Como si hubiéramos convertido el mundo en una inmensa verbena, en la que sus atracciones se nos ofrecieran caras y, además, imposibles de detener, obligados a cogerlas en marcha, unos cuantos atrevidos, dispuestos a hacer lo posible para descerebrarnos, se reúnen en concilio para conformar todo lo que ha de venir en un inmediato futuro, prescindiendo de los demás, a la hora de echar a andar sus descabelladas soluciones, intentando arreglar (según ellos) una situación que quieren revertir a su modo, deshaciendo lo que ya estaba hecho con instinto suicida.
Se van despejando las incógnitas al otro lado del Atlántico y la desconsideración de aquellos líderes del Norte, sobre su propia gente, no deja de sorprendernos a quienes, siendo legos en economía, sin embargo sabemos lo que hay que trabajar cada día para sobrevivir, con las tareas siempre pendientes del hilo que sostiene la marioneta en que nos han convertido.
Los norteamericanos de a pie, que están aprendiendo deprisa de qué manera poder solucionar en privado todas las estrategias que se proponen viven, entre expectantes y desconfiados, la imparable fuerza de un destino que se les antoja por lo menos complicado y con esas puertas que se van cerrando tras ellos, para adentrarse en esa habitación del pánico en la que hasta lo más fácil va a ser complicado. El todos contra todos, en sucesivas andanadas, haciendo caso omiso de los que de verdad saben, que ponen en cuarentena unas facilidades que nadie cree, en cuestión de mejoras.
Que los multimillonarios de allá pierdan algunos millones, implica nada en su trayectoria. Seguirán ufanos en sus conquistas espaciales, en sus demostraciones calcadas de bajo interés cultural, debajo de las que se asoman las más grandes carestías, para convertirse en simples seres humanos.
Habrá que esperar a ver cómo se van proyectando, en su particular mundo, los también particulares deseos de conquista y en qué se irán convirtiendo de cara a esas vidas que les son ajenas y que contribuyen, cada día, a hacerles más ricos, pese a lo que nos están organizando.
Mientras, refugios y kits de salvación, se nos van a seguir ofreciendo como solución drástica.