martes, 3 de febrero de 2026

Depredadores

 

 

A diferencia de las alimañas, capaces por naturaleza, los humanos gozan de características especiales que les pueden hacer todavía más dañinos. Disponen de mente más sabia y potente, con amplias capacidades para cobrar sus presas, sus perfiles optan a recorridos que dejan, a sus correspondientes del género animal, a la altura insignificante del más pobre enemigo.

 

Antes, el sigilo de ambos, les situaba en condiciones inmejorables, pero hoy, con tanta profusión de medios, con tanto chivateo y tanta ampulosidad, en manos de gente rica y poderosa, entra en juego la pérdida de honorabilidad que pueda acabar afectándola, con el consiguiente deterioro social que, desde abajo, se ve de manera muy escandalosa. Hay que tener en cuenta, desde luego, que esa pobre gente, cuando está ociosa, siente necesidades que hay que cubrir, algunas de ellas poco o nada respetables.

 

Piensen en ellas y en sus agobios, hasta poder concretar el que tengan que buscar los medios de desasirse de sus pesadas cargas y enseguida caeremos en la cuenta de que, para ellos, serán bienvenidos aquellos que proporcionen "carnaza" a un costo no demasiado inasequible para sus fortunas.

El efecto Epstein con el paso de los años y atribuyéndole todas las maldades posibles, ha terminado involucrando a toda esa gente guapa entre la que encontramos artistas, políticos, empresarios, aristócratas y hasta individuos reales... seguramente aburridos en el tránsito de sus días en la Tierra, de la que tantos bienes obtuvieran.   

Hagamos un breve repaso hasta llegar a la inspiración que les mueve para haber actuado de esa manera tan corrosiva, tan depredadora. La distinción con las capas bajas, con las personas de infelicidad constante, es tan apabullante que se les atribuirá la absoluta falta de recursos para poder ser como ellos fueron, pero quizás nos equivoquemos en las equivalencias al haber sido educados de una manera tan diferente, que no les sea posible la equiparación, cuando la moral reside en lugares donde, a los grandes, no suele nunca llegar. 

lunes, 2 de febrero de 2026

Sentir público

 

 

Desde luego que no hay que apartarse de la dificultad que entraña ponerse a opinar de política, que para eso están los expertos que saben más que nosotros, los paisanos, solo que si es verdad que estamos comprometidos de algún modo en saber qué nos puede estar pasando, con la subjetividad que nos embarga, no podemos ni debemos dejarlo todo en manos de quienes, de algún que otro modo, nos están gobernando, ya sea en cualquiera de los lados en los que se ejerza.

 

No hay nada escrito, ni nada que nos lo asegure, aquello de lo que, más allá del escenario en el que actúan los políticos, siempre sobrepasados de actuación y resueltos a hacerse virales en las redes sociales, sus representaciones nos llegan cargadas de una sobreactuación que retroalimenta sus hitos, alcanzados en cualquiera de las fases en las que se encuentre la vida social en cada momento. Y los momentos los hay a medida que aparecen en cualquiera de los actos de la función, ya sean trágicos, cómicos, viscerales, impúdicos... a los que nosotros, como asistentes impávidos, solo tenemos derecho a reír o a llorar, a escandalizarnos y consecuentemente asumir todo lo que se nos venga encima.

Hoy ha sido una Comisión parlamentaria, mañana lo será la correspondiente en el Senado, todas encaminadas a explorar las vergüenzas que a cada cual les corresponda. El problema es si realmente pueden servir para algo, más allá del bochorno que pueda significar lo preparado que esté el compareciente en su lugar en el estrado. La de hoy nos deja claro, al menos a mí, la poco valía de Feijóo, a la hora de tener que explicarse. Lastimoso poder comprobar que en sus respuestas solo se ha valido de contraataques muy recurrentes, sin aclararnos los porqués de todo lo ocurrido en Valencia y su decidida apuesta (desde el principio) en defensa de un presidente de tan descarada actuación, que ha dejado en tan mal lugar al propio PP y a sus más afines seguidores.

¿De verdad que dentro de ese partido puede no haber nadie un poco consecuente, que sea capaz de unirse a las víctimas y reclamar, dentro de su propia Comunidad, un mayor sentido cívico y plural?.

Las ocasiones, cuando se producen, deberían sernos explicadas de principio a fin. Si no se hace, tendríamos que estar pensando en retirarles automáticamente el apoyo que en su día les dimos, ya que si no, nos deberíamos sentirnos cómplices de la indecencia y eso no está bien para nadie que se sienta solidario y justo. Tomarlo como referencia, para próximos actos de fe, debería sensibilizarnos de cualquier manera para no querer votarlos, al menos de momento, hasta que no demuestren mejores hábitos. Veremos cómo responden los urnas en los próximos días y cómo pueden llegar incluso a envalentonarse.       

Paso en falso

 

 

La guerra abierta contra la emigración en EE.UU. tiene su punto de inflexión, en la marcada disidencia de buena parte de sus ciudadanos, verdaderamente comprometida con su país y resuelta a ponerle freno. Trump y sus secuaces han topado en una pared demasiado dura como para perforarla siquiera con las armas. Su guardia pretoriana, presentada como baluarte anti-migración, bien pagada y pertrechada de recursos, se retira de momento a sus cuarteles de invierno, mientras se rearman las posiciones iniciales pero a base de las fake news que ofrecen resultados entre las gentes menos preparadas para entender lo que está pasando y más para reconstruir su tradicional nacionalismo, según ellos, ultrajado.

 

Pensamos que concederle a un presidente tantos poderes, acaba resultando la peor de las funcionalidades derivadas de votos supuestamente pagados con creces, en términos de tradicionales concurrencias. Por un lado la preponderancia del Imperio y por el otro la dependencia del capitalismo corrosivo que, aunque lleve a los ciudadanos por caminos pedregosos, estos están imbuidos de sustancia dúctil y maleable que nunca se rompe. 

 

Aplaudimos muchos la caída del comunismo soviético y esos mismos creyeron ilusamente que después lo haría, a no tardar, el capitalismo surgido como oposición drástica. Nos equivocamos de lleno, pues se ha demostrado, con amplitud, que al presentar apoyos tan grandes, tan poderosos, sin fisuras ni dobleces, se ha conseguido casi perpetuar su estado, incluso entre quienes lo denostan pero confiesan no poder vivir sin él.

El sistema lo usa como punta de lanza y acierta de plano al mantener, alienado y libre de prejuicios, a cualquier ciudadano que aspire a mudar comportamientos, aún sin creer que alguna vez vaya a tener expectativa de cambio.

Y efectivamente, mientras alguno de los muy poderosos no logre implicarse en ello, aunque supuestamente los haya, no habrá manera de controlar su ascenso, partiendo de la base el arraigo que hay en la base y su enorme esfuerzo para procurar la mayor riqueza posible. El gran ímpetu que produjo el libro de James Truslow en su American Epics sobre el Sueño Americano, dio mucho lustre a una idea que casi permanece intacta.

Habrá que esperar aún mucho tiempo para que se vea alguna sensibilidad mayor hacia el humanismo más perfeccionista...