lunes, 29 de junio de 2026

El fiel de la noticia

 

 

La noticia no acaba en el resumen del producto. La primera impresión recibida tras su conocimiento causa casi más efecto que la conclusión a la que pueda llegarse después. De eso se valen los sensacionalistas para que los más despreocupados alienten los bulos diseminados.

 

Aunque siempre los hubo, los bulos sirven de mucho, en ese entorno al que le basta el vulgar comentario para hacer de él ciencia cierta, que ya vendrá el momento de los desmentidos aunque no adquieran valor probatorio. Hay siempre una mayoría que no atiende a ninguna razón y es capaz de apostillar cualquier mentira, con tal de hacerla verídica.

 

Ahora les da por algo en lo que nadie antes se fijó, al considerarlo totalmente improbable: el pucherazo. Pero las cosas adquieren razón de ser cuando la imagen que pueda proyectar cualquier espejismo convenza a nuestros ojos, como consigue la IA para quien se lo propone. En las sociedades modernas, avanzadas, cultas... parece que pueda recuperarse el afán del engaño generalizado, que devuelve a la incultura una apropiación de la mentira para usos malévolos.

Se trataría de insistir, a pesar de la imposibilidad, para que acabe incrustándose en algunas mentes inhabilitadas para la reflexión sosegada, solo predispuestas a creerse lo que ya de antemano se percibiría como sustancial, que ratifique la teoría de la confusión ampliamente extendida. No hace falta que no hubiera pasado antes, ni que los procedimientos admitieran posibilidad alguna, solo la villanía o la estrategia de una difusión marcada con el signo de la impudencia, serán suficientes para rematar un proyecto que solo ofrece ganancias si no se alcanza el éxito.

Los periodistas, difusores automáticos, tendrían que exagerar el marco en que se mueven, para hacernos creíbles las noticias que después nos venden, so pena de caer también en la incredulidad de todo lo que cuentan, para lo que ya faltaría muy poco... Junto a funcionarios y distintos emisores participantes, se siguen incrementando las infidelidades que, para el ciudadano medio no iniciado en cuestiones políticas, no hace sino incrementar su desencanto.

domingo, 28 de junio de 2026

Perro flaco

 

 

Hay ciudadanos con estigma y los venezolanos son de esos, salen de una y se meten en otra, el sino les persigue y evidencia un sinfín de desigualdades de una politización palpable. Frente a una élite que tiene de sobra, una gran mayoría que padece sus excesos, en medio de una clase política que vive a si aire, despreciando la manera de servir al país con eficiencia y eficacia. Ha hecho falta un seísmo para poner en claro lo poco que le interesa el pueblo a sus dirigentes y lo mal que lleva gestionando unas facilidades que ponen en cuestión los servicios públicos.

 

El capital emigra a España, como país de referencia, donde es muy bien recibido. La oposición echa de menos otra clase de ayuda suministrada por Trump, más pendiente de sus propios intereses que de facilitar el desahogo de los ciudadanos de Venezuela, que ya veremos si se pronuncia tras la catástrofe como todos esperan.

 

Se rasgan allí las vestiduras por los saqueos que se producen de inmediato, nada más acontecer el suceso, como si fuera de extrañar, la respuesta dada ante la falta de lo indispensable. No deja de ser el país robado al que sus propios recursos no le sirven siquiera para lo elemental del sustento, mientras las fuerzas vivas del militarismo bolivariano campan a sus anchas en el medio nada hostil en que se desarrollan.

Cualquier ayuda va a ser poca, para lo que se les hace necesario. El resto del mundo responde, pero no con la equidad necesaria, mientras los capitales huidos se conservan a distancia y a expensas de cualquier posible inversión inmobiliaria que les garantice los mejores réditos, hasta doblarlos a la vuelta de la esquina precisamente.

Esa mayoría bolivariana, confiada a la resurrección por la vía trumpista, no se cae del guindo de la anhelada promesa. Sería mejor pensar en ejercitar otras vías, pero sin mediar la confusa Corina Machado, lista permanentemente para hacerse con el poder en cuanto se le permita. De momento sigue sin entrar en los planes de Trump y seguro que es por alguna causa...  

El mochuelo y su olivo

 

 

Ya nos lo decían los ancestro, que cada cual tendría que refugiarse donde le tocara y en el PSOE, a día de hoy, toca arrebato. Cuando el capitán hace aguas, parece que lo normal sea que empiecen a fraguarse las nuevas herramientas con las que preparar el camino siguiente, o si no vean como Page, celoso de su futuro inmediato, se emplea en socavar aquello en lo que el partido decía ser fuerte, tomando como referencia esa corrupción que le lastra y que, además, toma por testigo. De ellos quiere sacar provecho para sí mismo y para la cohesión progresista que le aupa en su circunscripción, encabezada por los buenos liberales de la zona. 

 

No hay forma de reinventarse, los socialistas son lo que son y han sido hasta ahora: ambiguos. Les gusta también el liberalismo económico y lo hacen posible siempre que pueden. La connivencia con la que dice ser la mejor izquierda, se les hace dura de roer y van a tener siempre cosas que oponer, cuando alguien salga exigiendo menos tibieza.

 

La ciudadanía parece que se hubiera dado cuenta, de pronto, que el estado de bienestar perseguido no es algo que pueda caerle del cielo, sobretodo con la aquiescencia de empresas del Ibex que quieren para sí el primero de los trozos de tarta a repartir, con mucha menos presión de la que les demandan por la izquierda y verían con buenos ojos, de una vez por todas, que cesara la inconcreción de no saber de qué lado se pone realmente el gobierno.

La política que se hace a tres bandas, requiere mucha sutileza y no cesan de aparecer derramas por concretar, a la hora de fijar puntos de referencia plausibles. Sí, España va bien, pero mucho mejor para unos que para otros y no hay varita mágica con la que ofrecer satisfacción garantizada.

Si crece el descontento, si la oportunidad de mejora no aparece y no se encuentra la manera de salir airoso del sitio en que se ha metido, el gobierno y sus buenas prácticas (que las tiene) desaparecerá dejando paso libre a una oposición voluntariosa, pero poco capacitada y sin interés por el progreso generalizado, que no halla la vía de encontrarse con los propios tampoco.

Los mochuelos no saben donde posarse, sabiéndose aislados y desatendidos, con una única ayuda que no termina de convencer pero supone aumento del número de votos. 

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.