lunes, 22 de junio de 2026

La mancha

 

 

Odiaba tener que portear los bocadillos de sardinas que me preparaba mi madre, y eso que me gustaban mucho, pero producían unas manchas de aceite que traspasaban con creces el papel de periódico en que iban envueltos, lo que acababa siendo un problema que trascendía, a la hora de presentar trabajos escritos a lo que habría podido llegar restos de tan llamativo aceite.

 

Es lo que tiene el aceite, que se extiende por magnitudes imprevistas, a la hora de manipularlo sin ser demasiado exquisito. En la política hay quien, deliberadamente, sabe extender la mancha para conseguir unos fines nunca detallados, pero visiblemente eficaces, cuando se ponen a funcionar estrategias que no reparan en gastos y no solo económicos, también sensibles a la naturaleza humana.

 

Desde el momento en que se le pidió a cualquiera que hiciera lo que pudiera, la cosa ha surtido efectos y en varios sentidos, cosa que también hubiera podido aprovechar la parte contraria pero, es verdad, estaba muchos menos acostumbrada a ejercer de bruja siniestra. 

La verdad es que en esta bola mundana que no para de girar, cuando algunos se ponen a hacer y, además, tienen mucho dinero, las cosas cobran otro sentido, aunque no sea sentido del bueno, ni tenga visos de proporcionarnos algo de interés general, ya que todo va marcado en una misma dirección, a la que apuntan distintas clases de actores.

La ultraderecha se ha puesto en modo ON y está recibiendo parabienes desde un centro neurálgico que los interpreta como los pasos óptimos a dar para terminar del todo con esas democracias que llegaron a ponerse altaneras, defendiendo cosas que podrían estar colmando el vaso de las pertenencias, hasta hacerlas inasumibles, sobretodo para quienes sufren ataques indiscriminados desde cualquier punto y ven reducidos sus logros.

Parece que nuestra derecha, la que podría haber llegado a ser humana y reconocible, ha mudado sus puntos de vista y ahora se ve más y mejor reconocida admitiendo valores que nunca antes hubiéramos pensado que acataría. El caso es tomar el poder, para plantear después el cómo y los porqués.      

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