Yo me pregunto a quien beneficia que jueces y políticos anden a la greña, mientras el país va perdiendo mecha por todos lados. ¿Acaso su preponderancia vale más que nuestra propia resistencia vital? No lo creo, pero viendo cómo se producen, sin cesar, las idas y venidas por los juzgados y las sentencias un tanto esperpénticas de sus señorías, apostaría por tener que emplazarnos al futuro con la determinación afinada de un cambio muy profundo ya que, si no, acabaremos tan mal que, toda la desconfianza añadida en el paso del tiempo, mutará sin remedio la forma de encarar cualquier solución que no pase por lo solidario.
Nos estamos viendo tan dependientes de lo ideológico, de lo partidista, que vamos a seguir aplazando, sine die lo que debiéramos haber acometido hace ya mucho tiempo, sin tener que estar pendientes de quien ocupe el trono vehícular desde el que rasar las inercias.
Quizás no estemos siendo conscientes de lo que nos estamos perdiendo en las lides atizadas desde mentideros interesados. Nada es lo que parece, eso me dijeron siempre mis seres queridos, y compruebo que es muy cierto, al ver cómo se enredan, a propósito, hasta señalarnos donde puede ser que estén sus errores de bulto que propician nuestros desvelos. Entre bulos y mentiras nos quieren situar donde ni nos apetece ni queremos, al ser todo una fábrica que quiere desvirtuar lo real hasta hacerlo ficticio.
Mientras los periodistas sigan también por esa senda vendida al mejor postor, estaremos siendo tratados como esos pobres niños a los que se les engaña con unas cuantas golosinas. Y ya somos demasiado adultos como para creernos todo lo que nos cuentan...
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