Si es que empiezan a tenerse más en cuenta las minorías en este país, casi siempre arrojadas a los pies de los caballos, cuando no gustan sus puntos de vista, tomados siempre por estrafalarios por una mayorías siempre victoriosas. El TJUE deja bien claro que la Ley de Amnistía no solo no es contraria al derecho europeo, sino que puede alentarse cualquier punto de vista, mientras no se infrinjan las leyes generales y el tratar de consolidar una idea que tenga los apoyos suficientes para defenderla, no ha de ser perseguido como se hiciera, indecentemente, en unos tiempos ya felizmente superados.
Las formalidades han dejado de ser con lo fueran antes y así lo vamos viendo, a pesar de las manifestaciones de los jueces, que quisieron hacer valer sus principios particulares y que ahora se ven justamente señalados como involucionistas en parte. Tratar de arrinconar a quienes no piensen igual no es en absoluto democrático y va en contra de lo que ya en Europa está más que admitido y no admite rechazo, salvo en los de siempre, las fuerzas de ultraderecha, que nos conminan a que hagamos de sus objetivos piedra de toque para parecernos como quiere el trumpismo.
Ya el canciller Merz está poniendo de manifiesto los ataques que llegan de fuera de su país, para hacer continuísmo con las ideas de Trump por todo el mundo, como si él fuera, como parece ser que el mismo piensa, el amo y señor de todas las políticas aplicables, sin dejar que seamos los europeos quienes decidamos lo que queremos, sin necesidad de que nadie nos lo enseñe.
El europeísmo ha de seguir funcionando y, más aún, tratando de contagiar mucha de la buena marcha que hasta la fecha se ha seguido en favor de todos los ciudadanos del Continente, que ahora tratan de truncar quienes solo tienen en mente ganar en todas las competiciones...
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