jueves, 11 de junio de 2026

El entramado

 

 

La estructura singular de cualquier construcción que se precie, que organiza y sustenta lo que ha de venir después para conformar el edificio al completo. Da gusto ver cómo los obreros entrelazan las vigas de madera con precisión, hasta lograr el esqueleto perfecto en el que no caben errores ni fallos de improvisación, todo responde a una funcionalidad que sorprende por su eficacia.

 

Eso en el buen hacer del oficio, que también podría aplicarse a otros trabajos sensibles, con los que potenciar una buena idea iniciada hasta terminar completando un recorrido que aporte la luz definitiva. Así trabaja la corrupción y así se vive una sospecha que, en su inicio, puede ofrecer una visión ingenua que resulta hasta bonita. No me negarán que el armazón de esa vivienda de madera, que quizás sirva después para alojar cualquier prostíbulo, no merece el aplauso a sus constructores.

 

La sensación que nos queda a los paganos es la de haber contribuido, desde el inicio, con mucho más de lo que presuponíamos al principio, al momento en que elegimos con entusiasmo a nuestros próceres ahora imputados. Permítasenos el beneficio de la duda, acompañado y sin poder ser de otra manera, de esa presunción de inocencia que tampoco queremos que eluda por completo las responsabilidades asumidas al inicio en que todo era magnífico.

Desde que llegó la ansiada democracia a nuestro país, han ocurrido muchas cosas lamentables que nunca pensamos habrían de pasar, pero que están siendo demasiadas y llenan el vaso de de nuestra tolerancia. Se han llevado por delante muchas de las cosas en que confiábamos y que ahora se ve muy difícil recuperar, sobretodo cuando no termina de llegar (ni se la espera, de momento) esa regeneración anunciada una y otra vez, que requería mucha más atención de la que se le ha dado en los discursos.

Ya sabemos que los discursos son bellos, tanto que nos hacen vivir de la ilusión, aunque después no se correspondan en absoluto con una realidad mucho más latosa.

Un aplauso para cualquier constructor empeñado en rematar las obras, pero que después no sirvan para señalarla como acreedora de nuestro repudio... 

No nos gobiernan ángeles caídos del cielo, pero la benevolencia, disfrazada de ingenuidad, puede dar al traste con la comodidad de su instalación en Sociedad. 

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