Aunque de las muchas lecturas que puedan hacerse, se puedan escoger las variopintas que aportan los propios votantes, seguros o indecisos, a la hora de plantarse delante de la urna elegida. Aquí los urbanitas de provincias tienen su quehacer distinto que, a comparación de los amos del terruño, que han de lidiar todos los días con los inconvenientes que se les enfrentan, propios o añadidos, que no se parecen en nada, se quieren asemejar en parte a lo que se lleva en la capital, para no quedarse rezagados en las novedades.
El campo es conservador, y lo sabíamos de antemano, pero es consciente de que se tiene que modernizar empezando a ver las cosas de modo diferente, con los nuevos ritmos que marcan las tecnologías que han de ir engordando, a medida que engordan también las explotaciones. Unas explotaciones elegidas por los fondos de inversión que creen ver una bicoca a medio plazo, para hacer productivas sus inversiones y ganar los mejores dividendos.
En el medio están los pequeños y medianos que, esos sí, se las ven y se las desean para subsistir, mientras del exterior llegan las malas noticias que hacen subir los precios, con una contrapartida muy difícil de gestionar, ante los clientes voraces que exigen y exigen sin querer hacer lo propio con sus compras.
En definitiva, que mover los tractores para hacerse ver no les trae a cuenta, mientras se superpongan los pactos con Mercosur y los intereses del estado, buscando complacerles pero sin dedicarse a pleno rendimiento. Se sabe que la agricultura nunca está satisfecha, primero con el tiempo atmosférico y segundo con el control y la regularización, descompensadas a su juicio, en momentos nunca del todo satisfactorios.
Mientras, los ciudadanos, en los mercados, se ven presionados por aquello que les hace sufrir demasiado y contra lo que no pueden enfrentarse con sueldos subidos con artificio, pero impotentes a la hora de la verdad, para sentirse en algún momento recompensados.
Ojalá algún día pueda todo ponerse en orden, pero mientras tanto y escuchando a políticos ganadores, las consecuencias de los desastres las pagan siempre los mismos.