La vista es el sentido que más ajusta quizás la percepción real de lo que te rodea, de ahí que, al faltar, cualquier reconocimiento se hace mucho más difícil. Pero no es solo su falta, sino el escondrijo en el que se ocultan las realidades, lo que acaba permitiendo que las cosas se pierdan en la oscuridad, por parte de quienes no quieren hacerlas visibles.
Así pues, nos encontramos con que hay propósitos ocultos que hacen posible toda esa corrupción con la que nos seguimos desayunando cada día y sin que nadie, o casi nadie, le quiera poner remedio. De esa forma es muy difícil lograr lo tangible y sin que pueda descubrirse de qué se valen los defraudadores de la verdad, para no solo proteger sus propios delitos, sino para ocultar lo que saben de sus jefes en la cadena de mando. Las redes clientelares son el primer paso para establecer vínculos de los que después en muy difícil separarse. Por ello, creo que hay que tener el suficiente estómago para callar y callar, sobrellevando esa ocultación que se hace posible a la vista.
Ni siquiera estando bien pagado, se puede ocultar el deber de dar la luz, cuando las sombras se hacen virales y surgen las sospechas. Canta la deshonestidad y se extienden los reflejos por todo el contorno del que parten, creando una sensación de lo que no es fácil huir, por mucho que te lo propongas.
Si aumentan cada día los deshonestos, estaremos servidos en la parte que nos corresponde, hasta llegar a hacer inviable nuestra relación con la más pura de las intenciones.
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