En estos días convulsos, de camino a la modernidad pero sin encontrarnos todavía en ella, parece que todo se mueva por impulsos pero sin poder determinar el camino que nos llevará al futuro, pero pasando por el pasado, en el que todavía hay muchos instalados. Lo retrógrado y lo postmoderno que ya en los 70 del pasado siglo estaba decidido a cambiarlo todo pero se quedó en el intento. Así lo que parecía ser una aventura, se acabó difuminando, para dar paso a un ansia de libertad pero sin apoyos, solo basada en la erradicación de lo anterior, en tanto llega la luz que prometa independencia.
Si el multiculturalismo viene empujando desde hace ya algún tiempo, las controversias que ofrece entre tradicionalistas confesos, no le dejan espacio suficiente para que prospere, solo se verá reducido a los espacios progresistas que abrazan lo que llega por innovador, aunque no lo sea del todo. Son minorías quienes lo defienden, mientras los recursos de sus oponentes, se ven azuzados por los fuertes lazos creados entre ellos y los poderosos que ven en la individualidad fuente de atracción y empuje.
A mayor individualismo, mayor atracción por aumentar poder para conseguir distanciarse, cada vez más, de quienes no le aportarán nada más que pobreza y escasez de medios. Uno se esfuerza por caminar hacia lo exclusivo, a sabiendas de que lo más que conseguirá será ganar en apariencia, sorteando aspectos que nunca acabarán llenando su almacén de medios, con buena dosis de "pijerío".
El vislumbrar los triunfos, pero sin poder alcanzarlos, solo genera frustración y resentimiento. Capítulos de Españoles por el Mundo en el que solo se muestran triunfadores de escasa relevancia pública, solo sirven para llenar de fantasía un cerebro corto de posibilidades...