domingo, 3 de mayo de 2026

Males comunes

 

 

Desde que el mundo es mundo, siempre nos hemos estado peleando, desde el sílex a lo más sofisticado en materia armamentística, hemos ido incorporando inventos para acabar con el odioso contrario al que nunca conoceremos a conciencia, sino que habremos de matar solo por el hecho de serlo, sin disquisiciones absurdas que valoran lo que nunca quisimos apreciar. 

 

Así los pacifismos, incomprendidos y hasta estúpidos, en un contexto en que se sobrepone el odio inoculado (también a conciencia) quedan a la altura de esa baja apreciación reservada a los pusilánimes y morbosos de la sangre derramada a manos llenas.

 

Las guerras crecen y crecen por doquier, se justifican, se financian, alteran la calidad de vida conseguida, no sin esfuerzo, sobretodo en las zonas deprimidas en las que nunca se terminaron de imponer las razones para la paz, por la sinergia de quienes viven a sus expensas, que no son pocos y están también en aumento. Mientras tanto los ingenuos que, no obstante, sabemos lo que cuesta esa brizna de paz que nunca se consigue, por la persistencia de quienes se oponen por completo a ella, seguimos ocupando las calles portando las banderas de los perdedores, pero sin apenas considerar lo que en ese mismo bando también se propugna con hechos consumados.

El zénit está en la "gloriosa" bomba atómica, perfeccionada cada día y lista para ser explotada en algún lugar, cuando toque y las circunstancias lo aconsejen, como ya lo hicieran en Hiroshima y Nagasaki    con el pretexto de ponerle punto y final a un conflicto, pero mediando el suspensivo.

La inmediatez dependerá, en algún momento, de esos hombres "buenos" a los que les asisten razones de peso para iniciarlas (las guerras) pero sin saber cómo acabarlas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario