Eso es lo que gusta decir a los jugadores de riesgo, cuando las cosas se ponen a tono. Una vez más se presenta la ocasión y una ves más se abre la puerta a la especulación desproporcionada, si es que alguna vez no lo ha sido, y se alberga en mentes ingenuas que se creen, de verdad, que no hay trampa ni cartón en los grandes asuntos de dinero.
Hay expectativas y se difunden con la rapidez acostumbrada, en momentos en que la ruleta gira y gira sin parar, hasta que la bola caiga. Una vez que cae, se recogen las ganancias, o se espera que vuelva cuanto antes a girar el plato, y encadenar con ello la siguiente.
En la práctica es muy similar lo que nos ofrece la geopolítica, aunque la bola caiga a plomo, como si su peso estuviera de algún modo manipulado. Los millonarios atendiendo cuál va a ser el número afortunado que haya correspondido, con sus efectos causales, próximos a sus intereses, mientras los mirones, que siempre han sido de piedra, solo saben contar sus bajas, que son muchas y se perciben cuantiosas. Las voces se alzan contra el Gobierno, que no sabe llevar la situación a un puerto resguardado y los patrones dirigen sus barcos a las radas que más les convienen, pidiendo incluso mejoras para sus propios barcos, aún no alcanzados por la metralla.
Sabemos quienes pierden las guerras, pero también quienes las ganan, extendiendo las culpas a diestro y siniestro, para que nadie piense que ellos están a salvo.
Nosotros seguiremos haciendo hincapié en el Buen Gobierno, sea cual sea el trámite que se esté realizando, que en el corto plazo sabemos dónde se enfoca... a bajar los Impuestos.