Creo que no deberíamos pasar por alto la celebración de este día. Muchos menos quienes, casi desde que el mundo es mundo, nos dividimos en obreros y patronos. Los unos laborando, los otros encomendando el trabajo con la única intención de crecer y crecer sin freno, un deseo sano, sin duda, pero desde aquellos tiempos degradado de tal manera que no es fácil identificar muy bien si será posible, algún día, corregir el fiel de la balanza para que ambos núcleos intensifiquen sus lazos, se logren lugar en ese objetivo común en el que pocas veces coinciden.
A ninguno de ellos le podremos echar en cara que cualquiera vaya a ser más proclive de ello. Puestos a encontrar diferencias, las hallamos de los dos lados, y a veces hasta insondables. Es más, hay quien piensa que, a medida que se distancian los caminos sin sondar, es todavía más fuerte el abandono de cualquier camino juntos. Unos se dedicarán a obedecer para no borrarse de la nómina, otros emprenderán, quizás con inusitado éxito, el camino que pueda alejarles aún más, con arreglo a lo que pagan y les cuesta. Claramente es muy difícil, raramente inusual, que consigan sincronizarse los relojes para dar la hora puntualmente, sin que los desafíos pongan patas arriba ningún encuentro.
Luego que si la conciliación familiar, que si las diferencias abismales de sueldo entre grandes ejecutivos y subalternos, o incluso ingenieros recién llegados, sin cualificación demostrada o transitoriamente bien utilizados. Tampoco del desinterés demostrado por reducir las desigualdades existentes en el acceso a la vivienda, esa botella taponada a conciencia, por esos otros grupos enquistados en las sociedades, dispuestos a ramplar con cualquier vivienda, si no del todo aceptable, al menos con interés productivo con un expreso margen de aclimatación al mercado.
Si desde la cúspide, donde empieza todo, nadie es capaz de limar asperezas, hacer posible el acceso a una vida más cómoda, sencillamente más adaptada al nivel de producción que exige el sistema, encabezado por los patronos, faltará la grasa con la que lubricar la relación de la que los más jóvenes quieren escapar antes de terminar cayendo en el olvido.
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