Puede llegar a ser comprensible que el grado de pertenencia pueda nublar nuestro entendimiento. Aquella apuesta que hiciéramos en su momento, y que nos ha dado ocasión de afianzar nuestros principios, cuando llega el revés y nos coloca en posición de duda, aún sin fundamentar, los cimientos sobre los que basamos el edificio pueden verse afectados.
Claro que no es lo mismo sentirse forofo de un equipo de fútbol, al que inevitablemente le han de llegar malos resultados, que esos otros que afectan a lo moralmente esperado y deseado. Y es que la moral, aunque se halle en baja, significa todavía mucho en la parte sentimental del ser humano, crecido a expensas de la bondad inducida por nuestros padres, en la gran mayoría de familias sin problemas estructurales ni incapacidades manifiestas para un buen desarrollo.
En momentos de cambio y transformación, donde hasta lo mínimo juega un papel importante, conviene echar mano de la objetividad ante cualquier replanteamiento. Hay premisas con las que hay que seguir contando, ya que no vas a desprenderte del todo por el todo. También ha de servir el recurso a la concreción de tu solidez en materia de ideas, para no tener que estar sujeto al vaivén de lo último que se ponga de moda. La madurez es pieza fundamental entonces, tras haberte encontrado en situaciones parecidas que te hicieron modificar en parte tu ideología inicial. En ese sentido podría señalar, particularmente, pero no lo haré, por razones simples que tienen que ver con las experiencias sufridas que quedan para el análisis íntimo, al que debemos nuestro camino por el mundo.
Esta reflexión, más bien intimista, que en absoluto quiere influir en el lector, podría servir solo para situar la vara de medir a esa distancia prudencial desde la que poder observar datos y circunstancias que aconsejen tomar determinaciones adecuadas y así situarnos en el camino más aconsejable, frente a toda esa panoplia de armas dispuestas a la batalla, que todos los días tendremos que asumir, si queremos estar presentes y sin malgastar ninguno.
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