Calma tensa y requiebros mutuos aunque en sentido negativo, es a lo que están llegando los países enfrentados en una guerra, a todas luces ilegal, que tiene sus motivaciones en oscuros intereses que trascienden del interés de las poblaciones contendientes, e inmoral por las víctimas inocentes que están provocando.
Toda una estrategia inexplicada para salvar unos muebles que pueden haber quedado en desuso, ya que su reparación va a ser mucho más cara de lo que se suponía en su inicio. Mientras, lo que se juegan las partes, tamizado enormemente por toda una serie de intereses económicos en juego, rebasa ampliamente aquello que se podía interpretar de bien común ciudadano para terminar aflorando otros más particulares, que gestionan los márgenes, siempre aleatorios, de quienes están detrás de cualquier movimiento especulativo y que son muy variados.
Las vías pueden llegar a separarse, al interpretar Netanyahu que no le interesa parar lo ya iniciado mientras no concurra en el escenario una victoria sonada de sus principios maléficos, que aparentemente no tendrán nunca la reparación consecuencial que se requeriría. Contrariamente a la opinión popular del mundo, lo acaecido en Oriente Medio en los últimos tiempos solo ha traído más desolación y problemas de los que ya había planteados, siendo además motivo de desunión en un Occidente que ha de sopesar, a cada momento, si interesa más estar a favor o en contra de seguir al lado de un país como Israel que promete ser fiel de una balanza trucada por el valor de una relaciones económicas boyantes entre empresas que también están en el alza de sus proyecciones.
La respuesta de la UE no puede ser más ambigua: nadar y al propio tiempo guardar la ropa, en medio de sucesivos temporales que pueden acabar siendo el tsunami perfecto, dejándonos a todos sin la reserva espiritual que manteníamos casi intacta, para terminar inmiscuyéndose, sin principios, en el afán categórico de aumentar las ganancias de unos pocos...
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