jueves, 16 de julio de 2026

Meritocracia

 

 

Es decir el reconocimiento que todos debemos a quienes hacen las cosas bien, sin distinguir siquiera las categorías sociales que ocupan, es decir, vengan de donde vengan y ocupen los lugares que ocupen. Cuando se acumulan las críticas a la gestión en las instituciones, que tantos enfados provocan, lo justo es acordarnos de todos aquellos que se levantan cada mañana y acuden a sus respectivas ocupaciones con el mejor deseo de servir a la sociedad que no solo les acoge, sino que procura, en su conjunto, satisfacer todas sus necesidades, que no son pocas y a veces se mantienen eclipsadas.

 

Justo es también que cuando se reclame, se haga en debida reciprocidad y en el orden inverso al que solemos hacer, empezando por las bases, sin detenernos en las alturas. Las alturas suelen estar siempre amparadas en el corporativismo, sin tomar en cuenta aquello de que, hacer política, significa rendir servicio al ciudadano que lo sostiene y no puede profundizar, a menudo, sobre donde se encuentran las fallas. Si nos fijamos bien, centramos siempre nuestro objetivo en quienes van sobrados de soberbia y ocupan puestos en cabeza. Pueden ser los responsables directos, aunque sabemos bien que todas las decisiones se ocuparían de consignar lo que en otros lugares intermedios también deciden y que, por omisión, constituyen un vacío reseñable.

Los noticiarios, los servicios informativos en todo el país, ponen de manifiesto donde falla la gestión y donde deberíamos recurrir, a la hora de poner las soluciones y no solo cuando somos requeridos para el voto. 

Por eso, insistimos en que lo verdaderamente preocupante es atender a las directrices que se marcan, que han de ser seguidas, sin discusión, mientras se cumplen escrupulosamente sus dictados. Es cosa de todos, instrumentar compatibilidades que consigan hacer funcionar la maquinaria, porque si no termina cundiendo el desánimo y las gentes vuelven a sus casas con un sentimiento de nulidad de sus esfuerzos.

Precisamente ahora, con ocasión de los Mundiales de Fútbol se pone de manifiesto cómo, las selecciones que funcionan, lo hacen atendiendo al trabajo en equipo, en el que solo sobresalen quienes ponen mayor empeño en terminar su labor con todo el mérito necesario. Los privilegios están siempre desaconsejados y corrompen el mejor sentido comunitario.         

Menores ganan

 

 

Si es que empiezan a tenerse más en cuenta las minorías en este país, casi siempre arrojadas a los pies de los caballos, cuando no gustan sus puntos de vista, tomados siempre por estrafalarios por una mayorías siempre victoriosas. El TJUE deja bien claro que la Ley de Amnistía no solo no es contraria al derecho europeo, sino que puede alentarse cualquier punto de vista, mientras no se infrinjan las leyes generales y el tratar de consolidar una idea que tenga los apoyos suficientes para defenderla, no ha de ser perseguido como se hiciera, indecentemente, en unos tiempos ya felizmente superados.

 

Las formalidades han dejado de ser con lo fueran antes y así lo vamos viendo, a pesar de las manifestaciones de los jueces, que quisieron hacer valer sus principios particulares y que ahora se ven justamente señalados como involucionistas en parte. Tratar de arrinconar a quienes no piensen igual no es en absoluto democrático y va en contra de lo que ya en Europa está más que admitido y no admite  rechazo, salvo en los de siempre, las fuerzas de ultraderecha, que nos conminan a que hagamos de sus objetivos piedra de toque para parecernos como quiere el trumpismo.

 

Ya el canciller Merz está poniendo de manifiesto los ataques que llegan de fuera de su país, para hacer continuísmo con las ideas de Trump por todo el mundo, como si él fuera, como parece ser que el mismo piensa, el amo y señor de todas las políticas aplicables, sin dejar que seamos los europeos quienes decidamos lo que queremos, sin necesidad de que nadie nos lo enseñe.

El europeísmo ha de seguir funcionando y, más aún, tratando de contagiar mucha de la buena marcha que hasta la fecha se ha seguido en favor de todos los ciudadanos del Continente, que ahora tratan de truncar quienes solo tienen en mente ganar en todas las competiciones... 

miércoles, 15 de julio de 2026

A la greña

 

 

Yo me pregunto a quien beneficia que jueces y políticos anden a la greña, mientras el país va perdiendo mecha por todos lados. ¿Acaso su preponderancia vale más que nuestra propia resistencia vital? No lo creo, pero viendo cómo se producen, sin cesar, las idas y venidas por los juzgados y las sentencias un tanto esperpénticas de sus señorías, apostaría por tener que emplazarnos al futuro con la determinación afinada de un cambio muy profundo ya que, si no, acabaremos tan mal que, toda la desconfianza añadida en el paso del tiempo, mutará sin remedio la forma de encarar cualquier solución que no pase por lo solidario.

 

Nos estamos viendo tan dependientes de lo ideológico, de lo partidista, que vamos a seguir aplazando, sine die lo que debiéramos haber acometido hace ya mucho tiempo, sin tener que estar pendientes de quien ocupe el trono vehícular desde el que rasar las inercias.

 

Quizás no estemos siendo conscientes de lo que nos estamos perdiendo en las lides atizadas desde mentideros interesados. Nada es lo que parece, eso me dijeron siempre mis seres queridos, y compruebo que es muy cierto, al ver cómo se enredan, a propósito, hasta señalarnos donde puede ser que estén sus errores de bulto que propician nuestros desvelos. Entre bulos y mentiras nos quieren situar donde ni nos apetece ni queremos, al ser todo una fábrica que quiere desvirtuar lo real hasta hacerlo ficticio.

Mientras los periodistas sigan también por esa senda vendida al mejor postor, estaremos siendo tratados como esos pobres niños a los que se les engaña con unas cuantas golosinas. Y ya somos demasiado adultos como para creernos todo lo que nos cuentan...  

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana.