Las aguas, desbordadas en un principio, no pueden volver a su cauce en una Ceuta en la que confluyen demasiados problemas, y casi todos pendientes de resolución. Un nuevo foco se ha presentado, casi de improviso, ante la filtración de un "informe" policial, que no era del conocimiento de un ministro tan importante como el de Interior, en un país en el que la seguridad del estado, defendida principalmente por sus cuerpos de Seguridad, interviene para ponerle las cosas duras al gobierno del que depende.
De nuevo, el ministro que nunca sabe nada, tampoco sabía de la existencia de este informe, suscrito por policías presumiblemente enterados de todo lo que estaba pasando (con premeditación y alevosía) y dejaron hacer sin intervenirlo, cuando ante cualquier posible amenaza se han de movilizar todos los recursos existentes, incluso los menores.
La competencia de Marlaska se ha vuelto a poner en tela de juicio y, lo que es peor, incide en el descontrol de los servicios de los que él es absolutamente responsable y que han puesto a Ceuta en el centro de una diana, que se visualiza a miles de kilómetros de distancia, mientras los pobres ceutíes tienen que vérselas por sí solos pero con la solidaridad, también puesta en duda, de tantos patriotas exigiendo respuestas contundentes, en sentido real de la palabra, a favor de soluciones drásticas.
Mientras tanto, del problema más serio en curso, como son los menores, la solidaridad del resto de España brilla por su ausencia y, más bien al contrario, busca una confrontación que nunca ha existido en aquella parte de esa España, evidentemente olvidada durante mucho tiempo y mantenida bajo el reflujo de constantes miradas magrebíes que sienten envidia de lo que allí se traduce, con una población que no es tan hegemónica como la peninsular y donde la diversidad es un estilo de vida.
Tenemos todavía asegurada una temporada larga de historias continuadas, pero pidámosle al gobierno, por favor, para no incomodarle, que acelere todos los datos útiles en su poder y se acabe poniendo mucho más serio de lo que está, con todos los intervinientes que quieren aprovecharse de la situación creada, en la que solo vemos víctimas.
De la policía progresista ya hablaremos en otro momento, cuando lleguemos a entender que algún día pueda serlo.
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