Uno de los valores más reconocidos entre personas bien o mal nacidas, eso da igual, pero sensible a las recomendaciones que se aprecian desde lugares en los que suele fallar por principios.
En el juicio mediático que estamos todos presenciando a través de los medios, se consignan fidelidades reconocidas de personas que se han terminando haciendo virales para la audiencia. Traidores y llevadores de bolsas de dinero con las que poder ultimar servicios prestados a quienes van a estar muy centrados en su defensa, al propio tiempo que les llevamos viendo a estos no demasiado alterados por las consecuencias, de unos actos delictivos en los que presuntamente incurrieron, hace ya bastantes años, pero juzgados ahora en la distancia, cuando muchos se han olvidado ya de lo ocurrido y puedan decirse cosas que no concuerden realmente con las que pasaron.
Después llegará el momento de satisfacer con premios y recompensas, si es que no se hizo antes, pero ahora es curioso observar cómo el perjurio pueda quedar al margen, en cuestiones que a nosotros nos parecen de una gravedad notable.
Entre la Camorra y sus medios afines, no hay nada mejor, para poder sobrevivir, que ajustar por completo la vida propia al ritmo que marcan las fidelidades al sistema empleado por quienes lo implantaron antes...
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