miércoles, 24 de junio de 2026

Los puentes

 

 

Son y han sido siempre de gran utilidad, sean de madera o de hierro, de piedra o de cualquier otro material consistente, nos sirven para alcanzar la otra orilla a la que queremos llegar, atravesando cualquier impedimento o corriente enfurecida que pueda presentarse ante nosotros.

 

Pueden servir también de metáfora, tendiéndolos para unir ideas, compromisos, ocurrencias... pero no, no estamos hoy en esas épocas sino en esas otras guerreras en las que todos los puentes han de destruirse para que no haya conexiones válidas. Estamos cargados de imágenes de destrucción que quizás auguren los tiempos que vendrán, cuando la paz se instaure, pero mucho nos tememos que esa paz, si es que algún día llega, vuelva a ser preludio de guerra, al quedar larvados los odios acumulados.

 

En esos ríos que bajan furiosos, da igual a qué orilla mires, ambas están llenas de porquería y es fácil que, de abandonar el puente, caigas en la miseria humana que lo circunda. Agolpados encima, viendo cómo la corriente se lleva por delante lo bueno y lo malo, lo que servía y lo que no, la perspectiva puede llegar a ser más favorable en lo recóndito de tu cerebro y te dé por pensar, aunque te canse, en las cosas que quedan por hacer, que no son pocas, y afectan en mayor o menor medida a cada cual, mientras los tiempos vienen y van por unos derroteros que no satisfacen nuestros deseos ni por asomo.

Sigamos tendiendo puentes y hagamos funcionar sus utilidades, aunque aparentemente no sirvan a lo inmediato. Seguro que habrá alguien, en el futuro, que sepa utilizarlos como conviene...  

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario