jueves, 29 de octubre de 2026

Interconexión

 

 

Los plazos, las mediciones, las circunstancias, los objetivos... son demasiadas cuestiones a tener en cuenta, cuando los negocios se han de mantener en línea e incluso adaptarse a la ola de incremento en la demanda, cuando están en juego otros factores más importantes, como las vidas.

 

La idea de negocio, buen negocio, que subyace tras las alternativas de incorporación de más compañías de transporte, en todo ese compendio que administra ADIF, quizás pudiera interferir demasiado en la gestión, aplazando lo que tendría que ser inaplazable. Vaya por delante toda esa información que nos están suministrando muchos de los expertos convocados por los medios de comunicación, que dios me libre de enjuiciar desde mi punto de vista profano, pero al menos pongamos en tela de juicio lo que llama poderosamente la atención, al hablar del negocio que cabalga a toda prisa desde que se iniciaran conversaciones con los demás actores, con una estructura, la de Renfe, que se había ganado a pulso la mejor consideración de los españoles, salvo alguna cosa, como diría Rajoy, pero habituada a cumplir con buena nota hasta ahora.

Y ahí aparece la colaboración público-privada que también en el Reino Unido dio tanto que hablar en su momento, cuando no hacían más que aparecer los problemas. Que si líneas, que si vehículos, que si operadores... todo se convirtió en un atajo en el que prevalecían intereses, demasiados intereses, contrastando con la seguridad en los trenes.

La interconexión ha fallado, según se ve, por problemas humanos, pero también hay que escuchar a los conductores maquinistas, que ofrecen versiones que si no son muy distintas, sí ponen el acento en el enfoque que hay que darle a sus condiciones de trabajo y sus demandas continuadas para que se introduzcan mejoras, cuando les afectan de lleno a su propia integridad física y salud mental, que debieran estar mucho más coordinadas.

¿Qué dicen, si es que dicen algo, las otras compañías que integran todo el paquete ferroviario actual? Quizás no estén muy interesados en destapar, por su aspereza, otras cuestiones confluyentes ahora.      

miércoles, 28 de octubre de 2026

La vorágine

 

 

Esa que nos sorprende sin avisar, en secuencias sucesivas, aportando víctimas inocentes, inmoladas al sacrificio por cuestiones sin clasificar, vuelve a darnos una dentellada que nos deja muy tocados. Las expectativas se multiplican exponencialmente, sin poder explicarse del todo a qué podríamos achacar tanto desastre, que si fenómenos atmosféricos, que si aludes sorprendentes, que si fallos incomprensibles, aducibles quizá a la salud mental de quienes se ven expuestos a trabajos incomprendidos... no nos dejan pararnos a pensar en los remedios. No hay tiempo material para acometer ningún proceso renovador, mientras tenemos que seguir pensando en huir de la posibilidad de ser nosotros los siguientes.

 

Añadir en todo ese ambiente la carga de profundidad política a la que algunos se aferran para quedarse en lo temporal y ganar puntos a base de odio, es lo más aborrecible que se podría esperar de esa especie humana alternativa a cualquier desastre. Las responsabilidades están ahí para ser investigadas en profundidad, pero no se pueden suplantar por cuestiones indiscriminadas que continúen haciendo sangre entre la ciudadanía atemorizada.

 

Si lo de Adamuz sigue aún pendiente de trámites, por las muchas implicaciones en las distintas fases del proceso, estaríamos inmersos en responsabilidades compartidas a las que nadie quiere atender, por miedo a las consecuencias que se derivarían. Otra herida que se abre y otro asunto a tratar en los juzgados, por quienes se ven afectados, aunque sea de rechazo, de falta de fiabilidad.

No nos apartamos, por supuesto, de la enorme complejidad en cada caso, pero si encima está mediando en cada una de las situaciones, esa situación de inseguridad existente cuando salimos de casa, la sensación de tener que vivir de esa manera, con tanta maldad de por medio, entre bulos, mentiras, aproximaciones inexactas y guerras que se puedan hacer extensibles en cualquier momento, las condiciones de vida decaen, hasta el punto de tener que refugiarse en lo imperdurable, es decir en la permanente duda sobre la existencia.        

lunes, 26 de octubre de 2026

Cómo somos

 

 

Bandadas de pájaros, banco de peces, enjambres de insectos... podrían darnos idea sobre el cierto paralelismo existentes entre los seres vivos entre los que, porqué no, podríamos estar también nosotros. Quizá eso demuestre la facilidad con la que muchos jovencitos se vean animados a salir a las calles, con miras a imponer su ley, que no es ley sino gamberrismo elevado a mucha potencia.

 

Un espectáculo de masas que maldita la gracia que debe hacer en las instancias de quienes están para protegernos de bellaquerías, cuyo fin no es otro que forzar la máquina, pero no del descontento, sino de la más falsaria de las inclinaciones tremendistas: hacerse con un botín con el que dar alas a unos sueños acariciados durante bastante tiempo. Todas esas sensaciones que producen los mismos actos, son adrenalina para los amantes del riesgo, como si se tratara de experimentar la máxima velocidad encima de un patinete.

Pero lo que cuenta, además de los daños producidos, es saber quién o quienes están detrás y porqué se estima que puedan ser detonantes de algo, dando distintas señales de auditoría que inducen a pensar que todo haya sido planeado a conciencia y no precisamente por toda esa bandada que, en paralelo a la animal, se mueve de acá para allá, sin rumbo fijo, a sabiendas de que lo que hace está mal hecho.

Y aquí entran en juego los algoritmos, esos procesos o fórmulas que completan resoluciones a la manera que ya en Bagdad, hace siglos, puso en conocimiento del califa un tal Al-Kwarizmi, según cuentan los historiadores. Así que no hay nada nuevo bajo la capa del cielo, cuando se trata de poner en circulación diseños aparentemente sofisticados.

Las masas son fácilmente utilizables, cualquiera que sean los motivos que ocupan a quienes las movilizan...   

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Troya y su caballo

 

 

Lo embrollado de esta historia que viene ocupando ya demasiado tiempo, guarda similitud, a mi parecer, con aquella que ocurrió hace siglos y que tanta algarabía, causara entre los participantes de entonces. Lo significativo de ahora son esas víctimas inocentes de las que ya nadie se acuerda y constituyen asunto clave de responsabilidad criminal y no precisamente de España.

 

Las imágenes vistas ayer, de ser reales, no manipuladas, y pertenecer a los hechos citados, bajando de camiones a los jóvenes, bajo la atenta mirada de un uniformado, son prueba eficiente de que, lo ocurrido, pudiera estar planeado. Falta averiguar ahora por quienes, aunque no nos resulta demasiado difícil conociendo cómo está organizada la política en Marruecos y en qué pilares se sustenta.

 

El caballo introducido en Ceuta, para sembrar la enorme discordia, está teniendo unas repercusiones que, si no medidas al detalle, si calculadas con algún detenimiento, pero para la UE, al parecer, no han tenido demasiada relevancia, solo lo han considerado asunto menor al que Sánchez no ha sabido adoptar la solución adecuada. Así hemos sido tratados los españoles del Sur, considerados todavía miembros de segunda categoría, detrás de los drones rusos perdidos en el Este.

No nos merecemos el trato y mucho menos un presidente díscolo que parece tener todas las bazas perdidas, en un Continente escorado a la derecha o más aún, a su extremo, cada día más potente.

La realidad supera la ficción, está claro, y está siendo, la contaminación, tan corrosiva, que beneficia claramente a los ultras, más invisibles de lo que constituyen el puñado de jóvenes exaltados que se hacen ver en las calles. No es tiempo de pasar por alto toda esa propensión a manifestarse en las calles, aunque algunos la prefieran por su facilidad de expansión, ante los grupos más débiles de las sociedades en crisis continuada.

Las consecuencias no han terminado del todo, pero veremos de qué lado inclinan la balanza... 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política.