domingo, 23 de agosto de 2026

La línea divisoria

 

 

Quienes ilusoriamente pensaran, en algún momento, que pudieran desaparecer las fronteras, cayeron después de bruces ante el convencimiento de que la creación del Espacio Schengen sería solo un espejismo reducido a esa UE a la que, justamente ahora, le sobran epítetos, confundidos con valoraciones que solo están en el pensamiento de algunos europeos.

 

Las fronteras siguen capitalizando, por todo el mundo, todo el afán de discordia entre países vecinos que no saben o no quieren llevarse bien del todo, y apenas se esfuerzan siquiera en la apariencia. Así las cosas, Europa se podría haber convertido de hecho en ese país genérico en el que cabemos todos, los del Norte y los del Sur, aunque hayan surgido grandes impedimentos para esa conquista definitiva, que nos podría haber hecho a todos habitantes de un único país, en el que la circulación de personas no debería quedar restringida.

 

Si es bien cierto que la existencia de una inmigración irregular, no deja de importunar a las muchas autoridades que lo vigilan todo, todavía no se ha encontrado esa varita mágica con la que aproximar, definitivamente, todo lo que conlleva su administración en toda regla. Independientemente de ellas, quedamos los ciudadanos con pasaporte europeo, un poco abstraídos con toda esa falla continua a la que tenemos que asistir, unas veces lejos y otras no tanto, a esa concienciación que, para bien o para mal, se inmiscuye entre nosotros.

El envejecimiento al que se asiste en todo el Continente, parece no considerar en toda su extensión la necesidad "urgente" de mano de obra con la que atender no solo nuestros servicios públicos. Pero lo obvio no es detonante de mejora, en el curso de nuevas incorporaciones, sino más bien al contrario, como queriendo obligarnos a tener que asumir unas líneas rojas que eviten mezcla de consanguinidad, al tiempo que se pretende rebajar al máximo los costes de todos esos servicios, con un abuso tan desmesurado que produce nauseas.

Y hablando de fronteras, me pregunto si la bendición habida en Gibraltar, sobre la retirada de la verja, no podría tener algún parangón con lo que pudiera estar ocurriendo en Ceuta y Melilla, en plena crisis marroquí por querer anexionárselas.

Claro que las modernidades, en este tipo de cuestiones, no podrían ser nunca bienvenidas, en tiempos en los que las colonizaciones quedaron ya ampliamente relegadas.   

Mientras llegue el Espacio Schengen Mundial, tendremos que seguir contemplando cómo se debaten, por todas las fronteras, familias enteras buscando ensoñaciones... 

 

      

sábado, 22 de agosto de 2026

El retorno

 

 

O mejor, el reencuentro con uno mismo tras las vacaciones, no es asunto menor, ya que te devuelve a unos orígenes que quizás no tengas dominados, y sean los que te vuelvan a colocar ante dilemas incomprensibles que sigan atascados todavía.

 

No solo es en el plano individual, donde existen atascos. Ucrania se ve en el fondo de un saco del que no puede salir y de Rusia no cabe esperar soluciones milagro. Además, con la sombra de Putin que se alarga casi hasta el infinito, con su partido al unísono, perdiendo por momentos la sangre económica a raudales, se sigue agotando por completo cualquier facilidad para la paz y se expulsa a los jóvenes del camino emprendido hacia su futuro. Normal que en el país de Zelensky se escondan o escapen para no ser tomados por los militares, mientras en Rusia la deserción no cuenta. Se ha convertido en un conflicto eterno de consecuencias también eternas.

El reencuentro con uno mismo tiene la falsa promesa de poder saber qué hacer ante cuestiones de fondo, con todo el suelo levantado por las reformas estructurales que llevan ocurriendo un tiempo. Si los trabajos no convencen, sobretodo porque apenas te dan para vivir, con ese lastre de subida de precios que no cesa, mayormente por culpa de los otros, no se sabe qué hacer para cambiar el chip con el que superar el bache. No depende de ti, pero tampoco hay nadie que incida en los problemas hasta hacerlos invisibles; los políticos están en lo suyo y bastante tienen con arreglárselas para si mismos.

El caso es que no pinta bien para los próximos tiempos, en los que ni siquiera América, que lideraba los sueños de todos, estaría dispuesta a empeñarse con fórmulas atractivas. Más bien le faculta a su líder para hurgar en cualquier herida punzante hasta completar el dolo con saña. Su incompetencia para llevar a su país por la senda del bien para todos, posiblemente acabe en la suerte tremenda de un futuro sin pan, comenzando por los militares, que empiezan a estar cansados de tanta guerra.    

viernes, 21 de agosto de 2026

Lugar de encuentro

 

 

Está decidido, hay que concentrarse en algún punto para hacer ver el fundamentalismo de la raza aria que, a estas alturas, resulta ya imprescindible. Los grupúsculos están diseñados y seguro que sabrán hacer ver a la gente que no se puede pasar un día más haciendo alegres concesiones a los que, llegando de fuera, van a acabar con lo que siempre fue imperante.

 

Barcelona puede ser el perfecto foco de atención y no será solo esta vez que, como las anteriores, el ruido inunde las calles de consignas y amuletos. Banderas al aire, saludos fascistas, gritos retumbando dando sensación de poderío, volverán a querer hacernos partícipes de sus consignas. Claro que la ciudad está ya acostumbrada, como otras muchas, a este tipo de folclores fatuos, pero nunca está de más señalar el camino por el que no perderse.

 

No sabemos quién está detrás, ni lo sabremos nunca. Eso es lo de menos, lo de más es que nos escuche ese pueblo que parece dormido como lo estuvo siempre que alguien quiso tomar la batuta y dirigir una orquesta que enlazara con ese gran concierto que se espera.

 

De momento la gente no les hará ningún caso, pero la resonancia quedará ahí durante el tiempo suficiente como para hacer entender que no va a para de producirse, como esa gota china que termina perforando el cerebro; la misión está entendida y los órganos resolutivos, como siempre, dispuestos a dar el do de pecho en cada ocasión que haya que pronunciarse.

Los hombres y mujeres que siguen enfrascados en sus labores cotidianas, no le harán caso a sus proclamas, pero lo realidad convence de que se están dando las oportunidades perfectas, para reproducir casi lo mismo de lo que fuera el siglo pasado, con aquella gente hermosa que decía ser superior en todo. 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.