jueves, 5 de febrero de 2026

Sucesos insólitos

 

 

Los que ya tenemos muchos años y hemos vivido ya lo suficiente como para no tener que asombrarnos por casi nada, asistimos hoy a cosas que nos quedaban por ver, gracias a la Naturaleza que, con aplomo y persistencia, intenta trasladarnos en qué consiste su poder de persuasión y cómo, con nuestra soberbia, hacemos caso omiso de sus avisos.

 

Y no es que no sepamos, sino que ignoramos, a conciencia, el inicio de las nuevas propuestas que, hace ya un tiempo, aconsejaban los expertos de estos manejos que, a escala planetaria, deberían implementarse. El caso es que pasan los días y ahí estamos, todavía pensando en si el proceder que recomiendan es el adecuado y tiene relación causal con el progreso que se nos ha venido insinuado por quienes tienen la sartén por el mango y mantienen el guiso en la forma acostumbrada, sin añadir ningún aditamento que pueda sustituir a aquello que es claramente perjudicial a nuestros intereses, que no a los suyos. En último extremo, ellos podrán construirse búnkeres o localizar en el globo los últimos paraisos que puedan sobrevivir, aunque solo sea por el periodo de estancia en la Tierra, programado hasta ahora, mientras encuentran la pócima que les alargue la vida sin término, que con dinero, toda será posible.

Aquí entonces, de lo que se trata sería de conjugar eso, su dinero, con la posibilidad real de que esa Naturaleza, que hoy les es esquiva, acabe siendo definitivamente conquistada. Es decir, un poder fáctico contra otro más real y ajustado a leyes físicas.

Entre tanto, aquí vemos a los negacionistas, amantes del petróleo, del consumo al límite, de las ventajas que ofrecen los productores desmesurados... dando a la tecla de lo obtuso pero sin convencer, solo aparentando, para no tener que ofender a sus verdaderos amos, sino agasajarlos con sus barbaridades inconexas.

No sabemos a qué esperarán para facilitarnos las cuentas claras sobre lo que puedan estar contando a las cuentas públicas todos los destrozos que, desde años atrás, se hayan podido ir acumulando. ¿Acaso les está dando miedo publicarlos? Bueno, menos mal que todavía podemos permitirnos el recurso de la Declaración de Emergencia y de los supuestos apoyos. ¿Se podrán llegar a acabar en algún momento?       

Insana complacencia

 

 

El derrotismo existente en nuestra Sociedad, respecto a una corrupción que parece endémica, no tiene, a mi juicio, mucha razón de ser y es por ello que los ciudadanos solo aspiran a mirarla de lado y sin querer juzgarla, quizás por si les alcanza el momento en que fueran llamados a ejercerla, lo cual, siempre que preguntas a alguien te contesta con evasivas, por si las moscas, para no llamarlo después mentiroso.

 

El cinismo que subyace en la mayoría se vence ante el poder de los que, sin escrúpulos y con capacidad suficiente, se suma a la faena del engaño y con la ambición de poder llegar hasta lo más alto.

 

Yo no puedo estar en mayor desacuerdo y no porque me crea con el poder de evitarlo, sobre todo por la presión que me pueda ser ejercida, a cambio de alguna prebenda, pero no es eso lo que queda en cuestión, la resolución individual y la honestidad a prueba de fuego, sino los mecanismos que puedan y deban usarse para que nunca llegue a ese punto, el de la inmolación y el martirio que pese sobre las conciencias. Les puedo decir que esos mecanismos existen y su uso sería posible, si es que los políticos pusieran el verdadero interés en implantarlos, pero no lo hacen, creo yo, para no ponerse ellos mismos las esposas en sus muñecas y facultarse para poder libremente actuar en casos de exigencia extrema.

Mientras no apliquemos a nuestra conducta, la rigurosidad aplicable a nuestro ambiente, tal y como se hace en los países del norte de Europa, en los que también puede haber corrupción, pero no a nuestros niveles, seguiremos así, renegando de las opciones posibles, para no querer involucrarnos, siquiera a medias, en asuntos que sí que nos conciernen.

Todos estamos en el punto de mira, pero hay que oponerse siempre, sin más, a todo lo que veamos inasumible en la parte que nos toque. 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Melones a cata

 

 

Cuando era chiquillo, los vendedores de melones te ofrecían la posibilidad de hacer una cata previa del melón que fueras a comprar, y todo para certificar con ello, que la mayoría que tuvieras a disposición, iban a ser de tu agrado, ya que, si no, se quedaría sin vender los melones. Eso si que era saber comprar, o mejor, saber vender, bajo la cierta seguridad y la confianza ofrecidas.

 

Hoy todo ha cambiado, cuando la mentira prevalece por encima de la verdad y los productos ofrecidos contienen trazas de haber sido manipulados en gran número. Menos mal que hay agrupaciones de consumidores, de organizaciones dedicadas al análisis y a la categorización, que ponen algo de verdad que pueda ofrecernos alguna garantía. 

 

La situación actual se enmarca en toda una serie de predisposiciones que se han de cubrir, para no ser objeto de la mala praxis de comerciantes desaprensivos y hasta empresas de primer orden que, entre sus objetivos, entran los de pagar sobornos a buen precio, para hacerse con botines importantes.  

En esos casos y en los de funcionarios que se aprovechan de su cómoda situación, siendo los primeros en aprovechar las ventajas que se ofrecen a ciudadanos vulnerables, adquiriendo viviendas en mejores condiciones, en connivencia con constructores y promotores, la justicia debería ser más intolerante y, a partir de la Fiscalía, incoar expedientes punitivos para acabar con tanta corrupción esparcida.

Lamentable, que nos encontremos todavía con casos de tan sangrante opacidad, y de tamaño volumen, que nos haga recordar los tiempos aquellos del siglo XIX en los que se alternaban gobiernos y oposición para hacer causa similar de lo tocante a la corrupción, en grado sumo.

Volver a la cata, para ganar en confianza, sin que tengamos que estar permanentemente sujetos a la intuición o pagar el doble del precio de lo que valen las cosas...  

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.