viernes, 12 de junio de 2026

La carrera del siglo

 

 

Donde todos los participantes eran millonarios y querían llegar los primeros a una meta surrealista pero cargada de incentivos. Hoy ya estamos ante billonarios y lo son por la gracia del dios que todo lo puede, incluso lo que no esté a su alcance, pero se intuye dentro de lo posible.

 

Salidas a Bolsa, encuentros coyunturales, diásporas cercanas por muy alejadas en kilómetros por una Tierra empequeñecida y mostrada a los pies de quien ha podido empequeñecerla como nadie nacido de persona humana pero repensada divina.

 

No creo que haya nadie que sea capaz de pensar en emular alguna vez a quien se ha situado en la cabeza de tal tour fantástico, ni nadie capaz de asimilar tanto poder en uno mismo, sin que le estalle la cabeza, pensando en lo que aún le queda por lograr, sin encontrar la posibilidad de discutirle al propio Altísimo (si es que existe) donde se halla el infinito que no pueda lograrse.

Estoy casi seguro que, de producirse un nuevo Diluvio Universal, sería Musk el elegido para montarse en sus cohetes y salir disparado a la conquista de un Marte precursor de lo que será máximo posible.

El insigne personaje se ha convertido, como no podía ser de otra manera, en el gran modelo a seguir, capaz de aventurar la mejor manera de distanciarse de cualquier humano, por listo y ordenado que sea a la hora de proyectar su futuro. Todos, con la boca abierta, y sin proferir palabra, no sea que tengamos después que arrepentirnos.

Desde el país más rico del mundo, se proyectan los recursos necesarios para lograr la participación singular en la carrera de este siglo, que no tendrá ningún equivalente con la era que haya existido antes, desde que el mundo es mundo. Y nosotros aquí para presenciarlo. Si llega a estar cerca del otro Dios excelso, veremos a ver lo que le cuenta... y cómo lo reciben los seguidores apostólicos.

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

El entramado

 

 

La estructura singular de cualquier construcción que se precie, que organiza y sustenta lo que ha de venir después para conformar el edificio al completo. Da gusto ver cómo los obreros entrelazan las vigas de madera con precisión, hasta lograr el esqueleto perfecto en el que no caben errores ni fallos de improvisación, todo responde a una funcionalidad que sorprende por su eficacia.

 

Eso en el buen hacer del oficio, que también podría aplicarse a otros trabajos sensibles, con los que potenciar una buena idea iniciada hasta terminar completando un recorrido que aporte la luz definitiva. Así trabaja la corrupción y así se vive una sospecha que, en su inicio, puede ofrecer una visión ingenua que resulta hasta bonita. No me negarán que el armazón de esa vivienda de madera, que quizás sirva después para alojar cualquier prostíbulo, no merece el aplauso a sus constructores.

 

La sensación que nos queda a los paganos es la de haber contribuido, desde el inicio, con mucho más de lo que presuponíamos al principio, al momento en que elegimos con entusiasmo a nuestros próceres ahora imputados. Permítasenos el beneficio de la duda, acompañado y sin poder ser de otra manera, de esa presunción de inocencia que tampoco queremos que eluda por completo las responsabilidades asumidas al inicio en que todo era magnífico.

Desde que llegó la ansiada democracia a nuestro país, han ocurrido muchas cosas lamentables que nunca pensamos habrían de pasar, pero que están siendo demasiadas y llenan el vaso de de nuestra tolerancia. Se han llevado por delante muchas de las cosas en que confiábamos y que ahora se ve muy difícil recuperar, sobretodo cuando no termina de llegar (ni se la espera, de momento) esa regeneración anunciada una y otra vez, que requería mucha más atención de la que se le ha dado en los discursos.

Ya sabemos que los discursos son bellos, tanto que nos hacen vivir de la ilusión, aunque después no se correspondan en absoluto con una realidad mucho más latosa.

Un aplauso para cualquier constructor empeñado en rematar las obras, pero que después no sirvan para señalarla como acreedora de nuestro repudio... 

No nos gobiernan ángeles caídos del cielo, pero la benevolencia, disfrazada de ingenuidad, puede dar al traste con la comodidad de su instalación en Sociedad. 

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.