martes, 22 de septiembre de 2026

Mensajeros del miedo

 

 

Lo último que hemos visto es la criminalización de algunos periodistas, generalmente los que se oponen al tener que escribir lo que no es o reescribir sobre lo que más conviene, evitando las cuestiones peliagudas que señalan bulos y mentiras de parte, cuando no están previamente verificadas. La sorpresa nos deja a todos con la boca abierta, sin poder espetar nada que rechina en los oídos de quienes lo escuchan. Qué fácil puede resultar cualquier gestión de gobierno que pueda ser claramente criticada, cuando son precisamente los críticos quienes están ausentes.

 

Muchos líderes de antaño se dedicaban a perseguir físicamente a sus detractores, lo que significa que podríamos estar desandando mucho terreno en la aclaración que al público le interesa, cuando aparecen señales disruptivas que quieren ocultar lo que tiene que ser visible. Si en estos líderes de hoy se están dando circunstancias semejantes a las de antaño, es muy posible que, de certificarse su poder en las ejecutorias continuadas, se impongan plácidamente unas tesis que hace no mucho tiempo serían radicalmente censuradas.

Por el camino transitado en los nuevos enfoques, no solo hay medios afines, también personas que han sido capaces de renunciar a sus propias ideas para someterse a un poder que paga bien y recompensa a quienes lo arropan. Se puede entender entonces el cómo y el porqué van adquiriendo virtualidad, pero sin acabar en realidad, las tesis que propugnan ahora y que consiguen empañar los prejuicios que hasta hace bien poco se consideraban indispensables en una clase media ordenada y cumplidora, dispuesta a acatar las leyes y seguirlas como fundamentales para la democracia.

Si al mensajero hay que atacarlo por el simple hecho de traer noticias que no son gustosas, y que demuestran el grave deterioro que se está sufriendo, estaremos apañados con lo que puede continuar como objetivo siguiente, en el sentido de privarnos completamente de lo que nos traían de manera continuada. Preguntas supuestamente capciosas para el entrevistado, ordinarias para obtener resultados veraces, van a quedar sin respuesta o directamente señaladas con el fin de perjudicar a quienes las publican.

Por aquí ya vamos caminando por esos espacios mórbidos de esa democracia a la que quieren ver enferma y en camino de pronta desaparición, si nadie le pone remedio. El miedo viene de los que proponen censura y no de quienes estaríamos satisfechos con saber más de lo que se nos oculta. 

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