domingo, 26 de abril de 2026

Inercia dubitativa

 

 

La verdad es que no sabemos bien adonde caminamos ni por qué senderos queremos ir. Reconozco que nuestra generación lo tenía más fácil, después del fabuloso traspiés en el que acabara la Guerra Mundial y lo muy gravoso que resultara la reconstrucción europea tras los millones de muertos habidos, con una conclusión que parecía habernos sanado para siempre de aquellos males que pensábamos no fueran a repetirse.

 

Si nos valemos con gran soltura para destruir aquello que, pensamos, valdría para los restos, no estamos tan preparados para afrontar lo que viene sin una filosofía capaz de protegernos ante lo que, evidentemente, no está funcionando como debiera. Quizás estén formulándose demasiadas preguntas, aún sin respuesta, sobre lo que habría que hacer, con el ánimo subido, para salir del laberinto en que estamos, con muchas cuestiones engrosando dificultades varias a las que oponemos demasiada laxitud individual, tratando solo de capear un temporal para el que no estábamos en absoluto preparados.

 

La razón directa, a mi juicio, es no querer entender lo que nos toca de parte alícuota en el enrevesado proceder que cada día, cada hora, tendríamos que afrontar individualmente como seres sociales que somos y participamos, en torno a problemas prácticos que acabamos dejando para un final que no llega pero que sigue sumando en detrimento de lo que interesa.

Mientras no acabemos comprendiendo que somos objeto de muchas presiones que llegan de todos lados y que eludimos con soberana desfachatez, no vamos a poder disponer de herramientas útiles para comenzar la labor que se necesita y que empieza en la base y no en las alturas. Seguir haciendo concesiones para que se sigan abonando los terrenos propios, es tan mala iniciativa como la de abandonarnos a la suerte, que nos quieran imponer, quienes sí tienen las ideas claras...  

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