martes, 23 de junio de 2026

Un sitio

 

 

El que habría de ocupar cada cuál, pero sin olvidar que cualquiera, de este mundo, tenga su sitio. Así se debería hacer saber, para que después nadie se llamara andanas, es decir, sin el derecho de acogimiento que todo el mundo habría de tener, en función de lo que sabe, aprendió y reformuló después, cuando se hiciera cargo del lugar ocupado. 

 

Así, el científico en su puesto, el profesor en el aula, el taxista conduciendo el taxi, el abogado en su oficio, el político en su parlamento... hasta un interminable acomodo, en el que también debería tener acogida el defraudador, éste naturalmente en la cárcel. Todas esas variantes que se han introducido después, como queriendo ponerle la guinda a un pastel que carece de gracia, se salen del cauce por el que nunca han debido correr las aguas podridas.

Un individuo confeso, que sale del juzgado dando las gracias a la Justicia, por lo que han querido evitar a su futuro, sin ni siquiera devolver el capital defraudado, resuena en las mentes de cualquier ciudadano decente como la herida que se le ha propinado a traición, cuando menos se lo esperaba. 

Toda esa justificación, que se hace dentro del mítico recinto, donde se dice administrar la gracia que distingue al bueno del malo, no hace sino corroborar la desconfianza que hay en la calle, respecto a los juicios que hayan de ganarse. Algunos, como se ve, los ganan los malos, que previamente han sondeado, a través de múltiples abogados, de múltiples rogativas, las facultades con las que se contaba al iniciarse el proceso y las salidas airosas que pudieran provocarse.

Al corruptor le hemos visto en manifestaciones tumultuosas, rodeado de ciudadanos a los que les pudiera parecer bien la corrupción rampante que quizás, en ocasiones, también formulen en sus vidas, motivo por el cual no habría de ser tenida como mal generalizado sino como alegría del vivo.

A menudo me duele mi propio país, sobretodo cuando no sabe comportarse como mandan los cánones. 

lunes, 22 de junio de 2026

La mancha

 

 

Odiaba tener que portear los bocadillos de sardinas que me preparaba mi madre, y eso que me gustaban mucho, pero producían unas manchas de aceite que traspasaban con creces el papel de periódico en que iban envueltos, lo que acababa siendo un problema que trascendía, a la hora de presentar trabajos escritos a lo que habría podido llegar restos de tan llamativo aceite.

 

Es lo que tiene el aceite, que se extiende por magnitudes imprevistas, a la hora de manipularlo sin ser demasiado exquisito. En la política hay quien, deliberadamente, sabe extender la mancha para conseguir unos fines nunca detallados, pero visiblemente eficaces, cuando se ponen a funcionar estrategias que no reparan en gastos y no solo económicos, también sensibles a la naturaleza humana.

 

Desde el momento en que se le pidió a cualquiera que hiciera lo que pudiera, la cosa ha surtido efectos y en varios sentidos, cosa que también hubiera podido aprovechar la parte contraria pero, es verdad, estaba muchos menos acostumbrada a ejercer de bruja siniestra. 

La verdad es que en esta bola mundana que no para de girar, cuando algunos se ponen a hacer y, además, tienen mucho dinero, las cosas cobran otro sentido, aunque no sea sentido del bueno, ni tenga visos de proporcionarnos algo de interés general, ya que todo va marcado en una misma dirección, a la que apuntan distintas clases de actores.

La ultraderecha se ha puesto en modo ON y está recibiendo parabienes desde un centro neurálgico que los interpreta como los pasos óptimos a dar para terminar del todo con esas democracias que llegaron a ponerse altaneras, defendiendo cosas que podrían estar colmando el vaso de las pertenencias, hasta hacerlas inasumibles, sobretodo para quienes sufren ataques indiscriminados desde cualquier punto y ven reducidos sus logros.

Parece que nuestra derecha, la que podría haber llegado a ser humana y reconocible, ha mudado sus puntos de vista y ahora se ve más y mejor reconocida admitiendo valores que nunca antes hubiéramos pensado que acataría. El caso es tomar el poder, para plantear después el cómo y los porqués.      

domingo, 21 de junio de 2026

La cuadratura

 

 

Eran aquellos tiempos de contable, los que propiciaban cuadraturas, de las que había que deducir la perfecta simetría entre Debe y Haber, aunque no me duelen prendas admitir algunas trampas, sobretodo cuando se resistían las cifras. El caso era presentar los Balances lo suficientemente pulcros que no denotaran, ni por asomo, donde pudiera estar el fallo.

 

Una vez que las sociedades han interpretado las trampas como mal menor, que todo carece de solemnidad, cuando lo que hay en juego es suficientemente importante, no hay porqué ponerse tan exquisitos si la "minucia" que aparece le resta personalidad a la obra. Cuando las obras se practican a diario y los interventores se ven obligados a pasar por alto las menudencias, se cuela el gazapo y con él la propensión al fraude.

 

Elevando tal consideración al conglomerado en que se ha convertido cualquier administración, todas las sospechas se convierten en corriente acumulativa, sobre la que no hay presa capaz de pararla. Dejarlo todo al arbitrio de los buenos interventores (que los hay) sin que se haya impedido la incorporación de maquinaria sofisticada, en el uso de fórmulas quebradas, solventa con cierta facilidad las cortapisas que imponen unas leyes en permanente y necesaria modificación legal.

Teniendo en cuenta el peso de las Administraciones que resiste el país, son demasiadas las responsabilidades que recaen, precisamente, sobre los interventores designados.   

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.