No se trataría solo de constatarlas, que ya lo están sobradamente cada día en los distintos medios sensibilizados, mientras que los otros solo replican pérdidas económicas de llevarse a cabo acciones de protección intensiva, tan necesarias como fundamentales. Los avisos que nos sigue dando el planeta, que se enfurece cada día con más rabia, deberían estar en la mente de todos, como un recordatorio que dejó de ser simbólico hace ya mucho tiempo.
Hay que pasar a la acción, individual primero, colectiva después, antes de confundirnos en las calles con esos competidores humanoides que, esos sí, de forma invasiva, podrían ser utilizados indiscriminadamente en contra, solo con derramamiento de nuestra sangre y no de la suya.
Si las recomendaciones de los expertos, que son siempre inanes ante la fuerza de ese capitalismo agresivo que no se conforma solo con el beneficio inmediato, sino que quiere ganar más y más, empoderándose de todo lo real y lo irreal que pueda caer en sus redes, hasta hacernos cómplices absolutos de nuestra propia decadencia, sin que en el horizonte se ofrezcan nuevas prácticas tendentes a un mejoramiento, o al menos no sean lo suficientemente contundentes como para hacerse visibles por sí mismas, sin necesidad de tenernos que ser explicadas en detalle, solo nos salva una acción directa y sin complejos que, en lo económico, nos impulsan a agarrarnos al sueldo indispensable para nuestra existencia.
La materia se ha venido fundiendo hasta hacerse líquida, para poder penetrar mejor en nuestras conciencias. El espíritu se refugia, lo estamos viendo, en esas concentraciones públicas de falsos profetas que cada día tienen más adeptos, en la creencia de que sus dioses les resolverán toda la malicia que se les presente. Craso error, para un motivo cercano a lo terrenal, en el que intervienen auténticos diablos del empoderamiento.
No basta ya con fijarse solo en el noticiero, que a diario nos dice dónde se ha producido una catástrofe, hay que pasar de inmediato a la acción y plasmar en nuestros actos habituales nuestra firme decisión de ejercitarnos en cambios drásticos, por menores que sean, aunque mayores en eficacias.