No es muy distinto de lo que la calle entiende: que la policía que nos debiera proteger a todos, prefiere inclinarse por algunas particularidades bien distintas. Sus antecedentes de policía "patriotica" inducen a sospechas todavía no despejadas.
Todo el mundo ha visto cómo los agentes se han empleado a "fondo", de manera claramente desproporcionada, en un caso claro de deshumanización, en una ciudadana que venía cumpliendo, de manera irreprochable, con sus deberes ciudadanos que incluían el pago religioso de su alquiler, viéndose arrojada del domicilio que habitó durante tantos años. ¿No tiene defensa su proceder? Parecer ser que no, que lo que impera es proteger más bien a quienes hacen de su norma ley inapelable.
Luego están las competencias, que si el delegado del gobierno, que si la justicia, o que si la imprudencia llegada de instancias también inapelables, el caso es que, el uso de la fuerza a mamporrazo limpio, nos deja a todos, participantes o no, huérfanos de protección contra las injusticias.
De las causas no podemos hablar porque lo exige la falta de datos constatables, pero el hecho de que sea la policía la que se muestre en libertad para actuar a su modo y manera, hace pensar de que acude "por libre" a sofocar agravios que a cualquiera le parecerían punibles y no precisamente lo contrario.
Por lo pronto, el ministro Marlaska sigue dando muestras de que su gestión navega por unos mares cuya agitación le supera ampliamente, viéndose obligado a rectificar ante unos mandos policiales que, como se ve, le imponen criterios de los que quizás no participe.
Si la izquierda se resiente, algo tendrá que ver con la idea protectora de clases sociales pudientes y no de lo que todo el mundo entiende como ecuanimidad suprema, sean cuales fueren los motivos que la demanden.
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