martes, 5 de mayo de 2026

Ascensores inteligentes

 

 

Me agradaría conocer en detalle, quien o quienes se arrogan la inteligencia de ascender a según qué presidentes o presidentas, al nivel en que se hallan, de manifiesta utilidad para los intereses de su cohorte. El eufemismo de considerar inteligente a una caja hueca, solo susceptible de ser aupada al nivel superior, parece de una simpleza solo objetivable por el beneficio que comporta que, efectivamente, reside en la facilidad de poder aupar la carga.

 

Está visto que no hacen falta méritos, solo conservar una cierta agilidad para la improvisación, de la que se desprenda una cara lo suficientemente dura como para resistir cualquier embate, sin ni siquiera contar con una mínima facultad intelectual que pueda superponerse a lo que no demandaría un cargo que solo es representativo, nada técnico ni siquiera al nivel más básico.

 

Los ingenieros que se limitan a insertar los chips, para conseguir que respondan en la máquina como cerebros sofisticados, nos quieren hacer creer que vemos en los humanoides, que corren más que las personas, que se mueven con esa graciosa similitud que les hace tan parecidos, sustitutos perfectos y se equivocan si piensan que nos tragamos todos los cuentos como si fueran reales.    

Hay por ahí una presidenta, ensoberbecida, a la que han hecho creerse que vale mucho más de lo que ella misma piensa (que es mucho) y se atreve a poner a la monarquía en tela de juicio, con las afirmaciones de que el desfase entre el Hernán Cortés de ayer y el de hoy no es tal, y que la misma prepotencia que usara entonces, sigue siendo válida para un presente desnaturalizado por la gracia de Dios y de una Iglesia cobijada bajo el manto de aquella metrópoli. Seguir reposando en la misma almohada solo es cosa que pueda ser atribuible a cualquier caja vacía, que ascienda a las alturas sin ningún merecimiento. 

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