El ciudadano de a pie no deja de hacerse preguntas y la mayoría sin respuesta. Muchas se insertan en el corazón mismo de su día a día, pero otras, sin dejar de estarlo, atacan a su línea de flotación, visible o invisible que, según lo cargado del barco, puede desestabilizar su carga ideológica.
Cuando se sigue incrementando, como se está haciendo, la desnaturalización en la que ha caído la política en prácticamente la totalidad del mundo, siendo como se dice que sea, el mal necesario sobre el que gravita la Humanidad, quizás sea el momento de explicarse sobre la forma de comportarse frente a ella y sus consecuencias claramente intoxicantes, dañinas, abiertamente entradas en prácticas nunca vistas antes, por mucho que nos digan ellos, los políticos, que puede valer todo, con tal de derrotar al opositor, al tiempo que le causas daño físico o moral, a base de mentiras, bulos e insultos.
A partir del momento en que se apreció la fórmula del insulto como válida, su extensión no hace sino corroborar la eficacia que, en ciertos ambientes, consigue instalarse. Se diría que ya es la estrategia definitiva según la cual el opositor se envalentona y engrandece su firme voluntad de contrarrestar al contrario que, desde un principio, nunca fue acreedor del mínimo miramiento, por mucho que le llegara, desde los juicios técnicos, la aceptación de lo ejecutado.
La duda que puede surgir, en todo independiente que se emplee en la elección objetiva del próximo gobierno actuante, es de recaer, en quienes ahora ostentan la oposición, con los mimbres con los que trabajan, dándoles atribuciones para las que manifiestamente no solo no están preparados, sino que expresan unas reacciones contrarias a todo consenso explícito.
Se están dejando demasiadas pruebas en los márgenes y demasiadas interrogantes, además de toda esa gran incompetencia que demuestran, a todos lados del espectro político, sus profesionales, encargados de sembrar todo tipo de corruptelas, de mentiras, de ocultaciones... que no hacen sino sembrar todavía más desconfianza.
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