Acostumbramos a echarles las culpas al empedrado, cuando algún vehículo descarrila, pero casi nunca es así, sino que es generalmente el vehículo, el que adolece del mantenimiento correcto para que circule como es debido. Una vez que el accidente se hace presente, es cuando se movilizan unos sistemas que siempre llegan tarde, para asistir a unas víctimas que nunca se vieron próximas.
Se suceden las catástrofes, pero nunca acabamos anteponiendo medios personales, trabas institucionales, que orienten las ejecutorias básicas, asistiéndonos de los datos que ya son constatables y que indicarían las nuevas prácticas a seguir, de manera incuestionable, para corregir unos efectos de los que ya tendríamos suficientes antecedentes.
Las danas se producen cada vez con más asiduidad, los incendios también lo hacen cada verano, las aguas de los mares se calientan haciendo casi imposible la supervivencia de algunas especies vegetales o animales... qué más hemos de esperar para adecuar nuestras prácticas y detener nuestros errores salvajes, construyendo donde no se debería, omitiendo los trabajos necesarios en cada temporada, manipulando sobre los costes, tratando de ahorrar donde no se puede...
No hay que echarles la culpa solo a los negacionistas, también deberíamos auto-inculparnos sobre aquello que dejamos de hacer, a sabiendas de que no hacemos lo debido que individualmente nos corresponde. Parece llegado el momento en que asumamos, de verdad, los defectos que comporta nuestra irresponsable omisión, cuando está en nuestras manos evitarlos.
Al final, nuestra labor se limita a ofrecer pésames a familiares afectados, sin aceptar las consecuencias de las que acabamos siendo todos responsables con nuestras formas de vida, salvajemente inventadas, exentas de preocupación respecto a las teorías aplicables en cada caso, que fácilmente evitamos, sin el perjuicio corresponsable que como agentes sociales nos afecta a todos.
Un día aquí, otro día allá, vivimos en continua zozobra medioambiental de la que cada vez nos sentiremos más afectados, sin caer en la cuenta de que algún día podamos serlo nosotros mismos. Solo nos interesa ahora salvar nuestro propio pellejo...