Queremos referirnos hoy a esos fenómenos que nos caracterizan y le ponen sello español, con ribetes de singularidad. Si lo enlazamos con la "comidilla" de la que hablábamos ayer, estaríamos presumiendo de algo que no se da en casi ninguna parte del mundo, a menos que se halla trasladado allí algún ciudadano criado y educado en este particular espacio del globo.
Fijémonos pues en esos Koldos, Leires, Bendodos, Aldamas... incluidos en una lista casi inacabable de la que, pasado un tiempo, puede que queden para una posteridad como casos de estudio sociológico, al ser para nuestra Sociedad el complemento necesario sobre el que diseñar la cultura del progreso, sin olvidarnos, claro está, del Pequeño Nicolás, tan carismático y sensible al integrismo sectario.
Aisladamente, siendo objeto de estudio, veremos cómo, formando parte de una vulgaridad escandalosa, se introducen con cierta eficacia, en ese mundo tan singular en el que la política manda y distribuye todo tipo de negocio. Espabilados en la enseña característica de cualquier bandera, saben tocar el palillo adecuado para cada ocasión, de la que extraer notoriedad suficiente.
No hay ninguna duda de que han aprendido a relacionarse, y lo hacen sin el más mínimo complejo, hasta dar con la tecla para hacer sonar el instrumento válido, que no requiere de nociones básicas de solfeo, solo buen oído y desvergüenza capaz de entroncar con cualquier desvergonzado que tenga poder suficiente como para inducir a la estafa. El desenlace vendrá marcado después por la energía que pongan los señores magistrados de la Justicia, en su deambular por ese espacio privado y prácticamente intocable por el que transitan, opacando sus propias singularidades.
¿Es paranormal el fenómeno? Creemos que sí, que no hacen falta además exquisiteces con las que poder alumbrarles, se bastan y sobran los condicionados para levantar, aunque solo sea con carácter temporal, ese pequeño imperio en el que se hacen notar y evidencian demasiadas carestías.
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