Para que entre cada mañana el aire puro, que no limpio quizás, es una buena acción que deberíamos ejecutar y así, de paso, mirar lo que desde él se ve, aunque no sea todo con la claridad requerida ante el corto campo visual de nuestra mirada.
Vivir encerrados, solo dependientes de los medios de difusión de noticias, equivale a sentirse un poco muerto en vida; es como dejar nuestro espacio vital en manos de alguien que siente por ti, examina por ti y hasta calibra por ti, lo que demandaría nuestro paso y consiguiente quehacer para no irnos de vacío.
Creo que son innumerables las veces en las que he podido darme cuenta de mis propios errores cometidos, solo con querer comprobar, corroborar, las cosas que han ocurrido, sobre las que me había hecho composiciones de lugar que no se correspondían o distaban bastante de una realidad siempre sometida a juicio. Por ello creo también que hay que ser muy cautos y sobretodo respetuosos con las apreciaciones y darle más vueltas a esos juicios de valor a los que sometemos, sin razón, nuestro cálculo estimativo.
Dicho todo lo anterior, que ya es bastante, hoy quiero atreverme con esas clases medias a las que quizá pertenezca, que fluctúan con rumbos cambiantes que les prometen lo mejor, sin apenas trabajar por conseguirlo. Así estamos muchas veces a la espera de que todo cambie y se aproxime más a la dulce sensación de comodidad que la mayoría de las veces ofrece su estado, solo asomado al balcón, apoyado en la barandilla.
Nuestras sociedades imperfectas, siempre cambiantes, expuestas a las chapuzas y desvaríos de sus líderes, habrían de ser capaces de poder imprimirse razones puras, es decir, lo mínimamente solventes como para pararse a meditar y extraer, del aire que respiran, la suficiente fuerza interior como para llenar los pulmones de aire un poco más limpio. Solo eso, que ya sería bastante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario