viernes, 29 de mayo de 2026

La peana

 

 

Es decir, la base sobre la que se sustenta la estructura, cada vez más compleja, con un peso que quizás no pueda sostener y no solo físicamente, sino que ampliado en aspectos intangibles solo moderados por una judicatura que, eso sí, fuera mucho más ágil de lo que es y más consciente de lo que representa ante una ciudadanía siempre expectante.

 

Me dirán que es una obviedad, pero no por ello hay que dejar de señalarlo. Las cosas tendrían que funcionar con la inercia de las buenas prácticas pero, cuando no se dan éstas, los fallos se hacen mucho más ostensibles. La complejidad de gobierno, la enorme casuística que tiene que atender, requiere mucho más esfuerzo de comprensión y, sobretodo, de voluntad participativa; no basta con parecer bueno, tiene que serlo y al tiempo apreciar cómo se manejan sus distintos compartimentos estancos, liderados por altos cargos que se mueven en ellos como peces en agua dulce, haciendo y deshaciendo a voluntad, sin ser objeto de reproche.

 

Si añadimos la dualidad de gobierno en estructuras semi-federales, las cosas se pronuncian más a favor de corruptelas y propósitos, encaminados a saltarse cualquier barrera que se les ponga por delante.

 

El tema es de mayor envergadura de la que ahora señalamos fugazmente, pero es trabajo de tribunales de Cuentas, de Defensor del Pueblo, de organismos varios (demasiados) que quizás no consigan extender sus tentáculos para que se opere con la suficiente diligencia y eficacia donde se hace precisa su asistencia. Hay mucha mies y pocos obreros disponibles, aún cuando el número de funcionarios no cese de incrementarse.

El natural que el gobierno trate de defenderse pero, en cualquier caso, ha de dar todas las explicaciones que, si no del todo, al menos contenten, en una primera tanda, por los múltiples errores cometidos. 

Habría que ampliar entonces la peana, para que pueda dar sustento a todo ese edificio que amenaza ruina... 

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