miércoles, 8 de abril de 2026

Cristales empañados

 

 

Complicado conducir el vehículo cuando la humedad empaña sus cristales y no encuentras la manera de resolver la situación, mientras quienes te acompañan empiezan a dudar de tus habilidades para sobreponerte a ella. Quién no lo ha vivido, ni se ha sentido todavía más incómodo que el propio conductor, haciendo del viaje un tortuoso episodio.

 

La corrupción lo empaña todo, empezando por aquello que, a pesar de ir bien, impide el cálculo productivo que le sigue. Pero no es eso lo peor, sino que nos hemos venido acostumbrando a desconfiar, tanto que la humedad nos ha calado hasta los huesos, creando una sensación corporal que influye en el ambiente.

 

Uno siente a veces la idea, posiblemente errónea aunque razonablemente difundida, de que los políticos se sienten junto a ella como pez en el agua y, si no, aprecien la laxitud con la que se toman su trabajo de evitarla, mientras hacen de ella el arma arrojadiza con la que golpear al contrario. Por nuestra parte continuaremos negando que no pueda ser vencida, al tiempo que aseguramos que hay métodos para lograrlo, aunque no quieran ser empleados. Se ha conseguido incluso crear la sensación de que nunca será posible y solo por el hecho de que la transparencia, esa que debería acompañar todos nuestros actos, está ausente en la mayoría de ellos cuando, a propósito, se conculca prescindir de ella por las insidias que provoca su efecto.

Quizás nos hayamos autoconvencido de que, la propia conducción de nuestros propios vehículos, se pueda ver también cegada por ese instinto de querer aprovechar, en nuestro beneficio, cualquier ocasión en que las "humedades" nos provoquen el poder de utilizarlas...

Así, siendo permisivos, nunca encontraremos la forma de evitarlas.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario