domingo, 21 de junio de 2026

La cuadratura

 

 

Eran aquellos tiempos de contable, los que propiciaban cuadraturas, de las que había que deducir la perfecta simetría entre Debe y Haber, aunque no me duelen prendas admitir algunas trampas, sobretodo cuando se resistían las cifras. El caso era presentar los Balances lo suficientemente pulcros que no denotaran, ni por asomo, donde pudiera estar el fallo.

 

Una vez que las sociedades han interpretado las trampas como mal menor, que todo carece de solemnidad, cuando lo que hay en juego es suficientemente importante, no hay porqué ponerse tan exquisitos si la "minucia" que aparece le resta personalidad a la obra. Cuando las obras se practican a diario y los interventores se ven obligados a pasar por alto las menudencias, se cuela el gazapo y con él la propensión al fraude.

 

Elevando tal consideración al conglomerado en que se ha convertido cualquier administración, todas las sospechas se convierten en corriente acumulativa, sobre la que no hay presa capaz de pararla. Dejarlo todo al arbitrio de los buenos interventores (que los hay) sin que se haya impedido la incorporación de maquinaria sofisticada, en el uso de fórmulas quebradas, solventa con cierta facilidad las cortapisas que imponen unas leyes en permanente y necesaria modificación legal.

Teniendo en cuenta el peso de las Administraciones que resiste el país, son demasiadas las responsabilidades que recaen, precisamente, sobre los interventores designados.   

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