Si no lo hubiera, estaríamos realmente perdidos, pero sabemos que el Apocalipsis, que tanto juego dio en el pasado, solo está hoy en las mentes atormentadas por los sucesos que acaecen , a los que no se les ve salida. Pero no, hay futuro más allá y conviene no olvidarnos nunca de que existe y que debe ser conquistado no solo por las tendencias en uso, significativamente anti-humanistas, sino por todas aquellas verdades que teníamos perfectamente asimiladas y se nos quieren convertir en paja.
Cuando se vino abajo el Imperio Romano seguro que ya pensarían sus moradores que venían los bárbaros a ejecutar, en medio de las persecuciones violentas de Domiciano, lo que posteriormente acabó dando origen a un tiempo nuevo. Pensar entonces que todo acababa podría ser comprensible, pero es la Historia, con mayúsculas, a la que apenas concedemos sus efectos comprensivos, la que nos sitúa en esa parte de verdad que nunca se extingue: la de que cualquiera que llegue a este mundo tiene la posibilidad de modificarlo, solo hace falta poner los medios, esos que casi nunca vemos al alcance.
EE.UU. no es solo su presidente, aunque sus palabras, sus gestos, estén ahí como certificando que su poder es omnímodo aunque, al menos en lo cultural, sus incorrecciones nos muestren a un millonario subido de tono, dispuesto a hacer de lo suyo el eje principal de todas las suertes.
Imposible parece que terminen triunfando sus tesis, en medio de tanto descalabro que afecta a tantas personas. Imposible que caigamos todos en la vacuidad de sus contenidos o simplemente de promesas incumplidas, la reacción general no se va a hacer esperar y lo hará cuando se vean remedios estructurales que pongan a cada cual en su sitio, no solo en las alturas, también en el llano.
Fijémonos en las hormigas, pacientes, trabajadoras, siempre bien encaminadas, dispuestas cada una a realizar su trabajo perfecto. La confianza tiene que ganarse día a día, sustituyendo lo falso e imponiendo lo verdadero, que es como se empieza todo, para restituir la fe antes perdida.