miércoles, 23 de septiembre de 2026

Disociación

 

 

Distanciamiento de la realidad, con tremendos efectos para la sociología que importa, la que trata de culminar el análisis por el que los integrantes de cualquier sociedad, se encuentran obligados muchas veces a considerarla (la realidad) como algo en lo que, de participar, acarrearía más conflictos que soluciones, a los problemas que aparecen y se mantienen durante grandes espacios de tiempo, sin poder acometer con facilidad, y sobretodo con eficacia, cuanto nos afecta como ciudadanos hechos y derechos.

 

Todos los factores que, concentrados, intervienen para que la realidad se vea de tal modo, tienen su origen en ese individualismo que fructificó hasta hacerse viral, mientras uno pueda orientarse en el mejor sentido posible, abrigado por la sombra siempre presente de quienes actúan para que no se pierda nunca. Si a ello le unimos el desarraigo existente con la política, que pasa de inmiscuirse en las calles para observarlo todo desde las instituciones que les amparan, tenemos más materia aprovechable, que unida también a la polarización, que insiste en tener que sumarse a un lado u otro de los contendientes, en el panorama de asuntos críticos, no deja de combinar los elementos propicios para que salte cualquier chispa que consiga la hoguera.

Serían precisamente los buenos sociólogos quienes entendieran qué nos está pasando para que estemos tan distanciados de conseguir el bien común que más nos interese y que deje de concentrar, sin términos de uso, lo que correspondería a todos, empezando por los más vulnerables.

Ellos, como buenos intelectuales, estarán presos en sus estudios, centrados en servir los intereses de quienes les pagan por su trabajo, pero con una óptica que les imprima servidumbre, respecto a unos datos que pudieran ser, en definitiva, alienantes...  

Parece que estuviéramos condenados eternamente a tratarnos como seres antisociales, y olvidan nuestra categoría constituyente que podría hacernos más solidarios y comunicativos. Las fuerzas competitivas, de momento, no aportan un mínimo de considerandos que provoquen luz suficiente que ilumine el panorama, más bien se obcecan en disociar lo poco bueno que quede a la hora de personificar las respuestas que habría que dar en conjunto. Los parlamentarios nos enseñan bien el cómo viajar en distintos sentidos, pero sin proponer alternativa alguna de cambio medianamente positiva.    

Instinto depredador

 

 

El que se supone en las fieras, pero que en ocasiones muestran ciudadanos anónimos, enfundados en negocios rentables, no hacen sino pronosticar un futuro nada amable para quienes, con su edad, no tienen cabida en el imperativo mundo de las ganancias sin ningún tipo de escrúpulo.

 

En Madrid hemos asistido hoy todos al desahucio de una longeva de 87 años, cuyo pecado es no tener dinero para pagar su piso alquilado que estaba habitando, con su familia, desde que tuviera tan solo 15. Su mala fortuna se puso de por medio y ha significado el abandono de una sociedad que solo entiende de ganancias y casi nada de humanidad, totalmente cegada por la especulación y la indecencia.

 

Lo peor del caso es que los agentes intervinientes se han visto apoyados por la ley, empezando por una jueza que se limita a aplicarla y siguiendo por una autoridad policial que está puesta para lo que está, que es cumplirla, sin tener en cuenta siquiera unos mínimos que obligarían a cada número a ser un tanto respetuoso con la integridad de las personas que se revuelven con la injusticia.

Del modo que actúa la autoridad, ya conocemos sobradamente. Habrán vuelto a sus casas henchidos por la labor que han realizado, pero con menosprecio de algo todavía más importante que sus propias vidas, la salvaguarda de cosas que estarían por encima de cualquier cumplimiento, como es facilitar a nuestros mayores una vida digna y cabal hasta el fin de sus días, sin que intervenga imposición alguna.

Todas estas imágenes que estamos viendo últimamente, de policías encarnando ese papel represor, atacantes violentos contra ciudadanos pacíficos, nos dejan un mal sabor de boca, respecto a unos modos de dispersar, de tratar de llenar de moraduras, los cuerpos de quienes solo manifiestan su enfado, recuerdan aquellos otros tiempos en lo que también se empleaban con la máxima exigencia para defender a la dictadura franquista. Desde luego nada visto en el resto de la Europa civilizada, por muy ultraliberal que esta sea.

Y en el fondo de todo gira la complacencia política que ni sabe ni quiere proteger a los más vulnerables, con el simple pretexto de carecer de dinero suficiente como para habilitar el sitio donde vivir, aunque se haya estado viviendo generación tras generación, pero en lugares golosos del centro, de una capital que enseñorea su odio al pobre, como artículo de lujo aprovechable.        

martes, 22 de septiembre de 2026

Orquesta Paradiso

 

 

La que siempre toca, hasta en momentos fúnebres, o la que queremos oír cuando el silencio quiere imponerse entre nosotros, para no perdernos en la inmensidad del ruido. A esa es a la que tendremos que recurrir, sin más remedio que saberla escuchar, mirando a las estrellas, que a su vez nos miran un poco escandalizadas.

 

A donde hemos llegado los humanos, parecen decirnos en la lejanía, asombradas de lo que hemos conseguido de este planeta nuestro, que ha puesto a rabiar sus intestinos hasta hacernos sentir sus inclemencias en carne propia, dejando a muchos sin las pertenencias que creían suyas, exclusivas, disonantes a veces con la estructura racional de esa naturaleza que las acogió sin rechistar, hasta que no tuvo más remedio que protestar por los abusos.

 

Una orquesta que bien podría relevar a esa otras más cansinas, que adolecen del espíritu de quienes saben mirar al firmamento, deseando encontrarse alguna vez en él, sin intermediarios que solo saben obtener tajada de lo que intermedian.

El sonido de violines, de fagots ensimismados, de liras teñidas con encanto... no hace sino sumergirnos en lo filosófico, que no antinatural, hasta reblandecer unos corazones que aunque dejen de latir, algún día, habrán sabido acompasarse con la música que se introduce por nuestros oídos hasta hacernos levitar como ángeles ensoberbecidos.

Creo que podríamos, aunque solo fuera por una vez, sentir soberbia de ser humanos y querer llegar hasta ser dioses...   

 

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Troya y su caballo

 

 

Lo embrollado de esta historia que viene ocupando ya demasiado tiempo, guarda similitud, a mi parecer, con aquella que ocurrió hace siglos y que tanta algarabía, causara entre los participantes de entonces. Lo significativo de ahora son esas víctimas inocentes de las que ya nadie se acuerda y constituyen asunto clave de responsabilidad criminal y no precisamente de España.

 

Las imágenes vistas ayer, de ser reales, no manipuladas, y pertenecer a los hechos citados, bajando de camiones a los jóvenes, bajo la atenta mirada de un uniformado, son prueba eficiente de que, lo ocurrido, pudiera estar planeado. Falta averiguar ahora por quienes, aunque no nos resulta demasiado difícil conociendo cómo está organizada la política en Marruecos y en qué pilares se sustenta.

 

El caballo introducido en Ceuta, para sembrar la enorme discordia, está teniendo unas repercusiones que, si no medidas al detalle, si calculadas con algún detenimiento, pero para la UE, al parecer, no han tenido demasiada relevancia, solo lo han considerado asunto menor al que Sánchez no ha sabido adoptar la solución adecuada. Así hemos sido tratados los españoles del Sur, considerados todavía miembros de segunda categoría, detrás de los drones rusos perdidos en el Este.

No nos merecemos el trato y mucho menos un presidente díscolo que parece tener todas las bazas perdidas, en un Continente escorado a la derecha o más aún, a su extremo, cada día más potente.

La realidad supera la ficción, está claro, y está siendo, la contaminación, tan corrosiva, que beneficia claramente a los ultras, más invisibles de lo que constituyen el puñado de jóvenes exaltados que se hacen ver en las calles. No es tiempo de pasar por alto toda esa propensión a manifestarse en las calles, aunque algunos la prefieran por su facilidad de expansión, ante los grupos más débiles de las sociedades en crisis continuada.

Las consecuencias no han terminado del todo, pero veremos de qué lado inclinan la balanza... 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política.