Tal para cual en momentos en los que no se invisibiliza la polarización que sufrimos, gracias a la persistencia de los políticos en su insaciable deseo de alcanzar el poder. Real o fingida, tras comprobar que en el cuerpo a cuerpo no todo son puñaladas, termina haciéndonos daño a quienes tenemos que soportar los insultos y faltas de respeto que se hacen por nuestra cuenta.
Este fenómeno, que nunca hemos visto en la categoría de ahora, quizás les sirva a ellos, pero no hasta el punto de dejar de degradar su confianza de cara al futuro. Serán otros rostros, otros nombres, pero seguirá pesando toda la carga de irresponsabilidad contraída, cuando no la falta de apoyo de una ciudadanía que se está viendo obligada a seguir en esa onda.
Desde luego que esos insultos gruesos que se siguen cruzando (más en una bancada que en otra) y sin el mínimo afecto por la seriedad, en la comprobación de la falsedad o no de muchos de los contenidos que se amplían con la facilidad con la que consume una golosina un niño de primaria.
De la convivencia, ya casi ni hablamos, solo hay que ver cómo se expresan en público algunos sin temor de ser reprendidos, por simples razones de urbanidad, a la que nadie se siente obligado a día de hoy. Lo de ... que tenga Vd. un buen día ha quedado como simple reflejo, que no comporta realmente un deseo, sino una formalidad.
Las galanterías, el aplomo de aquellos géneros que se sentían más unidos que separados, aunque también estuvieran cargados de hipocresía, han dado paso, creemos definitivo, a la ausencia de romanticismo y al aumento galopante de la incordialidad ofuscada. Todo se va perdiendo, de cara a la nueva forma de vida que contiene elementos muy indeseables. Esperemos que, al menos el juicio, no lo perdamos del todo.
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