jueves, 9 de julio de 2026

¡A trabajar, vagos!

 

 

Se diría que lo hubiéramos soñado, en lugar de oírlo de viva voz del jefe de la Oposición en España. Toda una historia plagada de huelgas, de evasivas, de inconcreciones, hasta encontrar consenso, para que ahora venga el Sr. Feijóo, que aspira a ganarse a todo el mundo en las próximas elecciones, diciendo que las bajas que toman los trabajadores huelen a chamusquina. Como si no tuviera conciencia, que quizá no la tenga, de lo sufridos que son quienes están todos los días sufriendo acosos y faltas graves de consideración en sus labores.

 

Es de esperar que sean estos los que terminen pagando, con la misma moneda de la desconsideración, cuando llegue el momento de votarlo, porque si no acabaría siendo una solución lamentable en contra de sus propios intereses. Menos mal que doña Isabel ha salido al paso apostillando lo que dijo su jefe o subalterno, según se mire, asegurando la razón de santo que lo asistiera.

 

Mientras los empresarios y los trabajadores no sean capaces de entender que de los acuerdos firmes ganamos todos, no habrá manera de solventar esas diferencias de calado que acaban aflorando, cada vez que interviene el jefe de la CEOE como abogado de pleitos pobres, que ni sirve de empresario ni de trabajador, solo de cantamañanas experto en interferir, cada vez que se le presenta la ocasión y le sirve de amuleto a la derecha.

Posiblemente aquellos empresarios de izquierdas, que también los hay, aprovechen la ocasión para descalificar propuestas como la de Feijóo que sobretodo molestan a la convivencia pacífica y provechosa cuando el win win  se presenta como lo está haciendo en el momento actual, amparando unas relaciones vivas y motivantes.

Por favor, señores políticos, estén a lo suyo y dejen de intentar descomponer lo que tanto costó sujetar. Claro que lo suyo parece ser eso, descomponer lo que puedan...  

miércoles, 8 de julio de 2026

Lujo privativo

 

 

El que se adquiere cuando se está en disposición ostensiva de poder, y todos los demás en la de actitud contemplativa, esperando que su respuesta no incomode a un patrón, agresivo y faltón, que está dispuesto a ganar por encima de todo, sin que ofrezca la posibilidad de repesca en ningún caladero.

 

Hasta qué punto hay bajeza moral, añadida al desprecio cultural, en quien se sabe el dueño de todas las ausencias de reminiscencia del pasado, en el país más poderoso del mundo. Quiero sentirme aferrado a la idea de que hay una mayoría de norteamericanos que ven en su presidente una clara predisposición al fracaso, sobretodo por la línea emprendida de desprecios al mundo, incluidos amigos de toda la vida.

 

Desde su entrada en la Casa Blanca hay muchos más errores que aciertos y eso le está costando un grave perjuicio a los ciudadanos, expertos en lucha diaria para la supervivencia. ¿Acaso no son conscientes del lío en que les han metido, casi sin comerlo ni beberlo? Puede ser que no, lo que explicaría la emperrada apuesta por el América First de la que apenas se obtienen réditos en las calles, pero el estruendoso fracaso en Irán o la fallida alianza con Netanyahu tampoco sirven de garantía para lo que viene.

Si todo el mundo está ahora pendiente de Trump y de lo que pretenda hacer de este mundo, hipotecado ya por el capitalismo agobiante, los pasos siguientes deberían estar protagonizados desde lugares distintos, aunque hoy por hoy nadie se atreva a dar la oportuna respuesta, solo la tímida voz de Pedro Sánchez, en medio de una atribulada reacción de los líderes europeos, empeñados en guardar la ropa mientras nadan en un mar demasiado confuso.

El lujo que constantemente superan los milmillonarios, se mueve como telón de fondo, en un escenario que les es muy favorable...   

martes, 7 de julio de 2026

Paranormal

 

 

Queremos referirnos hoy a esos fenómenos que nos caracterizan y le ponen sello español, con ribetes de singularidad. Si lo enlazamos con la "comidilla" de la que hablábamos ayer, estaríamos presumiendo de algo que no se da en casi ninguna parte del mundo, a menos que se halla trasladado allí algún ciudadano criado y educado en este particular espacio del globo.

 

Fijémonos pues en esos Koldos, Leires, Bendodos, Aldamas... incluidos en una lista casi inacabable de la que, pasado un tiempo, puede que queden para una posteridad como casos de estudio sociológico, al ser para nuestra Sociedad el complemento necesario sobre el que diseñar la cultura del progreso, sin olvidarnos, claro está, del Pequeño Nicolás, tan carismático y sensible al integrismo sectario.

 

Aisladamente, siendo objeto de estudio, veremos cómo, formando parte de una vulgaridad escandalosa, se introducen con cierta eficacia, en ese mundo tan singular en el que la política manda y distribuye todo tipo de negocio. Espabilados en la enseña característica de cualquier bandera, saben tocar el palillo adecuado para cada ocasión, de la que extraer notoriedad suficiente.

No hay ninguna duda de que han aprendido a relacionarse, y lo hacen sin el más mínimo complejo, hasta dar con la tecla para hacer sonar el instrumento válido, que no requiere de nociones básicas de solfeo, solo buen oído y desvergüenza capaz de entroncar con cualquier desvergonzado que tenga poder suficiente como para inducir a la estafa. El desenlace vendrá marcado después por la energía que pongan los señores magistrados de la Justicia, en su deambular por ese espacio privado y prácticamente intocable por el que transitan, opacando sus propias singularidades.

¿Es paranormal el fenómeno? Creemos que sí, que no hacen falta además exquisiteces con las que poder alumbrarles, se bastan y sobran los condicionados para levantar, aunque solo sea con carácter temporal, ese pequeño imperio en el que se hacen notar y evidencian demasiadas carestías.    

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.