sábado, 7 de marzo de 2026

Génesis vital

 

 

La primera mujer que conocí en mi vida fue mi madre, que se prestó a traerme a este mundo sin mi consciencia, pero que al propio tiempo me ofreció la posibilidad de descubrir todo lo que entraña una vida activa y, de momento, afortunada. Así que, con esa deuda infinita contraída, aprendí que debía considerar a las mujeres en general bajo el prisma del ser humano fundamental que ha sido capaz de poblarlo, naturalmente con la ayuda del inseparable compañero.

 

La obviedad no resta un ápice al riesgo de malas influencias o deterioros inevitables, sino que da valor a lo que es insustituible en nuestra evolución, y suma en gran medida a lo que podamos llegar a ser o conocer, en una enorme mayoría de casos fácilmente reconocibles. Por el camino se podrán ir experimentando gozos y sombras, pero siempre tendrás el recuerdo de quien, aparte de traerte, te iniciara en los primeros pasos y te guiara en las primeras iniciativas. Su rol no ha de pasar desapercibido, sin embargo los hombres no hemos sido del todo conscientes de que, más allá de esa función, se merecen el respeto y el derecho a ser personas consideradas tanto o más que ellos, sin que el género haya de intervenir en su logro.

En esas estamos y en esas nos ocupamos, aunque haya todavía, a estas alturas, quienes quieran imponer otros criterios que relegan a un mundo inferior, del que aprovecharse en cualquier momento. 

Nunca perdamos de vista el hecho de que, con sus aportaciones, hemos logrado grandes avances y mejores aplicaciones vitales; sus maneras, sus formas, su inteligencia... no hacen sino demostrarnos que pueden ser superiores, aunque no sea ese el objetivo final, sino el caminar juntos ganando terreno al involucionismo.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario