Desde luego que no hay que apartarse de la dificultad que entraña ponerse a opinar de política, que para eso están los expertos que saben más que nosotros, los paisanos, solo que si es verdad que estamos comprometidos de algún modo en saber qué nos puede estar pasando, con la subjetividad que nos embarga, no podemos ni debemos dejarlo todo en manos de quienes, de algún que otro modo, nos están gobernando, ya sea en cualquiera de los lados en los que se ejerza.
No hay nada escrito, ni nada que nos lo asegure, aquello de lo que, más allá del escenario en el que actúan los políticos, siempre sobrepasados de actuación y resueltos a hacerse virales en las redes sociales, sus representaciones nos llegan cargadas de una sobreactuación que retroalimenta sus hitos, alcanzados en cualquiera de las fases en las que se encuentre la vida social en cada momento. Y los momentos los hay a medida que aparecen en cualquiera de los actos de la función, ya sean trágicos, cómicos, viscerales, impúdicos... a los que nosotros, como asistentes impávidos, solo tenemos derecho a reír o a llorar, a escandalizarnos y consecuentemente asumir todo lo que se nos venga encima.
Hoy ha sido una Comisión parlamentaria, mañana lo será la correspondiente en el Senado, todas encaminadas a explorar las vergüenzas que a cada cual les corresponda. El problema es si realmente pueden servir para algo, más allá del bochorno que pueda significar lo preparado que esté el compareciente en su lugar en el estrado. La de hoy nos deja claro, al menos a mí, la poco valía de Feijóo, a la hora de tener que explicarse. Lastimoso poder comprobar que en sus respuestas solo se ha valido de contraataques muy recurrentes, sin aclararnos los porqués de todo lo ocurrido en Valencia y su decidida apuesta (desde el principio) en defensa de un presidente de tan descarada actuación, que ha dejado en tan mal lugar al propio PP y a sus más afines seguidores.
¿De verdad que dentro de ese partido puede no haber nadie un poco consecuente, que sea capaz de unirse a las víctimas y reclamar, dentro de su propia Comunidad, un mayor sentido cívico y plural?.
Las ocasiones, cuando se producen, deberían sernos explicadas de principio a fin. Si no se hace, tendríamos que estar pensando en retirarles automáticamente el apoyo que en su día les dimos, ya que si no, nos deberíamos sentirnos cómplices de la indecencia y eso no está bien para nadie que se sienta solidario y justo. Tomarlo como referencia, para próximos actos de fe, debería sensibilizarnos de cualquier manera para no querer votarlos, al menos de momento, hasta que no demuestren mejores hábitos. Veremos cómo responden los urnas en los próximos días y cómo pueden llegar incluso a envalentonarse.
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