Los exoplanetas se habían alineado en contra de Maricarmen, pero también con influencias internas, interesadas en arrojarlas del piso que habitó durante 70 años de vida, a sabiendas de que el margen de vida natural del que disponían iba a ser supuestamente reducido, por esa ley que nos acompaña a todos y que llega inexorable, aunque pueda anticiparse de otros modos, como hemos visto.
Gente menuda, a la que se persigue, pero no menos vigorosa, en su afán de defenderse de las inclemencias provocadas por quienes anteponen su injusticia, arropados incluso por los servidores patrios que apenas diferenciaríamos de los del ICE, si no fuera porque se instalan a miles de kilómetros de distancia, pero mira tú por donde, hoy les aproxima esa geopolítica universal que llega a todos los rincones. Entre morir de un disparo a morir de un sofoco estresante, la diferencia estriba en el modo y no en la forma que querer llevar al cabo el homicidio.
¡Menuda gente! a la que tenemos que aguantar para sobrevivir, en un escenario cada día más tormentoso, repleto de rayos y centellas que nos amedrantan sin salir de casa, para terminar saliendo con los pies por delante y sin que nadie, ni siquiera los que debieran protegerte, lo hagan.
El asunto Maricarmen marca un hito en esa historia global que, como en otras muchas historias, antecedió en situaciones límite y que dio un vuelco de transición profunda. Posiblemente dé cobijo a otros miedos, los de propietarios que verán decaer los precios y se apenarán al reducirse sus rentas. Son cosas que pasan, tras haberse excedido en demasía, cuando la bonanza empezó a seducirles más de la cuenta y sus señorías, muchas de las cuales también propietarias, miraran hacia el lado opuesto de la obligación suscrita para con sus votantes.
La fuerza de la juventud está superando con creces aquél Mayo del 68 del que los más mayores guardamos buenos recuerdos de un Cohn Bendit aún atento aunque mucho menos reformista en la actualidad de lo que fuera entonces. Veremos dónde queda todo y en qué momento y forma (indeseados) podría pararse.