domingo, 28 de junio de 2026

El mochuelo y su olivo

 

 

Ya nos lo decían los ancestro, que cada cual tendría que refugiarse donde le tocara y en el PSOE, a día de hoy, toca arrebato. Cuando el capitán hace aguas, parece que lo normal sea que empiecen a fraguarse las nuevas herramientas con las que preparar el camino siguiente, o si no vean como Page, celoso de su futuro inmediato, se emplea en socavar aquello en lo que el partido decía ser fuerte, tomando como referencia esa corrupción que le lastra y que, además, toma por testigo. De ellos quiere sacar provecho para sí mismo y para la cohesión progresista que le aupa en su circunscripción, encabezada por los buenos liberales de la zona. 

 

No hay forma de reinventarse, los socialistas son lo que son y han sido hasta ahora: ambiguos. Les gusta también el liberalismo económico y lo hacen posible siempre que pueden. La connivencia con la que dice ser la mejor izquierda, se les hace dura de roer y van a tener siempre cosas que oponer, cuando alguien salga exigiendo menos tibieza.

 

La ciudadanía parece que se hubiera dado cuenta, de pronto, que el estado de bienestar perseguido no es algo que pueda caerle del cielo, sobretodo con la aquiescencia de empresas del Ibex que quieren para sí el primero de los trozos de tarta a repartir, con mucha menos presión de la que les demandan por la izquierda y verían con buenos ojos, de una vez por todas, que cesara la inconcreción de no saber de qué lado se pone realmente el gobierno.

La política que se hace a tres bandas, requiere mucha sutileza y no cesan de aparecer derramas por concretar, a la hora de fijar puntos de referencia plausibles. Sí, España va bien, pero mucho mejor para unos que para otros y no hay varita mágica con la que ofrecer satisfacción garantizada.

Si crece el descontento, si la oportunidad de mejora no aparece y no se encuentra la manera de salir airoso del sitio en que se ha metido, el gobierno y sus buenas prácticas (que las tiene) desaparecerá dejando paso libre a una oposición voluntariosa, pero poco capacitada y sin interés por el progreso generalizado, que no halla la vía de encontrarse con los propios tampoco.

Los mochuelos no saben donde posarse, sabiéndose aislados y desatendidos, con una única ayuda que no termina de convencer pero supone aumento del número de votos. 

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