lunes, 2 de marzo de 2026

Ojos que no ven

 

 

La vista es el sentido que más ajusta quizás la percepción real de lo que te rodea, de ahí que, al faltar, cualquier reconocimiento se hace mucho más difícil. Pero no es solo su falta, sino el escondrijo en el que se ocultan las realidades, lo que acaba permitiendo que las cosas se pierdan en la oscuridad, por parte de quienes no quieren hacerlas visibles.

 

Así pues, nos encontramos con que hay propósitos ocultos que hacen posible toda esa corrupción con la que nos seguimos desayunando cada día y sin que nadie, o casi nadie, le quiera poner remedio. De esa forma es muy difícil lograr lo tangible y sin que pueda descubrirse de qué se valen los defraudadores de la verdad, para no solo proteger sus propios delitos, sino para ocultar lo que saben de sus jefes en la cadena de mando. Las redes clientelares son el primer paso para establecer vínculos de los que después en muy difícil separarse. Por ello, creo que hay que tener el suficiente estómago para callar y callar, sobrellevando esa ocultación que se hace posible a la vista.       

Ni siquiera estando bien pagado, se puede ocultar el deber de dar la luz, cuando las sombras se hacen virales y surgen las sospechas. Canta la deshonestidad y se extienden los reflejos por todo el contorno del que parten, creando una sensación de lo que no es fácil huir, por mucho que te lo propongas.

Si aumentan cada día los deshonestos, estaremos servidos en la parte que nos corresponde, hasta llegar a hacer inviable nuestra relación con la más pura de las intenciones.  

domingo, 1 de marzo de 2026

Polarización

 

 

El hecho de que se llene a rebosar una plaza en una ciudad emblemática y a escasos metros otra, de similares características, con ciudadanos reclamando la bondad de ideas contrarias, no significa que pueda triunfar ninguna de ellas, más bien ampliará la disidencia y les sumirá a todos en la importante desconexión con el mundo real que, sin ambages, tiene que ser diferente.

 

Constituida entonces como el arma de doble filo que emplean los gobernantes para dividir, envueltos en banderas, a los gobernados, resulta altamente inconveniente (impertinente más bien) terminar resolviendo problemas con bombas en lugar de con diplomacia, pero cuando se tienen los medios disponibles, y a la vez utilizables, para seguir sumando víctimas inocentes en ambos lados, sin contar con el respaldo de algún tipo de justicia universal, capaz de poner orden ante el desorden, acabaremos siendo todos víctimas propiciatorias en un mundo que carece del rumbo que habíamos estado esperando y que ahora resulta fallido. ¿Para qué sirve la ONU?. La respuesta es bien sencilla... par nada.

Tampoco la marginalidad sirve, o la ambivalencia de quienes, en la distancia, juzgan primero los intereses en juego antes que las muertes ocasionadas. No hay escusas que resten intervenir en soluciones y no en paños calientes, tratando de evitar merma de beneficios.

Alguien tendrá que pararle los pies a ese binomio de infra-cultura humanitaria pues, de lo contrario podríamos acabar todos encerrados en los malditos búnkeres que están proliferando en todo el mundo, bajo el posible uso de armas atómicas, con las que acabar destruyéndolo todo.