O mejor, el reencuentro con uno mismo tras las vacaciones, no es asunto menor, ya que te devuelve a unos orígenes que quizás no tengas dominados, y sean los que te vuelvan a colocar ante dilemas incomprensibles que sigan atascados todavía.
No solo es en el plano individual, donde existen atascos. Ucrania se ve en el fondo de un saco del que no puede salir y de Rusia no cabe esperar soluciones milagro. Además, con la sombra de Putin que se alarga casi hasta el infinito, con su partido al unísono, perdiendo por momentos la sangre económica a raudales, se sigue agotando por completo cualquier facilidad para la paz y se expulsa a los jóvenes del camino emprendido hacia su futuro. Normal que en el país de Zelensky se escondan o escapen para no ser tomados por los militares, mientras en Rusia la deserción no cuenta. Se ha convertido en un conflicto eterno de consecuencias también eternas.
El reencuentro con uno mismo tiene la falsa promesa de poder saber qué hacer ante cuestiones de fondo, con todo el suelo levantado por las reformas estructurales que llevan ocurriendo un tiempo. Si los trabajos no convencen, sobretodo porque apenas te dan para vivir, con ese lastre de subida de precios que no cesa, mayormente por culpa de los otros, no se sabe qué hacer para cambiar el chip con el que superar el bache. No depende de ti, pero tampoco hay nadie que incida en los problemas hasta hacerlos invisibles; los políticos están en lo suyo y bastante tienen con arreglárselas para si mismos.
El caso es que no pinta bien para los próximos tiempos, en los que ni siquiera América, que lideraba los sueños de todos, estaría dispuesta a empeñarse con fórmulas atractivas. Más bien le faculta a su líder para hurgar en cualquier herida punzante hasta completar el dolo con saña. Su incompetencia para llevar a su país por la senda del bien para todos, posiblemente acabe en la suerte tremenda de un futuro sin pan, comenzando por los militares, que empiezan a estar cansados de tanta guerra.
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