Es mentalizarse de que no todo está perdido, ante esa aparente desigualdad de fuerzas. Es verdad que el capital se impone, siempre que las soluciones pasan por ostentar poder, pero también el poder ofrece fisuras que no puede suturar con la facilidad que desearía. Saben bien quienes lo detentan, que enfrente van a tener siempre gentes dispuestas a todo, sobretodo para conservar lo que, de principio, sirvió para empoderar a una Humanidad que hoy alcanza unas cotas tan consistentes, que es imposible remendar con crisis continuas.
Si hemos crecido de esa manera, aunque a veces alocadamente, podríamos seguir haciéndolo para demostrar a quienes desconfían de nuestra fe, que ya se han movido montañas que parecieran inamovibles y que la lucha continua para que no se nos margine hacia el desesperante apocalipsis que nos anuncian. Las innovaciones serán bienvenidas siempre, pero nos han de llegar cargadas de la misma ilusión que pusieron nuestros ancestros en su etapa evolutiva, consiguiendo gran parte de lo que ahora disfrutamos y en tiempos en los que también supieron superar inconvenientes.
No somo ilusos, solo queremos tener conciencia de lo que se traen entre manos, para debilitarnos hasta el punto de no retorno, en que caigamos en sus redes de simbología abstracta.
Entonces habrá que posicionarse frente a todo lo que sean imposiciones que atañan a lo humanístico, mientras las apariencias sigan beneficiando a los enemigos de lo público, que es lo que nos interesa. Para mi esa sería la tesis que, de momento, deberíamos poner en marcha.