sábado, 28 de febrero de 2026

Campeones irregulares

 

 

Cuesta creer que unos cuantos individuos repartidos por el mundo se propongan, casi por su única cuenta, traernos y llevarnos por las guerras como quien se organiza una partida de caza para eliminar familias indeseables, de personas o animales, que para ellos parece que sea igual, con tal de aparecer preponderantes.

 

Tengo que reconocer que soy un completo ingenuo pero no me siento por ello desgraciado, aún cuando la desgracia con lo que ocurre esté presente para toda la Humanidad que asiste sin saber cómo defenderse de todos esos malnacidos.

 

La nómina que encabeza Netanyahu y sus correspondientes, lejos de beneficiar a sus conciudadanos los sume en una gran parálisis, vivan en Teherán o en Tel-Aviv, posean riquezas o estén repletos de pobreza y por ósmosis, sin membrana sólida, nos transmitan el terror que para ellos no quieren y, más aún, sean capaces de destruir por completo lo que se tardó muchos años en elevar hacia el cielo y que ahora, los nuevos constructores, tratarán de reconstruir a manos llenas.

Nos convencerán después de que se trataba de una ley no escrita, la de que hay que destruir previamente para volver a edificar sobre lo derruido, ya que, si no, no es posible transformar una materia finita pero sensible a muchas transformaciones, en un sinfín desproporcionado y a veces paralizante.

Los humanos llevamos escrito en nuestro ADN un carácter belicista que, desde momentos tempranos de nuestro acontecer en el planeta, no hemos parado de matarnos bajo cualquier signo que justificara la violencia empleada. Hasta el punto de poder llegar a la conclusión de que podamos acabar igual que empezamos, borrados por completo del globo, tras inventar las armas más mortíferas que algún día podrían llegar a utilizarse.

Los búnkeres que se están ofreciendo ahora, son solo la representación de lo más tangible por descubrir: la desolación completa y profunda de nuestro futuro inmediato.       

Orfandad latente

 

 

La que venimos observando desde hace ya un tiempo, sobre aquello aspectos positivos que creíamos a salvo, en las sociedades a las que la Modernidad supuso un gran avance y que ahora se ven en decadencia. Sirvan como ejemplo el retroceso de Argentina en derechos sociales, o la frugalidad inducida en nuestra universidad pública, entre otros más sustantivos incluso, como el hundimiento de un país como Ucrania, donde confluyen las ruinas con los automóviles de alta gama circulando todavía por las calles de Kiev, en espera de verse salvados.

 

Tantas incongruencias, tantos desafíos truncados, tanta violencia gratuita a precio de oro, conviviendo con la expansión del poder del dinero que no quiere saber de nada que no sea el beneficio a corto, nos entregan por completo a la irracionalidad, que se enseñorea plácidamente por todo el globo terráqueo, de manera que nos sume en depresiones sucesivas a las que nadie quiere poner freno.

 

Es cierto que los huérfanos aprenden antes las medidas de reinserción en sociedades productivas, pero también son muchos los que, por el camino, se deshacen por la escasa voluntad de ayuda de parte de quienes antes la proveían y ahora pasan olímpicamente de otorgársela.

Milei está ufano por lo conseguido ahora: el escudo propiciado al mundo empresarial para que haga y deshaga a voluntad para poder (según ellos) volver a un comienzo más provechosos para sus intereses que creen amenazados por unos "zurdos" que se debaten entre la miseria instalada en el país, que contiene margen suficiente de recursos como para poder considerarse agradecido, y la arrogancia de sus líderes, predestinados a ejercer de salvapatrias, sin mayor prerrogativa que la de ser sumisos a su causa.

Zonas que ya van siendo ampliamente conquistadas en el mundo y que será muy difícil reconquistar para el futuro, si carecemos o nos entregamos por completo a la caridad, que ya no nos es concedida de manera altruista por los sobrados príncipes de la bondad millonaria, entregados hoy a una competencia sin igual, por conquistar los otros mundos capaces de ser conquistados, el posibles mundos exteriores, en los que verse libres de amenazas.   

viernes, 27 de febrero de 2026

Preocupación incesante

 

 

El futuro de Juan Carlos I se le incomoda, en pleno auge de noticias sobre aquél asalto al Congreso que, una vez desclasificado, no termina de clarificar lo ocurrido; papeles destruidos, respuestas sin concretar, no rematan del todo una participación que, desde luego, tuvo que ver en el caso. Lo inoportuno, quizás se esté entrometiendo en algo a lo que los españoles teníamos derecho, pero que dispensado en la forma en que lo ha sido, con tanta laguna de por medio, no hace, a mi juicio, sino añadir más duda.

 

No hay que echarle las culpas al gobierno de Pedro Sánchez, también, como no, criticado de manera foribunda por un proceso tan dilatado en el tiempo, sirve para tratar de desencallar, al menos en parte, el dilema de si, para el propio emérito, es conveniente devolverle al país que lo alentó en sus correrías. Las culpas son de él mismo por la falta de explicaciones que se ha negado a dar desde el principio, posiblemente por la soberbia contenida en los reyes que se creen por encima de tener que darlas.

La "patata caliente" que le quieren endosar al rey actual, hijo buen conocedor (seguramente) de muchas de las cosas que todavía preocupan, tiene visos de un inicio del problema iniciático creado en la Casa Real, sobre el momento final que ha de darse a quien, de la mano de Franco, renovó la monarquía en España como forma de gobierno.

Querer poner condiciones encima de la mesa, nos parece todavía un sarcasmo que no habría de pasar desapercibido. Los honores sirven para glorificar y aún habiendo motivos en algunos aspectos, hay otros que empañan, de manera muy evidente, su conquista en un punto final.

Sus súbditos continúan esperando del monarca, huido por su propio pie, lo que seguramente nunca llegue a producirse...      

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.