viernes, 24 de abril de 2026

La fiebre del oro

 

 

Superproducciones cinematográficas, con el inigualable Charlot y su Quimera del Oro en un puesto preferente, nos han ido reflejando la historia de aquellos hombres obsesionados con su búsqueda, que tantos aconteceres desgraciados culminó. Aquellos trámites fueron in crescendo hasta el día de hoy, resuelto ventajosamente por una insigne minoría que aún se afana por encontrarlo para seguir sumando, en una proporción que ni ellos mismos soñaban.

 

Afortunadamente para ellos, no se detiene el encuentro del filón, hábilmente seguido por profesionales que hacen de las guerras, de los excesos, de las carencias... símbolo al que adorar, con tal de no agotar las existencias. Se diría que el aumento de promotores, de conquistadores, de señaladores de caminos no siempre fortuitos, ha sido tal, que prácticamente todos apareceríamos involucrados en algún momento en su conquista a mayor o menor precio. Es innegable que nos han imbuido del todo para que pongamos, en primerísimo lugar, aquello que da premio a quien encuentra la manera de hacerse un hueco entre los triunfadores, en detrimento de los perdedores, que suponen la mayoría.

Así se nos está ofreciendo el engañoso "progreso" de cara a un futuro en el que no cuentan ya los billonarios, por haber quedado al margen, enredados en conquistas espaciales mucho más altivas, dignas de esos nuevos caballeros que, desde la Edad Media, están copando los mejores puestos.     

Los efectos de la trasposición parecen inagotables, mientras los embaucadores sigan dándolo todo por convencernos de lo que vale y sirve el recurso brillante del metal, con el que algunos "iluminados" cubren sus despachos. Destruirlo todo parece ser la solución, para volver a construir sobre las ruinas y seguir alimentando las ideas retrógradas en las que se inspiran.

Lástima de una maldita fiebre que les inutilizara para siempre...  

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