Si el mundo en que vivimos se compara con cualquier edición en pruebas, sometiendo a juicio los porqués de los cambios habidos en los últimos años, habría que tomar en cuenta, en primer lugar, lo que hayan podido influir todos esos magnates codiciosos que no cesan en su intento de quedarse con todo. En medio todas esas filosofías que se hayan podido oponer a sus desmanes y que han ido quedando relegadas a fines buenistas, que tampoco avanzan en el concierto de morales tomadas por caducas.
Hemos conocido, desde la llegada del nuevo siglo, unas cuantas crisis duras de las que hemos salido un poco descompuestos, sin sellar todavía algunas de las causas que las provocaron, mientras tanto, el ascenso de los grandes capitales se ha ido reforzando en una espiral tan difícil de contener, que aún pesa más todavía su decidido aporte a la concentración de riqueza que dispara casi todos los records, en manos que se olvidan de contribuir con quienes aportan las suyas para seguirles beneficiando.
Me tildarán quizás de populista, pero no hay nada más populista que el distanciamiento que observan algunos, al restregarnos por el rostro cuanta voluntariedad se queda en el camino y que poco esfuerzo dedican a reducirlo. Las cuentas claras de la enorme diferenciación entre sectores sobrados y desfavorecidos, martillea el cerebro que trata por todos los medios de eludir los costes de tener que vivir cada vez más aislado. Al terminar el día, cada día, el mismo cansancio que logra cerrar los ojos, se rejuvenece al día siguiente con la misma perspectiva inagotable.
Que alguien me diga, nos diga, qué hacen los que más tienen en pro de ponerle freno a esa desigualdad cada día más galopante...
No hay comentarios:
Publicar un comentario