sábado, 8 de agosto de 2026

Unir no es compartir

 

 

Se puede crear la falsa idea de que así sea, mediante una orden dada, un ley proclamada o un necesario reparto que deviene como consecuencia de un deber humanitario, pero si a escasos metros de profundidad se mantiene, aunque solo fuere, una brizna de odio, lo aparentemente ganado se pierde en las postrimerías, cuando no cuenten ya las bondades.

 

El añadido que convendría contemplar, como primera y máxima prudencia, es que se trata de seres de pocos años, sin malicia, o con esa simple parquedad de quien solo se entrega a aquello que su ingenuidad le provoca, como si fuera un espejismo.

 

Que se quieran cebar en ellos algunos expedidores de bulos, enemigos de lo humano, tratantes de la sinrazón como materia de intercambio, animadores dispuestos a la caza furtiva del ser humano, interpuesto por quien desprecia a los suyos, cuando intuye la manera de poder enviarles a la muerte casi segura, solo pueden tener una consideración, de parte del resto; la de no merecer ni una pizca de respeto y hacerles el vacío en una Sociedad que se dice justa y trata, por todos los medios, de ser equitativa.

La respuesta mayoritaria de los ceutíes ha sido ejemplar, con todos los inconvenientes que supone atender a todos esos miles, que ni siquiera han podido ser contados con la celeridad necesaria, ni tratados por la vía de seguridad pertrechada, desde un gobierno que no ha sabido del todo anteponer la respuesta que merecían todos esos jóvenes desesperados. Eso sí, enseguida los cuantiosos ofrecimientos de capital, para mejorar lo que en el inicio falló estrepitosamente.

No sé cómo este, nuestro ministro del Interior, al que le han ocurrido más pifias, puede dormir tranquilo sin que le pesen las cifras contabilizadas de muertos acumulados. Otros, en su lugar, hubieran cedido a tanta presión y se hubieran ido a casa, entre lamentos y lloros... 

Si convenimos que la inmigración no es fácil para nadie, haríamos bien en potenciar iniciativas que consigan aliviar sus efectos en el unir y para ello, empezar por compartir, eleva sus efectos positivos, contrarrestando cualquier negativismo, también propio de la siempre difícil convivencia. 

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