No todo es economía, también hay derechos, deberes, policías, circunstancias propias y ajenas... hasta el eterno ir y venir de personas de un lado para otro, mezclando lo que nunca antes se había mezclado, resolviéndose en cada país lo que correspondiera hacerse con cada cual y para lo que se estuviera preparado.
La movilidad, en el contexto definitivo de la cuestión, es algo de lo que no se puede señalar a los distintos gobiernos como cuestión fallida, por mucho que existan regulaciones intermedias. Todo el mundo tienen capacidad suficiente para coger aviones o barcos, también automóviles y buses con los que desplazarse al lugar que más convenga. Algunos hasta improvisando, poniendo en riesgo sus propias vidas.
Así las cosas, estoy seguro que el presidente de Ceuta estaría mucho menos apurado si se le hubieran presentado, de improviso, sin preguntar si había lugar, en lugar de los cinco mil invasores que ahora le sobran, los mismos cinco mil con cartera suficiente, y ganas de gastarse todo su contenido, en esa bella ciudad limítrofe con Marruecos.
Si somos creyentes, en realidad, de que la suma de desigualdades todas, son el cáncer de nuestro tiempo, estamos perdiendo el tiempo en atajar remedios fundamentales, pero no, parece que no nos interese demasiado y aboguemos, más bien, por ampliarlas en la medida de lo necesario, para que la evidencia no desgaste ese lucro cesante obtenido como consecuencia de lo que ocurre en cualquiera de las tierras que nos circundan, sin querer adentrarnos en más, por no ser de nuestro ámbito y corresponder a cada cual en el suyo.
Ocurre también en Palestina, donde no hay soluciones disponibles a las que los nacionales puedan acogerse, contando con un ejército súper potente, capaz de mantener y hasta aumentar la proporción de víctimas, inclusive en fase de alto el fuego programado. En el pequeño gran estado, elevado a máxima potencia, con opacidad resuelta a programar sin tener que dar explicaciones a los súbditos, se sabe bien dónde queda la escoria y dónde la diferenciada élite que manda para que la obedezcan, advirtiendo del grave delito de salirse por la tangente, cuando todos han de estar dispuestos al ordeno y mando correspondiente, en tanto los colonos tienen sus manos libres para seguir haciendo lo que quieren, que no es otra cosa que vaciar las tierras de enemigos para apropiárselas.
Desigualdad en sentido pleno, a la que nadie quiere hacerle frente, mucho menos los israelíes.
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