Son muchas, infinitas diría yo, unidas a cada cual por un interés muchas veces inexplicable, pero siempre asumidas como si fuera el vehículo en el que montarse, de camino al lugar un poco desconocido en el que sentirse satisfecho. Lo malo es que mayormente no se consigue y si se acaba logrando deja el regusto amargo parecido al de un café hecho con achicoria, poco gratificante para un amante del verdadero café gustoso.
Tienen mucho de alotropía, como de aspecto variado y de formas diferentes para distintos casos, similar a esos elementos químicos que se presentan de forma diferente y acaban despistando al personal que las sigue con fruición pero termina del todo agobiado.
Forman parte de esa materia que nos hace vivos, pero sin saber muy bien si al elegirlas acertamos plenamente o, bien al contrario, cargamos con unas prendas demasiado gravosas para lo que somos, seres frágiles a la hora de emprender y sensibles a la hora de sufrir. Claro que también hay quienes son capaces de soportar todo lo insoportable hasta darle a su propio cuerpo un fin que nunca se hubiera prefijado.
Así son y así se nos muestran a veces las causas a las que nos apuntamos y no somos capaces de digerir con el raciocinio que debería presidir nuestra conciencia. Y es en la conciencia donde residen muchas de las causas a las que no sabemos hacer frente...
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