sábado, 28 de febrero de 2026

Campeones irregulares

 

 

Cuesta creer que unos cuantos individuos repartidos por el mundo se propongan, casi por su única cuenta, traernos y llevarnos por las guerras como quien se organiza una partida de caza para eliminar familias indeseables, de personas o animales, que para ellos parece que sea igual, con tal de aparecer preponderantes.

 

Tengo que reconocer que soy un completo ingenuo pero no me siento por ello desgraciado, aún cuando la desgracia con lo que ocurre esté presente para toda la Humanidad que asiste sin saber cómo defenderse de todos esos malnacidos.

 

La nómina que encabeza Netanyahu y sus correspondientes, lejos de beneficiar a sus conciudadanos los sume en una gran parálisis, vivan en Teherán o en Tel-Aviv, posean riquezas o estén repletos de pobreza y por ósmosis, sin membrana sólida, nos transmitan el terror que para ellos no quieren y, más aún, sean capaces de destruir por completo lo que se tardó muchos años en elevar hacia el cielo y que ahora, los nuevos constructores, tratarán de reconstruir a manos llenas.

Nos convencerán después de que se trataba de una ley no escrita, la de que hay que destruir previamente para volver a edificar sobre lo derruido, ya que, si no, no es posible transformar una materia finita pero sensible a muchas transformaciones, en un sinfín desproporcionado y a veces paralizante.

Los humanos llevamos escrito en nuestro ADN un carácter belicista que, desde momentos tempranos de nuestro acontecer en el planeta, no hemos parado de matarnos bajo cualquier signo que justificara la violencia empleada. Hasta el punto de poder llegar a la conclusión de que podamos acabar igual que empezamos, borrados por completo del globo, tras inventar las armas más mortíferas que algún día podrían llegar a utilizarse.

Los búnkeres que se están ofreciendo ahora, son solo la representación de lo más tangible por descubrir: la desolación completa y profunda de nuestro futuro inmediato.       

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