Las razones argüidas por VOX, en boca de su representante extremeño de máxima potestad es, ya lo saben, que no hay para dar de comer a todos. Se queda tan pancho y además presume de solidaridad pero solo para los españoles que advierten lo que ello puede significar, a poco que se pongan las cosas un tanto más "duras", tras los embates de Trump al problema originado que, sobretodo para él, no revestirá la mínima importancia.
La opulencia que se ofrece sin vergüenza en unos lares, en otros podrá significar, al mismo tiempo, la contemplación de muertos de hambre por las calles, al estilo de lo que se vio en las de EE.UU por el fentanilo. Osea que, llegado el momento fatídico, hay que asegurarse de que ningún español con carnet de identidad pase ninguna penuria mientras sus vecinos de al lado, oriundos de países lejanos, quizás se vean precisados de salir a ellas para aprovisionarse de cualquier modo.
Así se está orientando la convivencia, muy a pesar de lo que ya supone la emigración extranjera en la Europa civilizada y gastosa que se nos enseña, con datos, y todos los días, en los reportajes tratados en las televisiones, con multitud de personas disfrutando ampliamente en las playas, consumiendo también en las terrazas. Las diferencias están ahí para servirse de ellas, llegado el momento, y usarlas en términos de bofetada teórica. Es lo que propone la extrema derecha, la misma que no le hace ascos a poderse servir, con amplitud, de lo que sobra a raudales en los establecimientos de comida, servidos por gentes extrañas de color y trato diferente.
No va de cuento, la crueldad que proponen, lo estaremos viendo, con toda su gravedad, en solo unos cuantos meses, cuando las consecuencias de esas guerras inventadas determinen que no puede haber para todos y hay que restringir su uso, solo para nacionales...