jueves, 8 de enero de 2026

Habremos de ver

 

 

¿Cuantas veces, en el último siglo, habremos visto ampliamente rebasadas legalidades internacionales, bien definidas, por parte de gobiernos, organismos, multinacionales... en el último siglo? Muchos países firmantes del Estatuto de Roma ratificaron después su aplicación, con una finalidad concreta, la de evitar que hubiera más guerras en el mundo y que sirviera de algo el derecho internacional para salvar situaciones comprometidas entre países, sobre cuestiones que podrían ser causa de litigio, resueltas por tribunales de justicia, sin necesidad de intervencionismos.

 

Bien, todo esto quedará posiblemente en nada, si terminan pasando inadvertidos actos que son claramente ilegítimos y afectan de plano a intereses nacionales, pero el que no haya nadie que consiga movilizar a un tribunal encargado de resolver, indica la facilidad con la que cualquier país pueda contravenir la ley, y si es alguno de los fuertes, podría decidirse, también claramente, la no intervención bajo el pretexto de no provocar males mayores, en este caso los que uno, notoriamente superior en fuerzas, acabara resolviendo por la tremenda.

Lo de antes es todo retórica, desde luego, el pragmatismo se antepone a cualquier otra necesidad de acierto, si antes se ha decidido la estrategia con carácter de urgencia, sin contar con el consenso adecuado del régimen de autoridad aceptado por todos. Así las cosas, en mi humilde opinión, superada esta opción, no queda más que rendirse y, si no aplaudir, aceptar con sumisión lo que puede que sea el principio del fin de algo que nunca hubiéramos considerado antes, si no nos lo hubieran impuesto. 

Que ahora venga un personaje descabezado, seguido de otros tantos que se han sumado por completo a su locura, nos da que pensar sobre lo que habremos de ver días o meses más tarde, cuando terminen de fructificar sus anhelos sin respuesta, empezando por el propio país que les sostiene a todos. 

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