La vida coloca a cada cual en el punto en el que ha de vivir, a expensas de lo que se proponga, aunque al final intervengan factores demasiado complejos, que multiplican por varios dígitos las posibilidades de participar de ese bien común al que dimos en llamar bienestar. Y es precisamente tal bienestar el que anima a todo aquél que, en su juventud, no ve manera de incorporarse, allí donde tiene sus días ya perfilados y no forma parte de la élite dominante.
Aquí, en el lugar donde es posible triunfar, a la manera en que algunos dicen triunfar, no se atan los perros con ristras de longanizas, como señal de perfecta comunión con los éxitos, más bien supone el inicio de una aventura que comienza, para los pobres, con bastantes señales de ingratitud, de parte de quienes sienten el miedo cercano a perder su estatus, por pobre que también parezca.
Tras la primera andanada, de resultar medianamente productiva, llegará una segunda y después una tercera, dependiendo el lugar en el que caigas y lo bien que lo hagas. Si es de pie, mucho mejor que tumbado. Si la suerte te lleva a encontrar al mecenas que te libre, aunque solo sea por un tiempo, de toda la maledicencia que te va a perseguir allá donde te encuentres, hasta que consigas al menos un apariencia digna. Si has logrado demostrar tu habilidad con el balón, hasta podrías llegar a hacerte famoso, pero eso solo está reservado a algunas figuras con linaje propio.
También los hay que, huyendo de su país en guerra y con títulos adquiridos, pueden pasar enseguida a esa línea asegurada, tras la cual te puedan acabar llamando doctor, del mismo grado que gozan los ya instalados de familia.
En toda esa producción, desde el comienzo de la aventura, los de aquí suelen llevarse la sorpresa de poder convertir al emigrante a ese nivel en el que nadie pregunta de dónde vienes ni quien puedas ser, mientras observas la misma compostura de los que ya viven dentro.
Las distinciones se acabarán formalizando, a medida que consigas el nivel deseado por esa minoría triunfante, no sin antes propiciar enormes sorpresas. Es ahí donde interviene esa sociología urbana que nos puede dar datos sobre las formas en que estaríamos siendo conceptuados.
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