Por millares o millones, da igual, todos a resolver por una Europa algo decrépita, menos unida cada día que pasa, infiltrada por funcionarios a los que Bruselas les supone el hábito cansino de jornadas interminables, planeando pero sin acabar de resolver a satisfacción de quienes costeamos el lujo de instalaciones y servicios a disposición, pero sin terminar de resolver lo más crucial del momento.
Su Parlamento, repleto casi siempre de voces discordantes, que no parecen buscar consenso, debaten nuevos proyectos, algunos puestos en duda en los puntos terminales de aplicación, por esos mismos ciudadanos que ya no parecen tan incondicionales como fueran al principio.
Lo último que quieren poner en práctica: una nueva regulación de la política migratoria, resuelta a la externalización, como quitándose de encima esa carga de atención permanente que ha de darse a quienes deciden venir a Europa pero no de vacaciones, sino a enriquecer lo que ya se cotiza muy alto, es decir, dejarse la piel sobretodo sirviendo aquellos empleos nunca valorados aunque reconocidos, que los jóvenes europeos rechazan de plano.
A nadie se le escapa la enorme dificultad que plantea una respuesta realmente digna para los no turistas, pero la última que se podría esperar de una Europa curtida en mil batallas, resuelta por ejercer la mejor democracia, inspiradora de las mejores prácticas y también reconocida por su cultura, es la de confinar a los que dicen "indeseables" a unos guetos, eso sí, aseados y modernos, en los que no tener que padecer siquiera la penuria de tener que verlos por sus preciosas calles continuamente mejoradas para ser vistas, preparadas para las hordas de turistas, quizás mucho más molestas aunque aceptadas por su capacidad inversora.
La cuestión está servida y la apoya, como no, la extrema derecha, que sigue escalando peldaños en el continente sin que nadie termine de afrontar verdaderamente sus malévolas intenciones de dejarlo sumido en la muy egoista determinación de la prioridad nacional que tanto le gusta y que pagaremos cara, muy cara, si es que consiguen, como parece, aplicarla.
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