martes, 13 de enero de 2026

Coleccionistas

 

 

Ilusionante, aquella etapa en la que le dedicábamos tiempo a las colecciones de cromos, ya fueran de equipos, de animales, de personajes... sobre todo porque disfrutabas del afán por conseguir los más buscados, que no eran otros que los que todos queríamos guardar para hacerlos exclusivos.

 

Ha habido siempre personajes célebres que, por alguna razón entre las muchas, conseguían aumentar la fiebre por mantenerles siempre en el lugar que les correspondiera. Ellos sabían de sobra que viajaban por sus días subidos en el caballo de la fama, conseguida no solo por méritos, también por influencias, que podían llegarles casi de forma improvisada, ya que siempre se necesitan figuras a las que poder situar en los primeros puestos, para después servirse de ellas.

 

De aparecer, en algún momento, la caída a los infiernos, todo ese edificio de mampostería, de cartón piedra, de materiales viles, se desmorona en cuestión de minutos, por no decir segundos, y ya sus cromos dejarán de valer lo que valían, viéndose en las papeleras como inútiles, ya que el fulgor que prestaban ha dejado de tener interés para el coleccionismo.

En la vida real vemos continuamente a los endiosados, siguiendo unas pautas que acaban deformando por completo la imagen que mantuvieron un tiempo. La codicia, el exceso de protagonismo, el poder conquistado, entre otros placeres, parece tenerles narcotizados sobre cualquier otro interés de ser humano que pudiera haber ofrecido antes de ser divino. Todo quedó tan atrás que se les hace imposible volver al inicio de esfuerzo ilimitado por conseguir la meta. La vida no te dará más oportunidades que la de poder refugiarte donde nadie te vea y delegar en la buena defensa, bien pagada, que consiga al menos desviar la atención que ahora coloca el foco en tus deméritos. Pobre de aquél, entonces, que no ha sabido aprovechar sus días para lograr ser mejor de lo que era, después de comenzar a disfrutar su fama. 

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