Los seres humanos, en su deambular por el mundo, se van haciendo a sí mismos y lo hacen por medio de distintos caracteres, que se van sumando a lo largo de los años, con aportaciones significativas del ambiente en que viven, las culturas que practican, las enseñanzas que obtienen y un complejo etcétera que a lo largo de los años les hace variar, a veces sustancialmente. Así, de aquella personalidad inicial de la que se dotara, puede ser que el paso del tiempo le transforme en persona distinta.
Por el camino habrá tenido vivencias que hayan conformado su carácter, aliviado sus penas o, por el contrario, relevado el contorno que le hiciera parecerse distinto, gracias a aquellas experiencias que vivió y aquellas sacudidas que padeció en su edad más temprana.
Si ello lo extrapolamos a lo que hayan podido experimentar en sus años jóvenes quienes hoy son lumbreras, han escalado lugares importantes, dirigen grandes imperios, presiden memorables instituciones, quizás nos llevara a consideraciones que, o bien valorara en positivo su trayectoria, o por el contrario nos hiciera más conscientes del valor de acumulado en su detrimento.
Hoy nos interesa mucho, quizás demasiado, todo lo que podamos conocer de la intimidad de los famosos, casi nunca para salvarles sino más bien para interceptar, en lo posible, la trayectoria que le hubiera situado en el lugar que hoy ocupa. Los elementos particulares que a cada cual sitúan en el lugar que habitan, debieran ser sagrados, tanto como aquello que nos enseñaron a respetar bajo dogmas de fe, sin tener que recurrir a las demostraciones.
Por eso, toda esa apertura irracional que ahora prodigamos hacia lo que no nos corresponde, se ofrece como posibilidad cierta de hacernos fracasar, en nuestro intento de prometernos la mayor justeza, con el riesgo de quedar reflejados, en cualquier momento, en antecedentes que puedan no haber sido del todo correctos.
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