sábado, 19 de septiembre de 2026

Sentido y sensibilidad

 

 

No sé si los opinadores hacemos bien, invocando sentimientos catastrofistas, pero ante una posibilidad real de que los líderes referidos a cada instante, sigan atacando sus objetivos y no se vuelvan buenos, adoptando la moral tradicional que aconseja el Papa desde el Vaticano, careceríamos de la seguridad que se nos niega y tendríamos que buscar a toda costa.

 

Desde luego que opinar es gratis, pero si las opiniones que se difunden cada día y cada hora, a cada instante, en sentido siempre inverso, se pueden contrastar con datos fehacientes, creo que es mejor fiarse de sus refrendos, antes que dejarse llevar por la furia desatada que, casi siempre, contienen las que nos quieren inducir al lado salvaje de los pronunciamientos.

Si los pronunciamientos vienen cargados de soflamas patrióticas, por el lado de quienes se sirven de ellas, provocando riadas de descontento y bulos, la necesidad de una buena información se impone de manera drástica en la mayoría de casos, frente a los que piden descaradamente salir a las calles, haciendo ruido e insultando por doquier, a los que difieran de sus ideas contrarias. Así que haríamos bien apartándonos, como ciudadanía alegre y confiada, esperando nos caiga el maná del cielo.

No es invitación a la rebeldía porque sí, es simplemente caer en la cuenta de que hay amenazas reales dirigidas a nuestra línea de flotación, esperando cualquier descuido. Así que a los navegantes, diestros en el manejo del timón, solamente se les pide que anden muy atentos al rumbo que se nos propone como definitorio de nuestro futuro. Solo es eso, nada más...

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