domingo, 30 de agosto de 2026

Oscuras golondrinas

 

 

Parafraseando al inolvidable Bécquer, puede que no vuelvan a surcar los cielos, aquellas que lo animaran sin descanso, también con sus trinos. Así es como puede que ocurran otras tantas cosas que fueron y que ya no son, mutadas por ese intelecto agresivo que no deja para mañana lo que pueda estar haciendo hoy, a expensas de lo que decidan, no la mayoría, sino solo unos pocos.

 

Todo acaba en un concierto, pero con músicos desafinados, en una carrera que solo deja los obstáculos para quienes no pueden esquivarlos y se tienen que conformar con la poca alegría que emane de sus pobres principios, distribuidos por su entorno como si fueran pedacitos de materia insondable.

 

Da la sensación de que quienes no estén resueltos a mezclarse en la "pomada" quedarán aislados del mundo para el infinito, en esa siempre mal entendida, por la mayoría, inteligencia de lo imaginable, solo dependiente del corazón y no de la materia.

Y si no vuelven las añoradas golondrinas, todos esos espacios de aire límpido, contaminado ahora por el queroseno, se inundarán de ambiente irrespirable, sin saber distinguir los unos de los otros, obligados a llevar escafandras ligadas al motorcito andante que garantiza la Seguridad Social, si estás al corriente de pago de las cuotas.

La variabilidad que se nos ha impuesto como detalle dominante, truncará cualquier deseo de aventura que no lleve el sello garantista de la agencia de viajes, titulada y conforme para tramitarla. Las cosas han de ser como son pero partiendo del cómo parecen, para que nadie se llame a engaño, ni pida Libro de Reclamaciones, tras el falso estrellato conseguido.

Los oficiadores estarán ahí para recordárnoslo: lo difícil que va a ser iniciar ningún camino que no sea el programado.  

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