martes, 18 de agosto de 2026

Entre vecinos

 

 

En la relación de vecindad, quién no se ha visto alguna vez en problemas, sobretodo en estos tiempos en que nadie conoce a nadie, ni siquiera viviendo enfrente mismo de tu puerta. Nos hemos acostumbrado ya a encerrarnos tras ella, sin querer participarle a nadie una brizna de comunicación provechosa, lo más un saludo correcto en la línea de una urbanidad aprendida de nuestros mayores.

 

Así, cuando surgen problemas mayores, se suele buscar la aquiescencia de terceros que puedan apoyarte en tus litigios. Si es el presidente de la Comunidad, mucho mejor, pues es la autoridad resolutiva dentro de ella, a la que confiamos nuestros dislates, si es que hemos sido nosotros los que los hemos proporcionado.

 

España tiene, por el Sur, un vecino difícil con el que hay que procurar llevarse bien, no sea que en un momento dado te la juegue. Marruecos se inscribe en el Magreb y es allí donde se cuecen las cosas más importantes de África, pero también allí las relaciones vecinales no atraviesan su mejor momento, llevan tiempo enrevesadas por muy distintas razones, a las que los países del Norte no pueden darle la espalda. Son estos, los del Norte, quienes se vinieron aplicando, en tiempos de la colonización, en el saqueo permanente, por el hecho de invadirles usando la fuerza.

Ahora, cuando se han cambiado las tornas y son ellos quienes nos invaden (según la extrema derecha) mientras encuentran alianzas de importancia, que sean capaces de hacerles sentirse superiores y EE.UU. es, hoy por hoy, el aliado perfecto con el que poder acometer acciones encaminadas a conseguir lo que se lleva tiempo programando.

El aumento experimentado por ese país (Marruecos) en su PIB, incrementando modernidades día tras día, les hace confiarse con la posibilidad de dar el salto hacia posiciones más estables, dignas de ser tenidas en cuenta. Europa le siente alejado, pero no puede dejar a España a su albedrío, sin prestar la ayuda que necesita, que no es poca.

Las élites marroquíes, con la vista puesta más en lo internacional que en lo propio, quieren verse aceptadas por el Norte más selectivo, y así lo están haciendo, de la mano de Trump y Netanyahu, como aliado en el que confiar para sus propósitos, sin menoscabo de poder ampliar sus influencias.

En esas estamos y en esas estaremos, mientras no se acaben por definir, con notoriedad, las influencias no ya de España, sino de una UE capaz de sostener los territorios, con la energía y seguridad que han de demostrar públicamente.      

La vecindad, cuando muestra sus dificultades de entendimiento y aparecen malos pronunciamientos, debe volver, cuanto antes, a retomar los cauces obligados de buena convivencia, ya que, de lo contrario, los males se pronunciarán en cascada. 

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