.

 

Hay que pasar a la acción, individual primero, colectiva después, antes de confundirnos en las calles con esos competidores humanoides que, esos sí, de forma invasiva, podrían ser utilizados indiscriminadamente en contra, solo con derramamiento de nuestra sangre y no de la suya.

 

Si las recomendaciones de los expertos, que son siempre inanes ante la fuerza de ese capitalismo agresivo que no se conforma solo con el beneficio inmediato, sino que quiere ganar más y más, empoderándose de todo lo real y lo irreal que pueda caer en sus redes, hasta hacernos cómplices absolutos de nuestra propia decadencia, sin que en el horizonte se ofrezcan nuevas prácticas tendentes a un mejoramiento, o al menos no sean lo suficientemente contundentes como para hacerse visibles por sí mismas, sin necesidad de tenernos que ser explicadas en detalle, solo nos salva una acción directa y sin complejos que, en lo económico, nos impulsan a agarrarnos al sueldo indispensable para nuestra existencia.

La materia se ha venido fundiendo hasta hacerse líquida, para poder penetrar mejor en nuestras conciencias. El espíritu se refugia, lo estamos viendo, en esas concentraciones públicas de falsos profetas que cada día tienen más adeptos, en la creencia de que sus dioses les resolverán toda la malicia que se les presente. Craso error, para un motivo cercano a lo terrenal, en el que intervienen auténticos diablos del empoderamiento.

No basta ya con fijarse solo en el noticiero, que a diario nos dice dónde se ha producido una catástrofe, hay que pasar de inmediato a la acción y plasmar en nuestros actos habituales nuestra firme decisión de ejercitarnos en cambios drásticos, por menores que sean, aunque mayores en eficacias. 

Pudiera ser

 

 

Y en tal caso estaríamos ante un grandísimo avance pero con riesgos ilimitados, por cuenta de esos inventos, mitad espléndidos, mitad dañinos, ante los que, ni los propios creadores, llegarían a entender los resultados explosivos sobre los que podrían gravitar, en medio de su magnificencia. Una imponente presencia de capital, unida a unos medios excepcionales y unos científicos con enormes deseos de hacerse famosos, podrían estar pergeñando el principio de un fin absolutamente incontrolable.

 

La batalla entre OpenAI y Anthropic no ha hecho más que empezar y ya muestra señales de analogía, compatibles con un ascenso meteórico en la conquista de la mente artificial, en pugna con la natural que inspira precisamente todos sus trastornos. No hacen más que practicar ensayos y se les están yendo de las manos con cierta eficacia subjetiva, es cierto, según cuentan, sin la mala fe capaz de provocar guerras (hasta ahora) pero susceptible de querer empoderar, en su incesante carrera por el éxito.

Entretanto, los humanoides chinos ganando carreras, al tiempo que preparan su asalto a los trabajos en cadena, prometen la resolución final de aquellas teorías de antaño en las que se pensaba que sería China la gran ganadora de todos los triunfos en liza, y, consecuentemente, quien lograra el título mundial de dominadora en todos los sectores. Ya le va quedando menos, con una oposición que solo sabe diezmar sus propios recursos con guerras que la dejan fuera de toda competición en marcha.

Ante un ejército de robots, perfectamente armados, tendríamos muy poco que hacer, los que aún estamos en mantillas, esperando que pueda llegarse a imponer la savia que, desde las raíces, pueda alimentar a todo el cuerpo genealógico de esta Humanidad en crisis.    

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.