Donde todos los participantes eran millonarios y querían llegar los primeros a una meta surrealista pero cargada de incentivos. Hoy ya estamos ante billonarios y lo son por la gracia del dios que todo lo puede, incluso lo que no esté a su alcance, pero se intuye dentro de lo posible.
Salidas a Bolsa, encuentros coyunturales, diásporas cercanas por muy alejadas en kilómetros por una Tierra empequeñecida y mostrada a los pies de quien ha podido empequeñecerla como nadie nacido de persona humana pero repensada divina.
No creo que haya nadie que sea capaz de pensar en emular alguna vez a quien se ha situado en la cabeza de tal tour fantástico, ni nadie capaz de asimilar tanto poder en uno mismo, sin que le estalle la cabeza, pensando en lo que aún le queda por lograr, sin encontrar la posibilidad de discutirle al propio Altísimo (si es que existe) donde se halla el infinito que no pueda lograrse.
Estoy casi seguro que, de producirse un nuevo Diluvio Universal, sería Musk el elegido para montarse en sus cohetes y salir disparado a la conquista de un Marte precursor de lo que será máximo posible.
El insigne personaje se ha convertido, como no podía ser de otra manera, en el gran modelo a seguir, capaz de aventurar la mejor manera de distanciarse de cualquier humano, por listo y ordenado que sea a la hora de proyectar su futuro. Todos, con la boca abierta, y sin proferir palabra, no sea que tengamos después que arrepentirnos.
Desde el país más rico del mundo, se proyectan los recursos necesarios para lograr la participación singular en la carrera de este siglo, que no tendrá ningún equivalente con la era que haya existido antes, desde que el mundo es mundo. Y nosotros aquí para presenciarlo. Si llega a estar cerca del otro Dios excelso, veremos a ver lo que le cuenta... y cómo lo reciben los seguidores apostólicos.