Todos sabemos, por referencias, el riesgo que comporta el no devolver las deudas de juego. Hay infinidad de películas desarrollando el tema, que nos ponen sobre aviso de lo que podría pasar, cuando la ludopatía se interpone y hace fracasar la vida de muchos ludópatas, desesperados ante la extrema posibilidad de impago. Por eso están obligados a llevar bien las cuentas y anteponer prudencia a su malogrado vicio, pero la prudencia no es precisamente la dueña de quienes han llegado al punto de mayor efervescencia.
Lo anterior, traducido al otro gran juego, el de la política, podría tener también sus consecuencias, si acaba teniendo visos de ser cierta la información, que corre por las redes sobre deudas contraídas por los siervos del ¡NO! a los decretos del gobierno. Los nombres y apellidos que se dan, tienen al menos apariencia de veraces, sobre firmas que aparecen detalladas y que se vinculan a la concurrencia de países organizados para dar la batalla económica mundial.
Pone los pelos de punta, de ser cierto lo que se dice, pero habría que lamentarse del cómo se ha podido llegar a tal situación, sin el advenimiento de labores de policía que garanticen seguridad ciudadana, en lugar de los aporreos constantes, para querer defender otra seguridad que no ofrece tamaña agresión como la que se nos cuenta, a raíz de las deudas políticas pendientes de pago que cursan algunos partidos políticos.
Siempre nos acaban diciendo que algún día se sabrá lo sucedido, pero al ritmo que van las condiciones de levantamiento de secretos oficiales, quedaremos todos calvos, sin atisbo de pelo, y con las ganas de saber que hemos tenido siempre, cuando también sabemos (o intuimos) que se nos ocultan cosas, muchas cosas, permanentemente guardadas en lugares secretos.
No obstante, seguiremos a lo nuestro, a pretender verificar las historias con dueño que, en el caso de la política, no dejan de preocuparnos. ¿Hasta donde pueden llegar los tentáculos del poder diseminado?