miércoles, 2 de abril de 2025

En la verbena

 

 

Como si hubiéramos convertido el mundo en una inmensa verbena, en la que sus atracciones se nos ofrecieran caras y, además, imposibles de detener, obligados a cogerlas en marcha, unos cuantos atrevidos, dispuestos a hacer lo posible para descerebrarnos, se reúnen en concilio para conformar todo lo que ha de venir en un inmediato futuro, prescindiendo de los demás, a la hora de echar a andar sus descabelladas soluciones, intentando arreglar (según ellos) una situación que quieren revertir a su modo, deshaciendo lo que ya estaba hecho con instinto suicida.

 

Se van despejando las incógnitas al otro lado del Atlántico y la desconsideración de aquellos líderes del Norte, sobre su propia gente, no deja de sorprendernos a quienes, siendo legos en economía, sin embargo sabemos lo que hay que trabajar cada día para sobrevivir, con las tareas siempre pendientes del hilo que sostiene la marioneta en que nos han convertido.    


Los norteamericanos de a pie, que están aprendiendo deprisa de qué manera poder solucionar en privado todas las estrategias que se proponen viven, entre expectantes y desconfiados, la imparable fuerza de un destino que se les antoja por lo menos complicado y con esas puertas que se van cerrando tras ellos, para adentrarse en esa habitación del pánico en la que hasta lo más fácil va a ser complicado. El todos contra todos, en sucesivas andanadas, haciendo caso omiso de los que de verdad saben, que ponen en cuarentena unas facilidades que nadie cree, en cuestión de mejoras.

Que los multimillonarios de allá pierdan algunos millones, implica nada en su trayectoria. Seguirán ufanos en sus conquistas espaciales, en sus demostraciones calcadas de bajo interés cultural, debajo de las que se asoman las más grandes carestías, para convertirse en simples seres humanos. 

Habrá que esperar a ver cómo se van proyectando, en su particular mundo, los también particulares deseos de conquista y en qué se irán convirtiendo de cara a esas vidas que les son ajenas y que contribuyen, cada día, a hacerles más ricos, pese a lo que nos están organizando. 

Mientras, refugios y kits de salvación, se nos van a seguir ofreciendo como solución drástica.

Incomprensible

 

 

Que toda una real figura adopte la iniciativa de denunciar ante los tribunales a un amigo, de toda la vida, al sentirse profundamente agraviado por los cambios de opinión, versados sobre él, por el denunciado. Pero bueno, la verdad es que ha tenido mucho tiempo (el emérito) para estudiarlo, desde que todos sin excepción, salvo los íntimos, pusiéramos en tela de juicio todo lo acontecido durante su reinado.

 

Otra vez vuelven a surgir las voces que, en pro y en contra, intentan rematar una cuestión que ya parecía estar dejando de ser candente, mientras vivía retirado en su edén de Oriente próximo. Eso nos lleva a la conclusión de que sus asesores están más por su futuro, más plácido, más comprensivo, en unas horas que están más cercanas de las últimas que, por naturaleza, a todos nos llegan.

 

Que dé por finiquitada una demostrada amistad, a cambio de una resolución posible en la que indirectamente se nos obligue a reconocer lo mucho que hizo en su día y lo desagradecidos que fuimos los españoles, que nos inclinamos por criticar abiertamente la vergüenza ajena que nos produjo, no una, sino muchas de sus actuaciones abiertamente deleznables en un monarca que, además, siempre nos dijo que teníamos que tratar de ser virtuosos en todo, para que la Justicia, que es igual para todos, no se metiera a enjuiciar nuestros actos.

No, parece que esté viviendo en una burbuja en la que, la pesadez de su forzado exilio, le esté causando tal malestar, que trate por todos los medios de blanquear, a base de "materiales" de escaso valor probatorio, que obliguen a los jueces a reconocer esa parte, ahora más olvidada, en la que hizo mucho, sobre todo por sus amistades...

Incomprensible... de todo punto. 

martes, 1 de abril de 2025

Aprender mata

 

 

Una expresión metafórica, por supuesto, ya nos valdría arriesgar la vida si queremos aprender a vivirla, siendo conscientes de lo que hacemos, pero lo que sí se sabe es lo que le cuesta al alumno universitario encarrilar su futuro, a base de inversión tras inversión, hasta conseguir el reconocimiento en un título académico.

 

Me incorporé ya, muy mayor, a una universidad pública, con el ánimo de aprender solamente, ya que mi carrera profesional ya estaba agotada y por eso me satisfizo tanto, reunirme con esa maravillosa gente joven. Pero enseguida me di cuenta de que ellos estaban más por la obtención del preciado titulo que les reconocía delante de cualquier empresa, que de acrecentar su saber en la materia. Mi decepción fue grande ya que, a partir de entonces, rodeado de intereses espurios, no resultaba tan gratificante entre tanta competencia.

 

El nivel de exigencia, en aquella institución pública, era elevado, y pude comprobar cómo los esfuerzos recompensaban a quienes no podían perderse en los costes de tener que repetir o aplazar convocatorias, pero ahora que se ha abierto la veda y que se puede concurrir a las privadas, en las que, con dinero, es más fácil triunfar en el corto plazo, alcanzando el codiciado pergamino para colgar en la pared, no me extraña que desde el gobierno se quiera apretar un poco el cinturón de quienes solo ven en el trabajo académico una manera de ganar dinero, atrayendo a esos jóvenes sin excesivo talento pero de padres algo más sobrados. Solo hay que ver cómo están proliferando las "empresas" dedicadas a la repartición de masters a cambio de dinero, de manera que hay que añadir a la matrícula un abultado precio para que sirva aún más a la consecución de títulos.

Las diferencias están servidas, los esfuerzos no serán los mismos para quienes tienen padres con posibles, que para los que vivirán en la alternancia, con trabajos precarios, para costearse unos estudios que acabarán siendo muy sangrantes.