miércoles, 14 de octubre de 2026

Generación inadvertida

 

 

Creo que se equivocan, quienes juzgan a la juventud actual de inmovilista, ya que a la vista está el juego que le están dando en la Europa de nuestros días, sus iniciativas en las calles demandando que se adopten soluciones sobre su futuro inmediato y no se pospongan, esperando que les caiga la vejez sin que toda esa gobernanza instituida les relegue, una y otra vez, a ser meros espectadores sin defensa.

 

Es como si se les estuviera poniendo a prueba para que terminen decidiendo si les conviene más arrimarse a las derechas, que destacar en las pruebas de aprendizaje a las que la somete la socialdemocracia que tanto gusto dio a la mediana burguesía y que ahora ve declinarse como el sol por el poniente. Es decir, esa otra forma de derecha "civilizada" que sabe enfocar perfectamente su carácter liberal en lo económico, para que todo quede como está, sin que pueda haber reacción posible.

 

El contubernio con lo extremo, para acabar con el gobierno socialista en España, no lo tiene todo claro y buena señal es el insuflado de la idea de "pucherazo" para el caso de que no les salgan bien las cuentas y al final se estrellen en la siempre confusa idea de vencer al "comunismo". Cosas aprendidas pero no verificadas, por mucho que se asistan de los tribunales, para evitar votantes indeseados.

Los acampados en Sol, que están sirviendo de muestra para otras latitudes, parecen tenerlo muy claro que no desistirán en sus pretensiones, muy a sabiendas de lo que le está escociendo a la presidenta Ayuso, tenerles al pie de su guarida, al tiempo que le acosan sus problemas con la Justicia. 

Mientras ahí está la policía para resolver a porrazos (como hicieran los "grises" en otra época) sin que sus superiores sean capaces de resistirse. Seguro que Marlaska entiende bien a quién ha de proteger y qué motivos tiene para esconderse de sus obligaciones.         

martes, 13 de octubre de 2026

La buena dirección

 

 

La que escoges o la que te marcan, depende de muchos factores, por eso resulta necesario estar bien informado para no tener que desandar, al darte cuenta de que la elección no fue del todo correcta. Los humanos estamos supeditados desde, los inicios, a toda una serie de avatares que no son solamente propios de nuestro conocimiento, sino que se ven influidos en gran medida, primero por nuestros mayores y después por lo que vamos adoptando una vez entramos en esa fase social que nos instruye tanto o más de lo que hicieron nuestros padres, en su afán de querernos servir de introductores.

 

Lo anterior viene a cuento de lo que hemos podido ver con nuestros propios ojos y nos ha llenado de cierta estupefacción, al comprobar lo fácil que ha sido para algunos arrastrar a los más jóvenes a lo que ellos no han podido nunca experimentar, ni saben de qué producto hablan ni cómo se ha fabricado, solo se inspiran en la animosidad con la que les hablan, a partir de ciertas tesis que bien podrían ser equivocadas.

 

Solo imaginando esa buena urbanidad, supuestamente aprendida en los colegios, la fe de esa mayoría cristiana, que ha venido apostando por la caridad y por el bien común y los buenos modos de unos abuelos que han sido siempre respetados y atendidos, cabría pensar que todo esos insultos que hemos oído y esas referencias nada contenidas sobre los que contribuyeron a hacer de nuestra Sociedad una colectividad permanentemente enfrentada, según estamos viendo, entre rojos y azules, verdes o amarillos, hasta el punto de odiarnos sin apenas conocernos, nos sitúan quizás en el punto de no retorno por el que, de tener que pasar, saldríamos todos perdiendo.

A esa edad temprana, en la que apenas sabes de qué está yendo la cosa, ni por donde puede acabar, sin empezar, lo que será siempre inconveniente, sin mediar consenso alguno, sin propiciar juicios de valor acompasados con la dirección que, entre todos, consideremos correcta, se les estará iniciando en ese mismo fundamentalismo del que una vez huimos, al considerarlo funesto.                

lunes, 12 de octubre de 2026

Infanticidio

 

 

Así podríamos llamarlo, al enviar a los nietos de Franco a enfrentarse a la acampada de Sol, resiliente con su propósito de resistirse. Un espectáculo digno de admiración, pero en el plano negativo del poder de la inconsciencia. Tras disfrutar de la parada militar, qué mejor que acudir con sus banderas al acto simbólico de arrojar de esa plaza, como lo hicieran los heroicos del 1808 frente a los franceses, para salvar nuestro orgullo patrio. Lo peor es que muchas de esas banderas eran anti-constitucionales y arreciaron aquellos gritos de ¡Viva Franco! que pensábamos que no se volvieran a oír nunca más.

 

Que tengan ahora que dejar constancia de que aún existen y quieran ser otra vez protagonistas, nos hace pensar en que las dos Españas nunca se fueron y están ahí para recordarlo. Pero en esa medianía, separada en breve margen por una policía un tanto sensibilizada, dejada a su albedrío para dar los manidos porrazos, circula también el poder callado de unos rentistas, temerosos de perder sus prebendas de un plumazo. La abrumadora mayoría de jovencitos, insultando gravemente al Presidente del gobierno de todos, da idea de lo que algunos pretenderán a toda costa, utilizándolos como piedra de toque para que nada cambie y se les olvide su papel diferenciador que les correspondería, de tener la cabeza en su sitio.

Los unos contra los otros y la sangre caliente en ambos lados, embebiéndose del odio característico de los momentos que no hemos dejado de experimentar y que afluyen, últimamente, cada poco. Que haya más odio, quizás, que en el otro, está por ver y yo no me atrevo a cuantificarlo, pero da mucho miedo pensar que, con el tiempo, se acabe desmadrando, hasta el punto de hacerse tan viral que nos acabe contaminando el cerebro, aunque esté lleno de serrín y sirva solo para acumular desperdicio.    

No me negarán que pueda calificarse de infanticidio lo vivido hoy en Sol. 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Troya y su caballo

 

 

Lo embrollado de esta historia que viene ocupando ya demasiado tiempo, guarda similitud, a mi parecer, con aquella que ocurrió hace siglos y que tanta algarabía, causara entre los participantes de entonces. Lo significativo de ahora son esas víctimas inocentes de las que ya nadie se acuerda y constituyen asunto clave de responsabilidad criminal y no precisamente de España.

 

Las imágenes vistas ayer, de ser reales, no manipuladas, y pertenecer a los hechos citados, bajando de camiones a los jóvenes, bajo la atenta mirada de un uniformado, son prueba eficiente de que, lo ocurrido, pudiera estar planeado. Falta averiguar ahora por quienes, aunque no nos resulta demasiado difícil conociendo cómo está organizada la política en Marruecos y en qué pilares se sustenta.

 

El caballo introducido en Ceuta, para sembrar la enorme discordia, está teniendo unas repercusiones que, si no medidas al detalle, si calculadas con algún detenimiento, pero para la UE, al parecer, no han tenido demasiada relevancia, solo lo han considerado asunto menor al que Sánchez no ha sabido adoptar la solución adecuada. Así hemos sido tratados los españoles del Sur, considerados todavía miembros de segunda categoría, detrás de los drones rusos perdidos en el Este.

No nos merecemos el trato y mucho menos un presidente díscolo que parece tener todas las bazas perdidas, en un Continente escorado a la derecha o más aún, a su extremo, cada día más potente.

La realidad supera la ficción, está claro, y está siendo, la contaminación, tan corrosiva, que beneficia claramente a los ultras, más invisibles de lo que constituyen el puñado de jóvenes exaltados que se hacen ver en las calles. No es tiempo de pasar por alto toda esa propensión a manifestarse en las calles, aunque algunos la prefieran por su facilidad de expansión, ante los grupos más débiles de las sociedades en crisis continuada.

Las consecuencias no han terminado del todo, pero veremos de qué lado inclinan la balanza... 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política.