Si se nos ofrecen distintos planos, la realidad adquiere también distintos significados y no puede valorarse del mismo modo que una foto fija, que no admite dudas. Esta vez Ceuta le puede ofrecer a cualquiera toda una serie de explicaciones que quizás no se busquen, pero que aportan teorías capaces de desmontar idearios.
La primera que invade mi mente, también centra una invasión de alegre juventud, engañada en sus ensueños de realización imposible. Su resultado condujo a la muerte de unos cuantos, que seguro que no venían con esa intención, la de morir por nada, o mejor por aquello a lo que fueran enviados por quienes, de manera criminal, cifraban sus expectativas en terreno impropio. Y que no me venga la ministra echándole las culpas a unas supuestas "mafias".
La segunda, la de los oriundos de la bella ciudad tomada como símbolo de lo posible y a la vez inalcanzable. Les pilló por sorpresa y quedaron aterrados, pensando en algo que nunca se produciría, pero servía para inquietarles a pesar de lo incruento; toda una invasión de jóvenes que venían con buena intención, pero prometía quitarles la paz de su buena vida. Tener que plantearse una acogida que les implicara reparto, le supone a cualquiera una razón de peso muy sustanciosa, aunque no para querer echársela a la espalda, sobretodo con trazas de odio hacia un invasor que viene a llevarse lo que es nuestro.
La tercera, una más distinguida pero menos valorada desde su interés humano. Me refiero a la desigualdad, de interés creciente, que pone sobre la mesa toda una serie de explicaciones que nos deberíamos dar sobre la forma de encarar nuestra propia existencia, entre ellas la de considerar si tenemos que participar, de manera individual, en la nueva concepción del ser humano como ser social, por encima del interés material que nos empuja hacia determinadas conquistas.
De momento estos son los distintos planos que ofrece la situación creada, en la que se han retratado unas cuantas miserias, protagonizadas por algunos políticos de alto nivel europeo.
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