La fórmula mayoritaria para aplacar las frustraciones con goles, nos lleva cada cuatro años al éxtasis de la pasión nacionalista, que por algo se nos da, para sentirnos de alguna manera recompensados. No parece que exista ninguna otra capaz de envalentonar mejor nuestro espíritu.
Bien mirado es una tontería, que darle patadas a un balón signifique tanto, para hombres antes y mujeres ahora también, pero algo tiene que haber en el mundo que pueda llenar el vacío que nos dejan las otras muchas cosas que suceden y nos llenan de penuria y no solo en lo económico, también en lo práctico.
El nivel al que ha terminado llegando el "football" supera todas la expectativas creadas cuando se fundó en el siglo XIX, con aquellos hombres que saciaban sus deseos machistas intentando colar un balón en la portería contraria y solo empujándolo con el pie sin más apaños.
Pero, mira Vd. por donde, todo aquél romanticismo utilizado en aquella Europa, de gentiles hombres y de sumisas mujeres, ha completado ya sus ciclos en medio de grandes pufos, ideados por otros no tan gentiles, sino más dados a la saña corrupta, viendo la facilidad con la que se mueven los cientos o miles de millones a tiro hecho, con solo organizar equipos, partidos, ligas y competiciones de las que obtener lucro cesante para una gran mayoría de buenos ciudadanos, envueltos en la sagrada misión de seguir de cerca la evolución de sus respectivos equipos.
Mañana será el día en que todos, o casi todos, estaremos pendientes de quien se llevará el trofeo dorado y lo aplaudiremos a rabiar, culminando el ego de sentirnos en parte miembros de esa estela que terminará produciéndose, sin que nadie lamente lo que ocurrirá entre bambalinas, repartiéndose entre unos y otros (pocos) todos los millones originados por la fiebre desatada.
Las cosas son lo que son, sobretodo por lo que hacemos para que así sean y, posiblemente, continúen siéndolo...
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