domingo, 24 de mayo de 2026

El ocaso

 

 

La pregunta que podríamos hacernos desde la calle es cuanto les debemos de pagar a quienes, tras ocupar una presidencia, se ven vacíos de oportunidades. Un saco roto en el que poder meter incluso hasta a monarcas que, una vez ociosos, tienen la necesidad de seguir siendo principales.

 

Que si sí, que si no, ya estamos viendo de todo, quienes inculpan y quienes defienden, ambos casi al unísono, para salvar responsabilidades partidistas incluidas aunque no pactadas. Todo dependería de la decencia personal atribuible a cada cual, siendo los primeros en salir del objetivo esos corruptores que dicen no saber nada, ni haber comprometido a nadie, por el mero hecho de ser lobistas esa figura siempre malinterpretada pero digna de ser tenida en cuenta como factor de interés liberal por acometer acciones provechosas.

 

Si la decencia es la que está en juego, veamos a cual de los cuatro que pasaron por tan dignísima función le eximimos del perdón, por vincularse, abierta o sesgadamente, en competencias remuneradas a cuenta de los múltiples contactos que nunca dejaron de mantener. Dejar de poner el foco en los cuatro parece de un cinismo abusivo, a través del cual sortear la acción de una justicia que se decanta por aquél que tiene más a mano, o se ve determinante, en su ofensiva hacia los prejuicios diferenciados por lo que cada uno de ellos haya podido representar.

En este país siempre se tuvo un respeto (quizás excesivo) por aquellos que alcanzaron cotas de gran nivel, sin reparar demasiado en su evolución financiera; el emérito como figura clave, eximido de toda responsabilidad, por el hecho de ser quien es, agradecidos además por tan encomiable trabajo por la Patria.

El Ocaso, esa gran firma aseguradora, con nombre de amigable retiro, seguro que nos podría explicar en qué podríamos basar la excelencia de las grandes participantes...  Y a quien siempre se tuvo por decente, le salen más caras las dádivas.

sábado, 23 de mayo de 2026

La normalidad

 

 

Como sujeto agente, ha cambiado su origen, y lo hace en un mundo en el que la mitad se ve enfrentada a la otra mitad, ocluida por unos medios que han tomado partido y se nutren del ruido ensordecedor, acompañado de imágenes prospectivas que, engañando a nuestro intelecto, nos proponen cosas que no son pero que parecen, todo con una finalidad concluyente, la de desviar nuestra atención hacía unos hechos que se verán consumados a no tardar.

 

Prospección, por cierto, palabra que ha puesto de moda una estrategia fundada en datos, eso sí, sin saber muy bien si son ciertos o equivocados, pero que quieren ser concluyentes a la hora de querer hacer participar a multitudes en actos aparentemente sensibles, pero llenos de mala baba, ensuciando con vileza realidades que puedan haber sido deformadas con anterioridad. 

Así las cosas... ¿podemos achacar a la normalidad lo que a todas luces viene siendo anormal? Sojuzgar, ejerciendo violencia, para intentar convencernos de lo que todavía esté por aclarar o demostrar, es una técnica empleada por extremistas, que usan la democracia en su provecho cuando les conviene y, cuando no, apartan su mirada de aquello que les pueda perjudicar por su implicación directa. Hablar de corrupción cuando se es o ha sido corrupto, y usa en su provecho lo que le pueda ser practicable, es de un cinismo calculado a propósito, a sabiendas de que pueden más los resultados obtenidos que los conculcados con las malas prácticas continuadas.

Cuando no hay correspondencia entre normalidad y buena praxis, entraríamos de lleno en la construcción de un artificio de buena planta pero de mal desarrollo que, aún consiguiendo objetivos presentes, le dejan maltrecho a un futuro por hacer, en medio de una anormalidad que satisface solo a los amantes de los prejuicios, edificados sobre una playa artificial de arena traída en volquetes.   

Recorrido abrupto

 

 

Desde que este blog iniciara sus pasos, hace ya 13 años, con intención de apoyar acciones de buen gobierno, de gusto por la integridad, hemos abordado muchos temas y hasta sugerido conclusiones, acertadas o no, con la idea puesta en que mejorara la sensación que pudiera ofrecer el ambiente, respecto a logros completados en su caso.

 

Lamentablemente no se han producido en la medida que esperábamos y no es por ineficacia, a la que nunca apelamos, sin ser poco más que esa palabra en el desierto que pudiera ser reconocida de manera aceptable. Ha ido apareciendo pruebas que han sido incontestables, abundando en una pérdida imparable de buenas prácticas que teníamos el agrado de publicar al conocerlas, pero que, según hemos visto, se han ido ocluyendo con la llegada de idearios fundamentalistas desde una extrema-derecha que, apoyada desde algunos centros de poder, se van consolidando en nuestras sociedades y en sectores, hay que decirlo, poco proclives al análisis y al rechazo, con teorías además insostenibles.  

 

Con serenidad, sin nervios, poniendo objetividad frente a ruido, tenemos que ser claros en destacar la ofensivo que, bien por deméritos propios, bien por la insistente presión que ejerce la derecha para conseguir sus fines, con aportaciones significativas, desde lugares que siempre han sido favorables y ahora ven cómo se ofrecen visibles datos de inseguridad, a la hora de cubrir etapas imprescindibles, sin el consenso de los aliados, las oportunidades de gobierno en buena lid y mejor sustento, han decaído por la cuesta imparable del derrotismo.

Entre tanto podemos ya observar que se han ido descomponiendo grupos antifraude en Comunidades gobernadas por el PP que, con tal de acceder definitivamente a La Moncloa, hace oídos sordos, cuando no incentiva aún más los procesos, planteando recursos judiciales con poco recorrido pero suficiente entidad como para ir posicionándose en el inmovilismo. Los inmigrantes han de pasar todavía por tiempos de zozobra y las leyes promulgadas se encuentra en riesgo de reversión en plazos relativamente cortos. Osea, lo concreto sustituye a lo prosaico, mientras la izquierda que pretendía acabar con el bipartidismo, no se encentra siquiera consigo misma.

Todo ello nos lleva a considerar que quizás donde podría encontrarse mejor el progresismo, es volviendo a esa Oposición sincera que se esfuerza y trabaja por volver al espacio del que nunca debió perder, con tal de ganar todo el tiempo perdido, asomándose a esa corrupción endémica que se resiste en dejarnos. La falta de voluntad, en todos los sentidos, acaba siendo del todo culpable...