Hace ya 50 años que los españoles nos quitamos el yugo de una dictadura que nos aislaba por completo del mundo, también Occidental, que había salido recientemente de oto yugo, este hitleriano, que pretendía uniformar a esa raza aria predominante, de haber ganado la batalla de millones de muertos. Algo que ya se nos ha dicho que no deberíamos olvidar nunca, aunque nuestra mente frágil, traducida al mundo de lo último y más emocionante, cuenta con recursos para hacerlo sin inmutarse.
Pues bien, llegó después la democracia que aperturó de par en par nuestras puertas e hizo posible modernizar por completo nuestros hábitos e industrias hasta hacerlos sumamente competitivos. De tal manera hemos llegado a ser el equivalente a La Meca en materia de turismo, con cifras que jamás podíamos haber supuesto; primera industria nacional que todos los años nos muestra su incremento. Ahora bien, resta saber si nos hemos adaptado por completo a la convivencia con otras lenguas, otros hábitos, otras condiciones de vida, aparte de querer saborear nuevos gustos culinarios.
El salto es evidente y se expresa mejor con los más jóvenes, entre los que hay muchos nacidos españoles de otras razas que nos aportan casi infinitas posibilidades y esto hay que decirlo para contrastar, abiertamente, los intereses que nos proporciona la luz que llegó desde fuera y que nos hace mejores, aunque haya quien se empeñe en desparramar bulos hacia quienes trabajan hoy, con denuedo, para ser más españoles (como diría Rajoy).
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